La Verdad

«Pasaríamos mucha hambre si solo tuviéramos agricultura ecológica»

Antonio Monserrat, en su laboratorio del Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo Agrario y Alimentario (Imida).
Antonio Monserrat, en su laboratorio del Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo Agrario y Alimentario (Imida). / GUILLERMO CARRIÓN / AGM
  • Antonio Monserrat Delgado Responsable de Protección de Cultivos del Imida. «No hay evidencias científicas de que este tipo de cultivos sean más seguros para el medio ambiente y para el consumidor que los convencionales»

Muestra «el máximo respeto por la agricultura ecológica», aunque también hace un esfuerzo constante durante la conversación por abrir los ojos del consumidor: «No hay evidencias científicas de que la agricultura ecológica sea mejor para la salud o para el medio ambiente que agricultura convencional». En constante tensión investigadora para frenar las decenas de plagas que amenazan los cultivos de la Región, raro es el día que Antonio Monserrat Delgado (Lorca, 1960) no recibe una llamada de algún agricultor que pide auxilio ante la invasión de cualquier tipo de «bicho» que aparece en el tomate, en el pimiento, en la lechuga o en el melón. Monserrat empezó 'peleando' contras las malas hierbas en los cultivos de cítricos, aunque hoy es una referencia mundial en el diagnóstico y tratamiento de la tuta y el auténtico vigilante en la Región de que «los productos agrícolas no se los coman todos esos insectos que nos rodean y nos puedan llegar a nosotros. ¡Me parece un milagro!».

-¿Mala hierba nunca muere?

-Nunca. Ni las plagas. La naturaleza siempre se rebela y siempre se adapta a las condiciones que le pongan.

-¿Qué armas se utilizan para proteger de las plagas las cerca de 300.000 hectáreas de cultivos que hay en la Región?

-Trabajamos mucho en el control biológico de plagas, con sistemas que emplean por ejemplo feromonas sexuales para confundir a los insectos. Trabajamos mucho con la prevención y también con productos químicos y productos fitosanitarios cuando es estrictamente necesario. Por eso hacemos mucho hincapié en posicionar muy bien esos productos, en hacer un uso correcto de los mismos. Hay cultivos en los que hemos logrado reducir la utilización de estos productos un 70%, pero hay otros cultivos, como los de hoja -lechuga, apio, coliflor-, que son muy apetecibles para diferentes plagas y en los que es muy difícil trabajar con este tipo de sistemas biológicos, y se trabaja mucho más con la prevención. Si al final se mete la plaga, hay que ver ya qué tipo de control se puede hacer de la plaga con un uso correcto de los productos. Una utilización correcta puede suponer una eficacia del 90%, mientras que una incorrecta conlleva que la eficacia se reduzca hasta el 50%, necesitando después más aplicaciones. Pero, en general, el consumidor puede estar muy seguro, muy tranquilo.

-Entiendo que, por ejemplo, es más complicado producir de forma ecológica una lechuga o un apio que otro producto, y hoy parece que todo puede -y debe- ser ecológico. ¿Nos venden muchos cuentos?

-(Ríe; piensa) Bueno, en el tema de la agricultura ecológica hay muchos sentimientos. Estas cosas que suenan a naturaleza tocan el corazoncito de la gente. Al final, son modas. La producción real está en manos de la producción estándar. Lo primero que hay que definir es el término agricultura: una actividad artificial, con plantas que hemos seleccionado y que constituyen una fuente de alimentación que, si no defendemos, se las van a comer otros. Hay especies que son más sensibles que otras. Yo siempre digo que me parece casi un milagro que unos tomates tan buenos como los que tenemos, con todos los bichos que se los quieren comer, al final nos lleguen a nosotros. Cuando se compara la agricultura ecológica y la convencional, yo siempre digo que esto es como la salud humana. En Sanidad lo fundamental es la prevención, pero cuando aparece la enfermedad hay que diagnosticarla y hay que tratarla, aunque una simple aspirina te puede matar. En todos los prospectos hay riesgos. Y luego hay medicinas alternativas que pueden disfrazarse de milenarias, de lo que quieran, pero luego no son científicas. Pues un poco pasa igual con la sanidad vegetal. Primero, la prevención. Pero esa lechuga y esos tomates constituyen un alimento para muchos bichos y tenemos que protegerlos para no quedarnos sin ellos. Otras agriculturas se consideran muy bonitas, pero no aportan nada de ciencia ni de seguridad alimentaria. Esto me recuerda a la homeopatía. Parece que consumiendo ecológico estás cuidando más tu salud, el medio ambiente... Pues me parece muy bien, pero realmente no hay evidencias científicas de esto, por muy bien que uno se pueda sentir con estas cosas.

-Pero, en teoría, en la agricultura ecológica solo se utilizan productos naturales, ¿no?

-Eso es una falacia. No se permiten productos químicos de síntesis, pero permiten sacar productos que proceden de extractos naturales, independientemente de si tienen más o menos riesgos. La cicuta, el cobre, el arsénico, el uranio y la estricnina son productos naturales, también. El hecho de que unos productos sean artificiales no implica que sean más peligrosos que otros. No quiero polemizar con este tema porque hay gente que se siente muy feliz con el tema ecológico. Y yo, encantado de la vida. Y mucha gente que ha generado mucho negocio alrededor de lo ecológico. Ningún problema, encantado de la vida. Lo que no se puede decir es que la agricultura ecológica sea más segura para el consumidor y para el medio ambiente. A veces una contaminación por hongos implica unas micotoxinas que son más mutagénicas -no quiero decir cancerígenas- que los productos que se utilizan para combatirla. Esto no es ni blanco ni negro. La producción que se hace ahora mismo en la Región, en España y en Europa, ecológica o convencional, es extremadamente segura, muy tecnificada. No se puede decir que una cosa sea mejor que la otra, no tiene ningún sentido. Nunca, en la historia de la humanidad, se ha comido con tantas garantías como ahora.

