
Pasarela que conduce al pinar de Coterrillo | M. Rubio
Si el cuerpo le pide playa, San Pedro del Pinatar ofrece ración doble: Mediterráneo y Mar Menor. Así que parece buen destino para una excursión de fin de semana ahora que el verano empieza a enseñar las orejas. No es el único encanto. Entre ambos mares se extienden 856 hectáreas de un espacio protegido compuesto por lagunas, dunas, saladares y pinadas. Siempre es buena época para recorrer el paraje de las Salinas y Arenales, pero ahora la vida se desparrama, porque la mayoría de sus inquilinos andan atareados en plena época de cría. Caben varias posibilidades para descubrir el parque natural más pequeño de la Región -también el que más figuras de protección acapara- pero una (cómoda) opción si va con niños es moverse en coche y realizar paradas en los miradores habilitados a lo largo del entorno.
El mejor punto de partida es el centro de interpretación (avenida de las Salinas, teléfono 968 178 139), que muestra la historia y la biodiversidad de este parque natural. Funciona de martes a domingo en horario de mañana y tarde, y para grupos ofrece la posibilidad de concertar visitas guiadas y gratuitas por el entorno. A través de paneles, maquetas, pantallas interactivas y murales, el excursionista puede hacerse una idea de las salinas de San Pedro del Pinatar antes de emprender la marcha hacia las lagunas saladas y de aguas como espejos. Desde el mismo centro de visitantes, parten sendas peatonales que le llevarán a conocer los rincones más singulares. No olvide portar calzado cómodo, agua en abundancia, gorra y protector solar. Conviene madrugar. Las horas menos calurosas son las ideales para recorrer el parque. No solo para esquivar las altas temperaturas, también para contemplar mejor las aves, antes de que se desperdiguen empujadas por el ruido del tráfico. Imprescindibles resultan los prismáticos para ‘aproximarse’ y disfrutar de la fauna que busca refugio en los cristalinos estanques. Y, por supuesto, un repelente de mosquitos, si no quiere que le acribillen a picotazos.
Los flamencos se han ganado el título de ‘reyes’ de las Salinas y Arenales de San Pedro, por su bello plumaje rosado y su esbelta figura. Pero garzas, avocetas, chorlitejos, cigüeñuelas y charrancitos tienen poco que envidiarles, y seguro que también pueden hacer las delicias de los más pequeños. Prácticamente desde el mismo centro de interpretación parte la carretera que conduce hasta el puerto de San Pedro del Pinatar, entre las charcas salineras. A medio camino, existe una parada señalizada con un aparcamiento donde dejar el coche. Dos sendas principales conducen al corazón del parque. Una de ellas hasta un mirador desde el que contemplar sin sobresaltos la avifauna; la otra lleva por el pinar de Coterrillo hasta la playa de la Torre Derribada, siguiendo una pasarela de madera. Sorprende el bosquecillo de pinos que han echado raíces entre dunas de hasta tres metros de altura, en unas duras condiciones por la escasez de precipitaciones, la aridez del suelo y el viento que no da tregua, retorciendo las copas hasta formas imposibles.
Otra vez carretera y manta. Siguiendo el mismo vial, antes de llegar al puerto hallará otro mirador. Es recomendable realizar una nueva parada porque este observatorio dispone de un panel informativo que le será de ayuda a la hora de reconocer las aves que anidan en el entorno. Como estos meses son época de cría, evite abandonar las sendas marcadas con el fin de no molestar a los polluelos. Al final, alcanzará la franja litoral formada por las playas de las Salinas, Barraca y Punta de Algas, donde darse el primer chapuzón de la temporada estival. En la zona despuntan las montañas de sal de un blanco puro. La extracción se realiza entre agosto y noviembre. El agua de mar va pasando de estanque en estanque hasta que la evaporación por el efecto del sol deja a la vista los cristales salados.
Hay otra alternativa para conocer el parque regional: seguir el camino en la ribera del Mar Menor que une los molinos de Quitín, en la playa de la Mota, y de la Calcetera hasta las encañizadas, en el extremo sur del espacio protegido. Como la ruta es larga para completarla a pie, una buena opción es cubrirla a golpe de pedal. En el núcleo de Lo Pagán encontrará algunos establecimientos que se dedican al alquiler de bicicletas. Se trata de un paseo agradable, arropado por la brisa y con sabor a mar. No olvide llevarse la cámara de fotos, porque la memoria no es capaz de recordar para siempre tanta belleza.