La Verdad

Shelly Ramírez Pino. :: m. h.
Shelly Ramírez Pino. :: m. h.

«Ningún niño que lo desee se queda sin montar a caballo en mi escuela»

  • Shelly Ramírez Pino.Directora de la escuela de equitación Shelly

Shelly Ramírez (Miami, 1985) es, sobre todo, una mujer emprendedora que se ha hecho a sí misma. Vivió en Venezuela antes de trasladarse a la Región, donde ha estudiado Derecho en la Universidad de Murcia. Pero su mundo es el de los caballos, y hace siete años montó su propia escuela en El Palmar, junto a Mercamurcia. Es técnico deportivo en hípica, jefe de pista, juez de salto y examinadora de galopes.

-¿Por qué se dedica a los caballos?

-Porque son mi vida, me dan la alegría de levantarme por la mañana; siempre he pensado que si encontraba un trabajo que me gustase no tenía que trabajar el resto de mi vida.

- ¿Qué aporta la hípica a la persona?

-El caballo es un gran terapeuta, de hecho la equinoterapia tiene muchos y buenos resultados porque en el caballo y su entorno se juntan muchos factores beneficiosos para la persona: deporte, naturaleza, aire libre, animales. El caballo aporta la felicidad.

-¿Cómo se siente siendo mujer emprendedora tan joven?

-Muy contenta porque los caballos han sido mi vida; les debo los 29 años de alegría de mi vida. Los caballos me han hecho crecer como persona y empresaria, conocer amigos que se han convertido en familia y, en definitiva, tener una vida plena.

-¿Es difícil ser emprendedora en este oficio?

-Es sacrificado, pero a mí me gusta. Me levanto todos los días a las 6 de la mañana, no sé lo que es tener unas vacaciones y todos los días, sean festivos o no, mis 20 caballos comen. No paro en todo el día y además llevo puntualmente la atención a las redes sociales, a los clientes, a todo.

-¿Qué importancia tienen las redes sociales en su escuela?

-Mucha. Nuestra página web es 'www.hipicadeshelly.com'; también estamos en Facebook y en Twitter.

-¿En qué aspectos de su trayectoria laboral se siente más cómoda?

-En la enseñanza del día a día. Me encanta enseñar desde cero. También me siento muy cómoda en el tema de la competición y en todas sus vertientes.

-¿Quiénes forman parte de su escuela?

-Mi escuela es una gran familia ecuestre, intento inculcar lo que me gusta. Tengo tres monitoras: Ana José Ros, Sonia Martínez y Paloma Cassinello. Mi madre, Mireya, y mi hermana, también Mireya, también están conmigo al pie del cañón.

-¿Qué tiene de peculiar su escuela?

-Es muy divertida, a la vez que nunca se deja de aprender. Tenemos caballos y ponis de todos los niveles. Impartimos clases de iniciación, salto de obstáculos, doma clásica y paseos por el campo. También organizamos fiestas, sobre todo infantiles; cursos intensivos, exámenes de galope y campamentos de verano. Los alumnos que quieren compiten, sobre todo en salto; ellos ponen los límites.

-¿Qué obras sociales lleva a cabo?

-Hemos colaborado con Manos Unidas y también colaboramos con niños desfavorecidos. Estamos abiertos al trueque, vienen niños a aprender gratis y sus padres realizan trabajos para la hípica; ningún niño que lo desee se queda sin montar.

-¿Cómo ha afectado la crisis a la hípica?

-Mucho. Yo he adoptado caballos de la perrera, para rescatarlos; al igual que he comprado de sitios inverosímiles para salvarlos.