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Mustapha Ziani, secretario general del nuevo sindicato agrario Alafa, en una explotación agrícola de Cartagena. / Antonio Gil / AGM

La revuelta de los jornaleros

  • El Ministerio del Interior vigila el activismo agrícola de las mezquitas y la irrupción del nuevo sindicato Alafa, que en tres meses ha captado 300 trabajadores marroquíes. La sede sindical está en el barrio de San Antón, en Cartagena, y su secretario general, Mustapha Ziani, avanza que sus tres objetivos serán «eliminar el destajo, regular la jornada laboral y acabar con las ETT»

Resulta paradójico que la 'criptonita' del secretario general del nuevo sindicato agrario Alafa sea la lechuga. «Soy alérgico a ellas», reconoce con humor Mustapha Ziani. Aunque alguna empresa del sector, en vez de emplear como 'medida disuasoria' las lechugas, opta por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para que Ziani no organice asambleas con jornaleros marroquíes. «Cada día trato de visitar una finca y a veces llaman a la Guardia Civil. Yo les digo que estoy explicando a los trabajadores sus derechos y ejerciendo mi labor sindical en horario de almuerzo y comida». Pero las contundentes medidas empleadas por algunos empresarios no han evitado que la Agrupación Laboral Autónoma de Fuerza Agraria (Alafa), en solo dos meses y 27 días de vida, haya captado 300 afiliados en explotaciones agrícolas de Cartagena, Fuente Álamo, Torre Pacheco, Lorca y Totana.

«Los empresarios se hacen ricos con la mano de obra marroquí y no nos respetan», arenga. «Estamos en esclavitud en pleno siglo XXI». La contundencia de su mensaje y de sus acciones son las claves de la efervescencia de Alafa, surgido tras la revuelta que Ziani lideró en una empresa de Balsapintada.

«Me llamaron unos compatriotas para traducir un acuerdo firmado en la Oficina de Resolución de Conflictos», recuerda. «Les dije que eso no valía y que tenían que hacer una huelga». Ziani no trabajaba en la empresa ni era delegado sindical, no estaba legitimado para promover acciones reivindicativas, pero los marroquíes le siguieron, desoyendo a sus representantes de UGT y CC OO. Tras dos días de paro la empresa se vio obligada a firmar un convenio con mejoras porque no podía cumplir con los pedidos de sus clientes. «Ahí empezó todo». Fue elegido secretario general por aclamación. «Si con una huelga ilegal hemos conseguido cosas, imagínate legalmente», subraya con vehemencia mientras explica a 'La Verdad' la reforma que acometerá en el bajo que han alquilado como sede de Alafa, en el barrio cartagenero de San Antón.

«Nuestros objetivos son eliminar el destajo, regular la jornada laboral y acabar con las ETT (Empresas de Trabajo Temporal) porque necesitas trabajar dos días para cotizar uno, no pagan vacaciones ni las inclemencias del tiempo...».

'Mártires' agrícolas

La presentación en sociedad de este sindicato se produjo en la huelga del Primero de Mayo. Su secretario pidió a los imanes de la Región que hicieran una llamada a la movilización. «Algunos imanes anunciaron la manifestación del Día del Trabajador», reconoce Ziani, al tiempo que aclara que «el sindicato no tiene nada que ver con la religión». Las mezquitas de San Javier, San Pedro del Pinatar, Lo Pagán y Cartagena fueron algunas de las que hicieron un llamamiento. Prueba de ello fue la abultada presencia de marroquíes por las calles de la capital murciana y de la ciudad portuaria.

En las pancartas de cabecera se recordó a los cinco marroquíes que perdieron la vida en la RM-11, en Lorca, después de que la furgoneta en la que se dirigían a una finca agrícola se precipitase al vacío el 26 de abril. Benaissa Yaala, Smail Atmani, Said Tahzima, Mohammed Essaghir y Abdelhamid Knifah se han convertido en 'mártires' agrícolas, en las mezquitas de Marruecos se ha orado por ellos y en la Región han hecho estallar a un colectivo que aglutina al 65% de los 38.901 jornaleros de fuera de la Unión Europea.

Así lo demuestra un vídeo al que ha tenido acceso este diario y en el que un activista lanza una dura alocución en una de las mezquitas de Torre Pacheco, antes de rezar por los jornaleros fallecidos. «Esta gente se está aprovechando de nosotros con la muerte de estos cinco marroquíes como si fallecieran animales (...)», traduce un delegado sindical marroquí de UGT. «Solo hay un 1,5% de marroquíes que está viviendo bien. Todos queremos trabajar, pero no a destajo ni gratis y el ejemplo está delante de nosotros, que trabajamos 12 horas fuera de casa y estamos ganando 17 o 18 euros al día (...)».

