La Verdad

«El futuro es la nutrición personalizada; sabremos qué alimentos son más beneficiosos para cada uno»

Francisco Tomás Barberán, esta semana en uno de los laboratorios del CEBAS-CSIC, en Espinardo.
Francisco Tomás Barberán, esta semana en uno de los laboratorios del CEBAS-CSIC, en Espinardo. / FRAN MANZANERA / AGM
  • Francisco Tomás Barberán. Investigador del CEBAS-CSIC

Francisco Tomás Barberán (Murcia, 1958), profesor de investigación del CEBAS-CSIC y experto en tecnología de los alimentos, está convencido de que el futuro pasa por la nutrición a la carta. Sabremos, pronostica, qué alimentos son más beneficiosos para cada uno de nosotros en función de nuestra base genética y de los microorganismos que pueblan nuestro aparato digestivo (el microbioma). Porque en la forma en que metabolizamos lo que comemos tienen mucho que ver las bacterias que conviven con nosotros, explica Barberán, recién nombrado miembro de la Academia de Ciencias de la Región.

- Los polifenoles han constituido el centro de su larga trayectoria investigadora. ¿Qué son y cuál es su importancia para nuestra salud?

- Los polifenoles son unas moléculas, unos compuestos, que tienen todas las plantas y solo las plantas; no están presentes en los animales. Ayudan a distintas funciones, relacionadas por ejemplo con la protección frente a plagas o frente a la luz ultravioleta. Los polifenoles se conocen desde hace muchos años. A finales del siglo XX se empezó a descubrir que tenían una actividad antioxidante muy importante, y se observó en estudios epidemiológicos que quienes consumían alimentos ricos en polifenoles contaban con una protección mayor frente a enfermedades cardiovasculares.

- ¿En qué alimentos podemos encontrar los polifenoles?

- En todos los alimentos de origen vegetal, pero especialmente en el vino, los zumos de frutas, las frutas en general, el café, el té, el cacao, los frutos secos y el aceite de oliva. Cuando los polifenoles presentes en todos estos alimentos los metes en un tubo de ensayo, compruebas que presentan una actividad altísima como antioxidante, superior a la de las vitaminas. Pero a principios de este siglo, los científicos nos dimos cuenta de que los polifenoles no se absorben cuando los ingieres. Son degradados por microorganismos en el aparato digestivo, y por tanto no pueden tener un efecto antioxidante relevante. Eso nos ha llevado a cambiar totalmente la forma de pensar, y nos hemos dado cuenta de la importancia de esos microorganismos, del microbioma humano. Si le cuento que ese microbioma cuenta con centenas de trillones de bacterias quizá no le diga nada, pero si le explico que entre uno y dos kilos de nuestro peso se corresponden con bacterias, entonces se hará una idea. Todo esto ha abierto un nuevo campo de investigación. Actualmente, lo que estamos descubriendo es que hay una correlación entre la 'microbiota' (el conjunto de microorganismos presentes en el aparato digestivo) y problemas como la obesidad, la diabetes tipo dos, el síndrome metabólico o enfermedades cardiovasculares. La pregunta es: ¿se trata de una causa o un efecto? ¿La 'microbiota' cambia por la enfermedad, o es la modificación en ese microbioma lo que hace que desarrolles por ejemplo la obesidad? Es un tema apasionante. Algunos estudios han demostrado esa relación de causa-efecto en el caso del sobrepeso. ¿Y qué papel tienen aquí los polifenoles? Modulan esa 'microbiota' y, de alguna manera, pueden actuar favoreciendo a bacterias que son, digamos, más saludables. Por tanto, indirectamente pueden influir en la prevención de estas enfermedades. Es lo que estamos estudiando, y hemos llegado a resultados interesantes.

- ¿Lo que comemos influye por tanto en ese microbioma, podemos modificarlo mediante la alimentación?