«Una pesadilla»

-Murcia es la comunidad autónoma con más hectáreas de cultivos ecológicos de Europa...

-Y hay gente que sueña que un día todo será ecológico. Yo digo que eso sería una pesadilla para el medio ambiente y para el consumidor. ¿Por qué? Porque no puedes controlar todos los problemas con las herramientas que se emplean en la agricultura ecológica. El hecho de que se pierda una plantación implica que los que dependen de esa plantación no puedan comer. Lo que está claro es que para conseguir las producciones, los productos fitosanitarios son fundamentales. Que nadie piense que se puede producir todo en ecológico. Si fuera así, si tuviéramos solo agricultura ecológica pasaríamos mucha hambre. Tendríamos muchos problemas. Hay situaciones que no seríamos capaces de controlar sin esos productos. Imagínese que de un día otro cerramos las farmacias, acabamos con los medicamentos, y nos curamos todos en los herbolarios.

-Pero el sector y las instituciones también se han encaminado hacia una importante reducción del uso de estos productos químicos. ¿Dónde está el término medio?

-Claro, el problema es que se estaba produciendo un abuso de estos productos sin ser conscientes del riesgo que representan. Pero ahora hemos pasado al extremo contrario. De permitirse todo sin ningún control, ya no se acepta nada. Incluso se ponen en duda los estudios científicos sobre seguridad alimentaria que fijan los límites de residuos de los productos. Es verdad que todavía hay algún descerebrado manejando fitosanitarios, pero no es lo habitual. Yo soy muy estricto con este tema. Si algún agricultor se salta la ley en la utilización de los productos, para mí es un atentado contra la salud pública y ese tío tendría que ir a la cárcel. No permitiría nada que estuviera fuera de lo que ahora mismo está regulado. Ahora quedan unas 200 referencias de las 780 que teníamos hace unos años para combatir todas las plagas en el mundo.

-¿Somos lo que comemos o lo que creemos que comemos?

-Lo que creemos que comemos.

-¿Consume usted algún producto ecológico?

-(Risas) Pues no. Pero si hubiera un producto que me gustara, lo tomaría. ¡No quiero demonizar la agricultura ecológica! Fíjese, el cultivo ecológico va menos forzado en los abonos, más equilibrado, y eso supone unos frutos con más calidad, menos agua, más consistencia. Los productos ecológicos suelen tener una calidad muy buena. En la tradicional también se suele cumplir este parámetro, pero hay gente que suele forzar mucho el cultivo y puede restarle calidad, pero es simplemente por un mal manejo del riego, del abono... No es una cuestión de que una agricultura sea mejor que otra, insisto.

-¿La globalización les ha puesto aún más en jaque ante la proliferación de plagas foráneas?

-La globalización ha hecho que un bicho que está en Costa Rica pueda montarse en un avión y aterrizar en una plantación de Barcelona. Y si no es hoy será mañana, o al otro, o al otro. Se hacen muchísimos controles para evitar la proliferación de especies foráneas, pero el riesgo existe. En los últimos años el tomate ha sufrido la plaga de la tuta, que llegó en 2007 desde Centroamérica, y poco antes se había metido el trip. Intentamos evitar la llegada de estas plagas... pero es imposible. Tardan más o menos, pero acaban llegando y generan problemas realmente serios.

-¿Cuál es el peor bicho contra el que ha luchado? ¿Y cuál es el que presenta ahora mismo mayores amenazas en la Región?

-Los mayores problemas vienen derivados de los virus transmitidos por diferentes insectos vectores. A principios de los 90, el virus del bronceado del tomate prácticamente termina con el tomate, con el pimiento y con todos los cultivos sensibles. En el 92 aparece el virus de la cuchara, que también parecía que se iba a cargar el tomate. Estudiamos sistemas de control biológico, y se soltaron millones de insectos que se comieron al insecto que soltaba el virus. Con la tuta pasó lo mismo. Llega una plaga nueva, recopilamos información y trabajamos en la solución. Recuerdo con la tuta, en concreto, en Murcia, que tenía un equipo de once técnicos a los que les puse a trabajar en exclusiva en este tema durante unos meses para resolver el problema. Al final hicimos un libro que se convirtió en una referencia mundial. ¡Me llamaban de todos los sitios! Costa Rica, Honduras, Túnez, Perú... De hecho, ahora en septiembre hay un congreso internacional en Orlando, al que asisten 7.000 investigadores de todo el mundo, y me han invitado a dar una conferencia... sobre tuta (ríe).

-Parece que usted y su equipo han salvado la vida de varios millones de toneladas de tomates, entre otros muchos productos...

-Sí, algo se ha hecho.

-¿Hay algún otro factor que le preocupe especialmente?

-Estamos teniendo un problema con el... no sé si llamarlo cambio climático. El hecho de que suban las temperaturas medio grado, un grado, implica que plagas que empezaban a evolucionar a partir de determinadas fechas, pues se mantengan activas también durante el invierno. Y cuando llega la época más favorable, hay unas poblaciones enormes y se nos complica mucho. El crecimiento de las poblaciones de nemátodos de suelo, por ejemplo, que sucede a nivel mundial, está relacionado también con el castigo excesivo de los suelos. Hay que dejar descansar los suelos mucho más de lo que se deja en la actualidad.

-Gusanos, pulgones, moscas blancas, arañas rojas... ¿Llegarán aún más bichos a comerse nuestros tomates y nuestros pimientos?

-Llegarán, llegarán.