La Verdad

«Chorreaba sangre por toda la cara»

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El maletero de un Seat Ibiza quedó destrozado por el impacto del joven al caer desde un quinto piso. / CNP

  • El joven que supuestamente atacó a su madre con un cenicero y luego cayó de un quinto piso tiene problemas con las drogas

  • Manolo L. G. salvó su vida al caer sobre un coche, que amortiguó el impacto; ahora, la Policía espera a que evolucione de sus lesiones para interrogarlo

Cuando se asomó por la mirilla para ver quién le estaba echando «el timbre abajo», a la una menos diez de la madrugada, vio en el rellano de la escalera a su vecina del 5º C, «chorreando sangre por toda la cara». La mujer acababa de ser supuestamente agredida por su hijo, Manuel L. G., de 33 años, al que no le habría temblado el pulso para golpear a su madre en la cara con un cenicero. «Llevaba la nariz rota, un corte grueso en la sien, golpes por toda la frente... fue una noche dura», resumía ayer muy afectada esta vecina del edificio Goya de Molina de Segura, en el que se produjo ese presunto episodio de violencia doméstica.

«Todo el pasillo estaba lleno de sangre. Ella no paraba de señalar hacia su casa y de gritar: '¡Mi hijo, mi hijo!'». La testigo, que prefiere quedar en el anonimato para evitar problemas, solo pensó en prestar auxilio a su vecina y no se paró a averiguar qué trataba de explicarle. «La metí en mi casa y cerré la puerta por si su hijo venía agresivo». La víctima, a pesar de la brutal agresión que acababa de sufrir, estaba tratando en apariencia de alertar a su vecina de que su hijo había saltado al vacío desde un quinto piso, después de haber perpetrado su agresión.

«Mi marido estaba asomado esperando la llegada de la Policía Nacional, cuando vio al hijo lanzarse por el balcón», confirmaba a 'La Verdad' la vecina. Ella y su esposo fueron quienes alertaron al 112 de la agresión, a las 00.48 horas. «Estábamos en la cama durmiendo y empezamos a escuchar unos golpes fuertes y a una mujer gritar: '¡Socorro!'». La pareja enseguida supo de qué piso provenían los alaridos. «Su hijo tiene problemas de drogas y estos episodios se habían repetido muchas veces, aunque nunca había llegado a este extremo, y la verdad es que no nos lo pensamos y enseguida llamamos al 112».

«Cayó como las cucarachas»

El estruendo que causó el impacto del cuerpo de Manolo contra un Seat Ibiza de color rojo, que estaba aparcado en la calle Estación, sobresaltó a algunos vecinos del edificio Goya. «Estaba viendo un partido de baloncesto en mi habitación y escuché un golpe seco en la calle. Me asomé al balcón y vi a un hombre encajado en el maletero del coche», contaba un joven del edificio. «Cayó boca arriba, como las cucarachas; era un milagro que siguiera vivo». Y no solo eso, puesto que ni siquiera perdió el conocimiento tras el terrible golpe.

«Se salvó porque cayó en el coche; por veinte centímetros no lo cuenta», precisaba otra vecina.

Manolo tenía los brazos ensangrentados, llenos de cortes, y no paraba de gritar: «¡'Sacarme de aquí, no aguanto más!'». Aunque también sacaba fuerzas de flaqueza para llamar a su madre a gritos, e incluso para insultar a los curiosos que se arremolinaban en la acera y se asomaban a los balcones. En solo unos minutos, en esta calle repleta de pequeños comercios se pasó de escuchar sus quejidos al estridente sonido de las sirenas de la Policía Nacional y de la Policía Local, así como de los bomberos y de las ambulancias que llegaban con personal sanitario. Estuvieron a punto de tener que usar una radial para sacar a Manolo del maletero, pero, finalmente, rompieron la puerta del copiloto y lo inmovilizaron para trasladarlo al hospital Morales Meseguer de Murcia, donde ingresó con múltiples traumatismos. Cuando los facultativos subieron al quinto piso, las vecinas ya habían enrollado una toalla en la cabeza a la madre, para cortar la sangre y tapar, según un testigo, «las heridas que tenía y los mechones de pelo que había perdido».

En observación

La víctima del ataque estaba temblando y en estado de 'shock'. La mujer fue trasladada a la ambulancia en una camilla, envuelta en una sábana, para que los vecinos que estaban en la calle no le viesen el rostro. Desde Policía Nacional confirmaron ayer que, supuestamente, el hijo «la atacó con un cenicero, causándole daños considerables en el rostro».

También precisaron que el chico, «posiblemente, trató de suicidarse tras el ataque». La mujer ingresó en el hospital Virgen de la Arrixaca y la Consejería de Sanidad confirmó que «ella está en observación» y que el pronóstico del hijo «es reservado». De hecho, la Policía aguarda a que evolucione su estado de salud para poder arrestarle y tomarle declaración. Aunque el domicilio familiar está ubicado en el edificio Goya, la madre, de 54 años, prefirió marcharse a vivir con sus padres una temporada antes que echar a su hijo del inmueble, pese a las amenazas que sufría y sus problemas con las drogas.

El pasado verano, la mujer regresó a casa porque Manolo llevaba una racha sereno, pero esa segunda oportunidad casi le cuesta la vida.