- Puedes hacerlo a la brava, con un trasplante de heces. Coges la 'microbiota' de una persona delgada y se la implantas a un obeso. Se ha hecho en ratones y ha funcionado. En humanos se está estudiando ahora. Pero también puedes modular esa 'microbiota' con la alimentación, puedes hacer que crezcan algún tipo de bacterias que son beneficiosas mientras que retrasas el crecimiento de las que son perjudiciales. Esa es una línea de investigación muy importante que tiene relación con la nutrición personalizada, que es el futuro. Porque no todos somos iguales, cada uno tiene una microbiota diferente que además se correlaciona con muchos factores: desde el tipo de nacimiento que has tenido a si has tomado leche materna o no. También influye la dieta, la actividad física o el estilo de vida.

- En el futuro, cuando alguien vaya al endocrino, ¿se le prescribirá una dieta en función de las características de su microbioma?

- Tú tienes una serie de polimorfismos relacionados con la nutrición. Es posible que las grasas te engorden muchísimo y sin embargo puedas comer carbohidratos, todo el pan que quieras, sin problemas. Puede depender de tu base genética, pero también influye tu enterotipo (el conjunto de microorganismos en el aparato digestivo). Hasta el momento se han descrito tres enterotipos, y dependiendo de que seas del tipo A, B o C sabrás que algo te va a beneficiar o perjudicar. Hay quien dice: 'todo lo que como me engorda'. Se debe a veces a la 'microbiota', que hace que el aparato digestivo sea capaz o no de digerir la fibra. Creo que llegará un momento en que tú tendrás tu perfil nutricional y de 'microbiota' intestinal y -esto es un futurible-, con una tarjeta con un código de barras podrás saber en el supermercado qué alimentos son los beneficiosos para ti, dependiendo además de si tienes predisposición familiar a una enfermedad cardiovascular, a la obesidad, etc. Ese tipo de cosas va a llegar, porque ahora podemos obtener mucha información de las personas, de su genoma y su microbioma.

- Decía antes que en sus investigaciones han llegado ya a resultados interesantes. ¿Cuáles son?

- Llevamos muchísimo tiempo trabajando con la granada, y hemos visto que efectivamente los polifenoles no se absorben, no tienen efecto antioxidante real, sino que son metabolizados, transformados por los microorganismos del aparato digestivo en otras moléculas más pequeñitas que sí se absorben y que son antiinflamatorias. La inflamación está relacionada con muchísimas enfermedades, como las cardiovasculares. Ahora se trata de identificar qué bacterias están detrás de esa transformación y comprobar cuál es su presencia en la población. Es decir, ver quiénes tienen esa bacteria y por tanto son capaces de beneficiarse de esos efectos antiinflamatorios y quiénes no, relacionando todo ello con estudios clínicos. Hay personas que son grandes productoras de antiinflamatorios y quienes producen cero. Eso está relacionado con la 'microbiota', ya lo hemos demostrado. Ahora, el siguiente paso es convertir a un no productor en productor. También lo estamos consiguiendo, por ahora 'in vitro': añadimos una bacteria a las heces y observamos cómo se producen los compuestos antiinflamatorios. El problema es que estas bacterias no se pueden suministrar como un alimento, como un probiótico, como ocurre con el lactobacilo o las bifidobacterias que pueden encontrarse en los yogures, porque todavía no está autorizado. Nosotros hicimos una patente con una de estas bacterias que ha estado mucho tiempo circulando. Ha habido muchas empresas interesadas, pero como lo ven una inversión a muy largo plazo, porque todavía no está aprobado su uso, no se han decidido.

- El CEBAS sí tiene ya otras patentes que han sido adquiridas por empresas y están en el mercado.

