La 'Ópera punk' de emir Kusturika, anoche en el auditorio de El Batel de Cartagena. Foto: Pablo Sánchez / AGM
Tardó un poco. Pero el aguijonazo inicial de la perplejidad ante lo inesperado acabó floreciendo en estruendosos aplausos anoche entre los 1.400 espectadores del Auditorio El Batel de Cartagena, ante el espectáculo más ambicioso con el que ha contado el certamen de La Mar de Músicas.
'El tiempo de los gitanos', un insólito espectáculo con el que se inauguró la decimoctava edición del festival, se aparta de todo lo que ha ofrecido durante su historia este encuentro de músicas del mundo. Tampoco es un musical convencional, sino una experiencia trepidante que deja de una pieza y cuesta digerir. Reúne y mezcla todos los estilos sonoros y visuales que uno pueda imaginarse sobre un escenario y que Emir Kusturica -cineasta, actor, músico y director teatral serbio- ha prensado en su cerebro para luego vomitarlos sobre el público con el nombre de 'ópera punk'. Y para el montaje del estreno de su gira mundial valió la pena que La Mar de Músicas cambiara su marco habitual al raso, en el Parque Torres, por El Batel.
La trama, basada en la película del mismo nombre que el artista rodó en el año 1987, fue solo un aliciente más. Las peripecias de Perham, nacido de un soldado y una mujer gitana, su familia desestructurada y sus anhelos de riqueza y del amor de una bella dama dieron pie a los más descacharrantes momentos de comedia 'non sense', surrealistas. También a puntuales punzadas de melodrama y romance. Todo muy al epatante estilo Kusturica.
Y todo eso con una factura técnica irreprochable al servicio de un colorido y detallista montaje, similar sin duda al que arrasó en la temporada completa que estuvo en La Bastilla parisina en 2007. Su adaptación a las dimensiones del escenario del auditorio no solo no le restó espectacularidad, por la habilidad para sacarle provecho . Hubo gigantes, enanos, un futbolista malabarista, un regante mágico, una parapléjica que anda, una caravana, cajas con sorpresas... ¡y hasta gansos!
También contribuyó decisivamente a redondear el espectáculo, que duró unas dos horas, el apoyo musical de la 'No Smoking Orchestra', fundada por el propio autor de la obra y director escénico. Fiel a su estilo, complementa la acción con el estrépito de la charanga zíngara, el 'ruidismo' de las guitarras eléctricas y los compases de algún vals bañado en ácido. Todo llevado a los extremos. Todo muy balcánico.
Como ocurre con las obras de los grandes talentos de su tiempo importa tanto lo que se cuenta como la forma. En 'El tiempo de los gitanos', cuya retransmisión en directo para toda España por Radio 3 permitió además proyectar la imagen cultural de Cartagena, hay una simbiosis perfecta entre ambas. Y aunque algunos espectadores salieron con ese extraño escozor de la incomprensión (y no solo porque hubo que proyectar subtítulos en español porque cantaban en inglés y romaní), la mayoría pareció haber disfrutado de lo inesperado.