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España estrena la donación en cadena

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España estrena la donación en cadena

La Organización Nacional de Trasplantes apuesta por una nueva fórmula que implica a varios donantes compatibles en una operación practicada al unísono. Dar a un desconocido un riñón es el primer eslabón para que varios enfermos rehagan sus vidas como antes lo hicieran otros

27.04.11 - 21:17 -
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España estrena la donación en cadena
El deporte, lo mejor. Mateo Ruiz Jódar está tres veces trasplantado de médula. Ahora es el presidente de la Asociación Deporte y Trasplante de España y está convencido de que el deporte es lo mejor para los trasplantados. En su caso, fue «una leucemia mieloide crónica la causante de que me hiciera falta un trasplante de médula. Tuve el privilegio de que mi hermano fuera compatible, pero tuve dos recaídas. Tras ellas, me practicaron una infusión de linfocitos del donante y hasta ahora. Pasé de ser militar a amo de casa, y ahora me regalan planchas para mi cumpleaños. ¡Lo peor es que me gusta!». Ahora Mateo practica lanzamiento de peso, jabalina y disco y en junio participará, junto al resto del equipo español de trasplantados, en el Campeonato del Mundo de Suecia. / P. Alonso
La vida de algunos enfermos hasta ahora dependía de la generosidad de aquellos que en su día donaron sus órganos al morir o de los familiares que, siendo compatibles, les regalaron en vida el órgano que necesitaban. José Carlos Gómez, Emilio Bautista, Antonio Ontoso y Mateo Jordán, todos ellos trasplantados, lo saben muy bien. En el caso de José Carlos fue el riñón que le donó su madre hace 13 años el que le permitió continuar su carrera como músico e incluso avanzar en ella. Pasó de ser guitarrista con el Ballet Nacional de España a colaborar, tras el trasplante, con artistas como Alejandro Sanz, Sara Baras o Marina Heredia.
Distinto es el caso de Antonio Ontoso y Emilio Bautista. Ambos tienen ahora un corazón nuevo que les permite hacer cosas que antes no podían ni imaginar, como montar en bici, deporte en el que Ontoso es todo un campeón. Mientras Mateo Jordán, trasplantado de médula, más allá de ser todo un atleta que ha alcanzado el nivel de la competición, ocupa su tiempo intentando que otros sigan el mismo camino.
De algún modo, el ‘padre’ de todos ellos es Rafael Matesanz, presidente de la Organización Mundial de Trasplantes (ONT). Es él quien fundó este organismo gracias al cual España se ha convertido en el líder mundial en donación y trasplantes de órganos, un hecho por el que obtuvo el Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional en 2010.
El trasplante en cadena
También es él quien ahora confía en el trasplante en cadena como una de las vías para reactivar las donaciones, que bajaron con la entrada en vigor de la Ley de Seguridad Vial. El impacto de esta norma se ha visto compensado gracias a otras posibilidades. Entre ellas, se incluyen las donaciones en vivo –que se han incrementado– y las que se producen en parada cardíaca.
El trasplante en cadena, implantado con éxito en otro países, se hará en breve si se cumplen las expectativas de Matesanz: «Tenemos en estos momentos dos cadenas razonablemente pintadas, pero hace falta corroborarlas con las pruebas de sangre que se están haciendo en estos momentos. Una de ellas esperamos poder hacerla pronto y estamos viendo la longitud que tendría, pero casi con toda seguridad en los próximos meses vamos a ver la primera cadena española».
Esas cadenas están formadas por parejas donante-receptor (uno de ellos recibirá un riñón gracias a que su pareja donará otro a una tercera que a su vez hará lo mismo y así sucesivamente) y por buenos samaritanos que harán de comodines, aportando su órgano en ese punto de la cadena donde sea más necesario.
Los buenos samaritanos son personas que donan un riñón, no a alguien conocido, sino para que se utilice en el caso que más falta haga. La ley les garantiza que no van a conocer a su receptor y viceversa.
De las 27 personas que se ofrecieron, de momento solo dos han completado las pruebas: «Estamos valorando cómo utilizarlos para darles el mejor empleo. Por eso hablábamos de dos posibles buenos samaritanos en esa cadena de trasplantes, para ver si de ese modo podemos hacer una cadena relativamente larga de la que se beneficien cuantos más mejor». De este modo, si la cadena tuviera cuatro parejas donantes, sumándole estos dos se harían seis trasplantes en un día.
El principal problema es que pocos pueden ser buenos samaritanos, ya que estos futuros donantes deben ser personas extremadamente sanas. Entre otras cosas, se les pide una tensión arterial exquisita y muy controlada, que carezcan de antecedentes de enfermedades renales o que no sean ni obesos ni diabéticos. «Tras esto, deben pasar un examen psicológico para asegurar que están convencidos, que nadie les ha presionado y que no hay patología que afecte a esta voluntad de donar», matiza el experto, que no descarta que haya más que superen todas las pruebas.