- Sí, hemos tenido varias patentes. La más famosa de todas es la del Revidox, un producto que ha tenido mucho éxito comercial. Andábamos buscando un procedimiento de tratamiento físico para aumentar el color de la fruta roja, como las fresas o la uva. Lo que hacíamos era aumentar esa pigmentación con luz ultravioleta. Nuestra sorpresa fue que no aumentábamos la coloración, pero en nuestros análisis veíamos que se multiplicaba la presencia de resveratrol, un constituyente estudiado desde hace 20 años. El problema es que habitualmente la cantidad de resveratrol en la uva es ninguna o pequeña. Nosotros teníamos la tecnología para aumentar muchísimo la presencia de resveratrol y conseguir con eso unos extractos bien caracterizados y bien tipificados. Eso se transfirió a una empresa, que sacó mucho partido. Es una de las patentes que ha tenido mayor retorno al CSIC en 'royalties'. Después, hicimos un estudio con Cardiología del Morales Meseguer para comprobar si este extracto tenía realmente algún efecto en humanos. Lo hicimos con personas con factores de riesgo cardiovascular. Se hizo un estudio de un año, que para un ensayo clínico es mucho, y efectivamente salió muy bien, se vio que el extracto de uva con resveratrol mejoraba algunos parámetros clínicos, sobre todo los relacionados con la inflamación.

- Pero el mercado está lleno de productos, de complementos alimenticios, que se comercializan como beneficiosos para la salud. ¿Cómo puede un consumidor diferenciar entre un producto que realmente tiene unos beneficios de otro que es puro marketing?

- Marketing tienen todos, y hay algunos que tienen puro marketing, sobre todo en el mundo de los cosméticos. Efectivamente es muy difícil de diferenciar. De ahí el papel muy importante de instituciones como Aecosan (Agencia Española de Consumo) y la Efsa (Agencia Europea de Seguridad Alimentaria), encargadas de regular lo que se puede decir de un producto o no a la hora de su comercialización. Estamos avanzando, pero es difícil. Los yogures con probióticos son un ejemplo. Todos los consideramos saludables, los tomamos por ejemplo de cena con una fruta. Los asociamos con un mejor tránsito intestinal, nos notamos menos hinchados. Pero Efsa no ha aceptado todas estas cosas, porque no hay una manera objetiva de comprobarlo. Empresas muy importantes del sector de los yogures han invertido muchísimos millones de euros en investigación en probióticos y no han conseguido una sola certificación de la Efsa, porque no se ha encontrado un parámetro que se pudiese leer. Sin embargo, sí se han podido certificar los productos que incluyen estanoles para rebajar el colesterol, porque eso es algo que puedes medir. Pero la salud intestinal, ¿cómo la mides? Lo difícil es que estas cuestiones lleguen al consumidor. Es al final una cuestión de etiquetado.

- ¿En qué situación se encuentra la investigación en estos momentos, después de la crisis por la que hemos pasado?

- La investigación en España pasó por una época brillante, en la que hubo mucha dotación económica. No entro a valorar si se gestionó bien o mal, pero hubo mucho dinero, grandes proyectos y equipos de trabajo punteros. Estábamos al nivel de cualquier otro país, de Japón o Estados Unidos. Pero hubo un momento en que se produjo un 'shock' y entramos en la UCI. Se recortó, no había dinero y llegaron los problemas, sobre todo para mantener a la gente. Investigadores ya formados, preparados, han tenido que irse a a la industria, lo cual no está mal, o a otras tareas. La investigación se ha convertido en una carrera poco atractiva, y recuperar ahora lo que teníamos antes va a ser muy complicado. Porque no estamos en una situación económica boyante, pero no solo en España, sino en toda Europa. Pero yo soy optimista, la capacidad de hacer cosas es espectacular, los medios que tenemos son magníficos.

- En el CEBAS se ha contribuido a variedades de albaricoque, almendro y otros frutos. ¿Sería la agricultura murciana lo que es sin este organismo científico?

- Le puedo decir que no, porque el CEBAS lleva trabajando con la agricultura murciana desde hace 50 años o más. Fue una herramienta clave en el trasvase Tajo-Segura, todos los estudios se centralizaron en el CEBAS. El CEBAS es, para mí, el número uno en producción científica en el ámbito agrario y en alimentación en España. También lo es en producción tecnológica, en patentes transferidas y variedades de cultivos.