La Verdad

Hugo, el héroe de Archena

Hugo, ayer, en una habitación de la Unidad de Quemados de La Arrixaca.
Hugo, ayer, en una habitación de la Unidad de Quemados de La Arrixaca. / Cedida
  • El paraguayo se recupera en La Arrixaca de las quemaduras que sufrió en diciembre, cuando salvó al anciano del que cuidaba

Hace una década se marchó de su Paraguay natal porque no tenía trabajo ni techo. Vivía de prestado en casa de su suegra, junto a su mujer y sus hijos. Hugo no tenía expectativas. En Murcia se dejó los riñones trabajando en el campo, hasta que fue contratado en la pedanía archenera de La Algaida para cuidar a un anciano, Trifón Abad Martínez. Después de estar años separado de sus pequeños Rodrigo, Pamela y Adamaris, había ahorrado lo suficiente para pagar a su familia una casita en Capiatá y dejar España. Este año iba a ser el último cuidando a Trifón, pero el pasado 25 de diciembre una bola de fuego carbonizó sus sueños y los de su familia.

«Lo primero que hice al despertar fue darle las gracias a los médicos», relataba ayer Hugo Daniel López. Lo hacía a través de una entrevista telefónica con 'La Verdad', porque desde el día de Navidad permanece ingresado en el hospital Virgen de la Arrixaca con medidas especiales de aislamiento. No habla en vano este paraguayo, de 35 años, ya que el personal médico ha obrado un milagro con él. «Mi marido tiene el 65% de su cuerpo quemado y empezó a hablar con normalidad hace unas pocas semanas», se emociona su mujer, Esther Ramírez, de 30 años.

Son las secuelas del acto heroico que protagonizó Hugo al sacar en volandas a Trifón, de 94 años, cuando el fuego consumía la vivienda del número 73 de la calle Principal. «De aquel día solo recuerdo que había una bola de fuego en la chimenea del salón y explotó», relata mientras le tiembla la voz como si estuviese viendo otra vez esa llamarada ir hacia él.

«Se prendió todo y tuve que correr al cuarto de baño a echarme agua porque yo estaba ardiendo. Salí a la calle a pedir auxilio, pero no había nadie y regresé todo quemado a por Trifón. Yo estaba desesperado y le saqué en brazos porque va en silla de ruedas».

A partir de ahí lo último que recuerda es que los vecinos le arrancaron la ropa que se le pegaba al cuerpo y lo metieron en una ambulancia. Su gesto heroico fue portada de muchos medios de comunicación, y despertó las felicitaciones del concejal de Seguridad Ciudadana de Archena, Andrés Rodríguez, y de los familiares del anciano. Pero 49 días después Hugo aún trata de sobreponerse a las graves lesiones que presenta.

«Mi papá se va a morir»

«Durante los primeros quince días que estuvo ingresado en la UCI, un día entraba al quirófano y otro a la bañera por las quemaduras; tiene cirugías e injertos por todo el cuerpo. Le hicieron una traqueotomía, le han cogido piel de los brazos, la barriga... hasta tuvieron que ponerle piel de un donante fallecido. Volverá a entrar en el quirófano para las nalgas y la espalda», es el parte médico que su mujer detalla al milímetro.

Desde el 27 de diciembre, Esther vive literalmente en la habitación que tiene asignada su marido en la Unidad de Quemados de La Arrixaca, porque se vino a España con lo puesto. «Me enteré del suceso cuando estaba en Paraguay y cogí un vuelo. Dejé a mis hijos con mi madre diciendo: 'Mi papá se va a morir'. A la pequeña Ada Maris, de 5 años, él ni siquiera la había llegado a coger en brazos, porque me dejó embarazada en España y tuve que regresar a Paraguay».

Esther está viviendo paso a paso la rehabilitación de su marido, sus primeras palabras, la recuperación del movimiento en dedos, brazos, piernas... «Poco a poco me voy recuperando», asegura ilusionado Hugo. En este tiempo no ha dejado de recibir la visita de familiares del anciano y llamadas del propio Trifón.

La primera vez que le telefoneó tras el suceso apenas hablaron. «Empezó a llorar y a gritarme: ¡Hugo, te quiero mucho!, '¡Fuerza, todo va a salir bien!'». Su relación, tras cinco años cuidándole, había trascendido de lo laboral a lo personal. «Cada día le llevaba a la cama. Yo dormía al lado y le cocinaba estofado de pollo y lentejas, que le gustan mucho».

También disfrutaban juntos de paseos por la huerta, de películas de pistoleros y de los partidos del equipo que levanta las pasiones de ambos: el Real Madrid. «Nos llevábamos muy bien; él me quiere mucho y yo a él, es como mi abuelo. Es muy buena persona», destaca, todavía dolorido. «Estar tumbado me mata».

No sabe cuándo recibirá el alta médica, pero tiene claro que lo primero que quiere hacer «es ir a visitar a unos primos que tengo en Fuente Álamo, descansar junto a mi mujer y ver a mis hijos». Su objetivo es regresar a Capiatá, a la casa que logró pagar mandando dinero desde la Región, y montar un pequeño supermercado. La rehabilitación ya permite a Hugo sentarse. Más pronto que tarde el héroe volverá a caminar.