El delegado prosigue visualizando la grabación: «Por favor, pido a los responsables de las mezquitas que aviséis a todo el mundo y no dejéis pasar esta oportunidad, hoy fallecieron cinco, mañana no sé cuántos (...). Tenemos que pararlos para que no vayan a trabajar, en Francia, Bélgica y Holanda consiguen lo que tienen por luchar. Pero nosotros ya hemos dejado pasar mucho tiempo y tenemos que luchar para dejar un futuro y una pensión a nuestros hijos».

Las arengas proseguirán hoy con la manifestación convocada en Cartagena por la Asociación RACT, que aglutina a inmigrantes de Alicante y de la Región procedentes de países del este de Marruecos. «Protestaremos por la gestión de Extranjería, la convalidación del carné de conducir, el racismo y por los derechos de los trabajadores en el campo», explica su presidente, Nabil Bouderrah.

Las orejas en alto

«Los trabajadores marroquíes siguen trabajando en las mismas condiciones, no ha cambiado nada después del accidente de Lorca». La mezquita de Roldán, según Nabil, «ha sido una de las cuatro que han anunciado esta protesta». El activismo que están mostrando los centros de oración, unido a la creación del sindicato Alafa, de asociaciones como RACT y el reportaje que la televisión Al Jazeera ha realizado sobre las condiciones laborales del campo murciano, no están pasando de largo para el Ministerio del Interior. Sus servicios están haciendo un seguimiento pormenorizado de estos acontecimientos.

Un importante dirigente del sector agrario, desde el anonimato, asegura que «el radicalismo está saliendo en algunas negociaciones». De hecho, a una empresa del Campo de Cartagena le quemaron una plataforma valorada en más de 300.000 euros y se están dando paros horarios en algunas explotaciones. No hay que olvidar que estos movimientos coinciden nada menos que con la negociación de cinco convenios: el de recolección de fruta y uva; el de cosechero de tomate y otras hortalizas; el de manipulación de cítricos; el de recolección de cítricos; y el agrícola, forestal y pecuario.

Y a la vuelta de la esquina empiezan las campañas de la fruta y la uva sin pepita, en la Vega Media y el Noroeste, y el melón en el Mar Menor. UGT denuncia que en mezquitas del campo cartagenero, como la de La Aljorra, «se está proponiendo hacer un parón general». El sindicato quiere reunirse con los imanes para paliar la presión sobre el campo.

Espionaje sindical

La irrupción de Alafa está siendo seguida de cerca por las tres fuerzas mayoritarias del sector agroalimentario: UGT (782 delegados), Comisiones Obreras (672 ) y USO (51). Sus delegados sindicales marroquíes están actuando de 'topos' para traducir las intervenciones de Ziani y lo que han escuchado no les gusta. «Los tres sindicatos buscan marroquíes que no saben nada de derechos (leyes)», recoge un audio traducido. «Cuando haya elecciones en una empresa no tenemos que fiarnos».

Un delegado marroquí de CC OO que le ha visto en acción (prefiere no revelar su identidad para evitar problemas) alerta de que «los nuestros piensan que Mustapha va a conseguir muchas cosas».

Curtido en las trincheras

El discurso de Ziani es fruto de su experiencia en las 'trincheras' agrícolas. Llegó a la diputación cartagenera de La Aljorra en 1999 y siempre ha trabajado para multinacionales y ETT en Cartagena, Albacete, Jumilla... Ha montado cajas, ha sido chófer, jornalero... Su dominio del castellano, hablado y escrito, siempre se corría como la pólvora entre sus compañeros de tajo. «Empecé como 'sindicalista' porque los compañeros me pedían que les tradujera el contenido de los contratos, del convenio, el finiquito...». Hasta llegó a suplantar la identidad de algún compatriota para hacerle el test teórico del carné de conducir. El asesoramiento sindical gratuito que prestaba al final le costó caro: «Me echaban del trabajo por reivindicar derechos». También le despidieron por denunciar ante la Guardia Civil los autobuses que empleaba un importante grupo empresarial de la Región para trasladar a los jornaleros. La Benemérita confirmó que un autocar no llevaba rueda de repuesto y otro sumaba un año circulando sin seguro obligatorio. Su fama le llevó a ser fichado dos meses, en 2010, como delegado sindical de UGT.

Con todo ese bagaje a sus espaldas concluye que «es muy preocupante lo que veo de los sindicatos, los empresarios y la inspección de trabajo». También reconoce que parte del problema lo han generado los abusos de los capataces de las explotaciones de origen marroquí. «Los capataces son los que eligen a los jornaleros y, si reclamas algo, te ponen en una lista negra», denuncia Abdelkader, un joven de 26 años que en la actualidad trabaja en una finca de Balsapintada (Fuente Álamo). Los castigos consisten en no llamarle para 'currar' varios días. Otro motivo por el que los capataces están más a favor de los empresarios que de sus propios compatriotas se debe a los pluses que se llevan: «En la finca de Balsapintada, un jornalero cobra 52 euros por 8 horas, y un responsable de cuadrilla 75, sin contar los 20 euros extra por cada tráiler cargado».

