Los peregrinos que ayer participaban en las celebraciones litúrgicas de la Basílica de la Vera Cruz se vieron sorprendidos por la presencia de un numeroso grupo de Caballeros y Damas de la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén que llegaron a Caravaca para ganar las indulgencias del Santo Jubileo. Las capas (blancas para los caballeros y negras para las damas) de las que iban revestidos llamaron la atención tanto a la hora de la subida hacia el Santuario desde la iglesia de El Salvador, como durante la misa y durante el capítulo que finalizó en la Sala de Cabildos donde fueron atendidos por los representantes de la Cofradía de la Vera Cruz.
El Lugarteniente de la Orden para España Occidental, el comendador Juan García Martínez, Duque de San Pedro de Galatino, estuvo acompañado por un grupo de caballeros y damas, entre los que destacaba la presencia de algunos nobles como, Carmen Franco, Duquesa de Franco. La ceremonia en el interior de la basílica estuvo presidida por el arzobispo emérito castrense, monseñor José Manuel Estepa Llaurens, quien recordó la importante misión que la orden realiza en Tierra Santa, “para mantener la presencia cristiana, con oraciones y limosnas”.
La Orden tiene presencia en más de 31 países a través de Lugartenencias o Capítulos. Actualmente existen 48 Lugartenencias y 2 Delegaciones Magistrales. En algunos países, como España, hay varias Lugartenencias, debido a su magnitud geográfica o al número de caballeros. Actualmente el número total de Caballeros y Damas asciende a 20.000 en todo el mundo. En el último mensaje de Juan Pablo II a la Orden les recordó que “forma parte de vuestra misión responder a las necesidades de la Iglesia en Tierra Santa, pero resulta aún más necesario dar un testimonio coherente de fe. Sea, pues, vuestro primer desvelo el de tender a la santidad, que es vocación universal de todos los cristianos”.
Mientras que caballeros y damas eran atendidos por representantes de la cofradía de la Vera Cruz en la Sala de Cabildos, en la explanada exterior se iban congregando los fieles que iban a participar en la Misa del Peregrino, entre ellos un millar de personas del movimiento de Cursillos de Cristiandad llegados desde varias diócesis españolas). Tras el paréntesis veraniego, la afluencia de peregrinos vuelve a ser multitudinaria obligando a que las celebraciones se tengan que realizar en la explanada al ser imposible albergar a todos los grupos en el interior del templo.