Parece mentira, pero tanto tiempo burlándome de topicazos del tipo «la poesía es necesaria para vivir», «la poesía salva al hombre» y toda esta 'raza' de recursos entre lo cursi y lo hortera, y al final me veo en la obligación de concederles cierto crédito. No por cuantos se han encargado y se encargan de degenerar y vaciar de sentido el 'paradigma rilkeano' de o escribes o mueres, sino porque, diariamente, la praxis viene a confirmar que la producción poética es el único camino expedito que queda en medio del caos y del colapso. Admito que, llegado el caso, la vida pudiera interpretarse como un acto de disidencia que conduce a la confirmación del lugar común -única sabiduría incontrovertible que atesora el ser humano. Todo ser es de serie -o lo que es igual, la excepcionalidad es como el acné: una cuestión de edad que termina por desaparecer.
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Quizás el principal elemento de unión con un hijo no sea tanto esa 'práctica totalidad del mundo' que te anuda a él cuanto el mínimo elemento inaprehensible que se recibe como excesivo y desbordante. Porque seamos sinceros: la única región de la experiencia en la que es posible constatar la existencia real -y no figurada, provocada, conceptualmente construida- de la otredad, de la diferencia radical e insobornable es aquel matiz de la identidad de un hijo imposible de contener en ninguna malla emocional o intelectual, por tupida y extensa que sea ésta. Solamente una unión a fuego como la que se tiene con un hijo es capaz de alumbrar el intervalo jamás nombrado por el que una vida se transforma en algo esencialmente incomprensible. Y eso es lo más maravilloso que existe.
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(Silogismos de la cobardía, XXX)
Otro olvido imperfecto.
En definitiva, la razón de más que lleva el día a la locura.
No quiero este invierno.
Es más, lo detesto.
Pero deseo estar a solas con él.
Ajustando mi dolor a su frío.
En una escala modesta.
Sin rencores ni culpas.
Nada de lo que hay además de este helor es abundancia.
El pasado no templa el clima extremo del ahora.
Si acaso trae la humedad de viejos pensamientos que nunca
sintieron el aire.
En el amanecer.
Cada comienzo desde cero viene con la memoria de una
eternidad vivida.
Aquellas historias afloran por los poros de la piel.
Emocionalmente.
Como una pasión alimentada por el mero fluir de la sangre.
Vivo.
Y ésta es una situación que impide el olvido perfecto.