Estas prácticas se ven favorecidas porque un 10% de las 4.208 firmas agroalimentarias son 'empresas blancas': funcionan sin representantes sindicales. Abdelkader estudió la ESO, hizo cursos de fontanero, electricista y albañil, pero desde 2008 trabaja como jornalero por la situación del mercado laboral. «La gente trabaja diez y doce horas por 25 euros y ya no podemos callarnos más». Este joven se ha afiliado a Alafa, al igual que Abdel Ali, de 40 años. «Los primeros marroquíes que llegaron a Murcia no sabían defender sus derechos, pero la segunda generación tiene nivel de estudios, sabe hablar español y no acepta que un encargado le llame 'moro'. Hay un cambio de cultura».

Abdel está ayudando en la rehabilitación del bajo de San Antón que acogerá el sindicato. «Me ocupo de la fontanería y la electricidad». 'La Verdad' comprueba que la sede se ubica a unos metros de las antiguas oficinas de la Asociación de Trabajadores e Inmigrantes Marroquíes en España (Atime), el único precedente similar a Alafa en la Región, y que cerró todas sus delegaciones en España cuando el Ministerio de Empleo le reclamó que justificase una subvención de 620.000 euros. En el caso de la Agrupación Laboral Autónoma de Fuerza Agraria, no gestionan ayudas porque se autofinancian con las cuotas trimestrales de sus afiliados (24 euros).

Todos están arrimando el hombro para sacar adelante el sindicato. «Con las huelgas de Balsapintada hemos sacado cosas buenas, como cobrar por las horas de trabajo con lluvia», asegura Mohammed a pesar de que a él le costó su empleo. «Apretamos a la empresa y al terminar la campaña ha habido algún despido». El abogado español del sindicato le está asesorando. La estructura sindical está perfectamente definida: tienen una Comisión Plenaria constituida por once personas (uno es ecuatoriano) y han liberado a Ziani con un sueldo de 1.000 euros al mes para que se centre en captar afiliados. Hoy asistirá en Lorca a una asamblea con 150 trabajadores de una empresa que convocará elecciones sindicales. «Hay que tener presencia en los comités de empresa para cambiar las cosas», apunta Ziani. «No estoy en contra de que los empresarios ganen dinero ni estoy para hacer guerras, pero, si se jode al inmigrante, no me gusta nada. Si nos marchamos, ¿qué hacen en la Región?».

'Chantajes cero'

De momento, los sindicatos tradicionales no tendrán que sentarse a negociar con Alafa ningún convenio porque la ley establece que debe sumar el 10% de los delegados sindicales del sector y su casillero está a cero. Pero el secretario general de la Federación Agroalimentaria de CC OO, Ángel Soler, reconoce que «preocupación hay, porque en las mezquitas se está hablando de la situación que sufren los jornaleros». Soler recuerda que hasta la fecha los sudamericanos «no se han sindicado. Este sindicato es corporativo y racista. Se negocia por plantillas y no por razas. Solo faltaba esto».

El secretario de Acción Sindical de USO, Juan Antonio Andreo, también recela: «Me gustaría que fuese independiente y no estuviese dirigido por Marruecos». Jesús Cámara, secretario general de la Federación Agroalimentaria de UGT, reconoce que el polvorín en el que se ha convertido el campo murciano es fruto de una «sobreexplotación» y que hay que «poner cordura». Cámara se ha entrevistado con la Inspección de Trabajo, acompañado de delegados marroquíes, y ha planteado un plan de acción para acabar con el destajo, trabajando las primeras 8 horas por incentivo y cobrando las restantes a 6,52 euros, así como prohibir los desplazamientos por carretera que superen las dos horas. «Hay que rotar las cuadrillas cuando haya más de una hora y media de carretera hasta la finca, que la empresa abone ese tiempo y que el conductor sea un chófer».

El director general de Proexport, Fernando Gómez, considera que «los marroquíes tienen voz» en UGT, USO y CC OO. «Integran a todos los colectivos inmigrantes, en nuestro sector hay más de cien nacionalidades». También apunta que «la mayoría de los trabajadores no comparten este modo de actuación, tan fuera de la ley». Gómez advierte a Alafa de que «si vemos presiones y paros ilegales que ponen en peligro los productos perecederos de las empresas, nos posicionaremos en contra. Las empresas del sector no podemos aceptar chantajes ni radicalismos».