Por otro lado, todos los trasplantes se hacen en el mismo día. «La ley establece que en la donación de vivo uno se puede arrepentir hasta el último minuto. Entonces, si no se hace a la vez, puede ocurrir que la pareja de un receptor al que ya le hayan trasplantado diga después que ya no dona el riñón y eso sería muy desagradable. Por ese motivo es por el que en el caso de los cruzados (ya sean de dos o en cadena) se deban hacer todos a la vez», explica Matesanz.
Las ventajas de estas cadenas quedan claras: además de trasplantar a más gente se llama la atención del colectivo de pacientes renales para potenciar esta terapia.
«Nuestro mensaje es muy claro, sobre todo para pacientes jóvenes en diálisis, que son los que tienen más dificultades de trasplantarse. Es importante que en su entorno familiar o de amistades encuentren a alguien dispuesto a donar un riñón. Antes podía ocurrir, pero si existía una incompatibilidad, todo se acababa ahí. Pero gracias a esto se abren nuevos horizontes», señala el director de la ONT.
Eso sí, hay que tener en cuenta que si el riñón que se necesita es de una persona relativamente joven el que se done deberá tener esas características (un riñón de 60 años no le sirve a alguien con 18 y el listado de parejas no puede quedar descompensado).
Un donante en el mundo
Desde luego la fórmula funciona, ya que en los países donde se están llevando a cabo con más intensidad estos programas (Estados Unidos, Inglaterra o Canadá) se ha comprobado que se puede incrementar hasta el 30% el número de trasplantes de vivo (en España se realizan unos 260 al año entre riñones e hígados).
Ahora mismo en Europa se están manteniendo contactos con el fin de ver si se puede, cuando esté más rodado el asunto, extender el registro de parejas por Francia, Portugal e Italia porque eso daría un mayor número de habitantes y, en consecuencia, un mayor número de parejas y de posibilidades de hacer los trasplantes: «Cómo será que incluso los estadounidenses están barajando la posibilidad, de hecho han contactado con la Sociedad Europea de Trasplantes, de establecer acuerdos transcontinentales que puedan aumentar el ‘pool’. Este es un tema que está adquiriendo unas perspectivas tremendas», asegura.
Si bien estos trasplantes de vivo (que en España se practican de riñón e hígado y en pocos centros del mundo, y con carácter experimental, de lóbulos pulmonares, de intestino y de páncreas) vienen a subir las listas de donantes, hay que tener en cuenta otras alternativas como la del donante en parada cardíaca que la ONT quiere ampliar a toda España. Este donante es una persona que tiene, por ejemplo, un infarto de miocardio fulminante y no responde a las maniobras de resucitación. Tras declararle fallecida, y de una forma muy rápida, hay que seguir con un masaje cardiaco haciendo que llegue la sangre a los órganos mientras se pide permiso a la familia y al juez para poder obtener riñones, en ocasiones pulmones y en pocos casos hígado.
A diferencia de los donantes por muerte cerebral, donde los órganos siguen funcionando, en los de parada cardíaca el deterioro comienza de inmediato y muy rápidamente, de ahí su dificultad para conservarlos para el trasplante.
Creación de órganos a medida
Pero el verdadero gran reto en las donaciones es la creación de bancos de órganos artificiales.
Actualmente, hay varias formas de abordar este asunto, pero la que tiene en estos momentos probablemente más visos de prosperar, a juicio de Rafael Matesanz, es una técnica que desarrolló la doctora Doris Taylor: «Lo que ella hizo fue coger corazones de ratón y descelularizarlos mediante procedimientos químicos. Dejó lo que podríamos llamar el armazón del corazón. Una vez hecho eso, los rellenó con células madre del propio animal y ese corazón empezó a latir otra vez. Eso es un corazón bioartificial. El reto, y lo que intentamos lograr en el Hospital Gregorio Marañón (Madrid), es hacer lo mismo pero con corazones humanos». Los corazones que se donan y no se usan para trasplantes, si la familia da permiso, ya se están descelularizando para en el futuro rellenarlos con células madre del propio paciente, de modo que se obtenga un corazón a la medida.
Esto tiene dos ventajas: que es una fábrica inagotable y que como las células madres son del propio paciente no habría rechazo y no se necesitaría medicación.
Aunque aún faltan unos cuantos años para ver ese reto hecho realidad, además de corazones se va a comenzar a trabajar con hígados y con otros órganos: «Esto sí que es la gran panacea de los trasplantes. Poder fabricar órganos a la medida de los pacientes. Acabaríamos con los dos grandes problemas de los trasplantes: la escasez de órganos y el rechazo. Pero vamos a seguir necesitando donaciones durante bastante tiempo», finaliza Matesanz quien no solo sueña con el futuro, sino con que la formación que dan a profesionales de otros países haga que este sistema de trasplantes del que gozamos en España funcione en todo el mundo para evitar el tráfico de órganos y hacer que la donación no sea un lujo de unos pocos países. Toda una cadena de favores que no se limita a salvar a unos pocos, sino al mundo entero.
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Rafael Matesanz, nefrólogo, fundador y director de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT). Esta organización fue premiada con el Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional el año pasado por su labor desde 1989. / E. Megías