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El hombre que quería hacer algo grande

Sociedad

El hombre que quería hacer algo grande

Un iluminado que erigió torres de 30 metros, un despechado que levantó un castillo... Natalia Tubau recoge más de cien ejemplos de arquitectura insólita

11.01.10 - 01:05 -
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Tenía en la cabeza construir algo grande y lo hice». Sabato Rodia nació en un pueblecito de Nápoles, emigró a Estados Unidos, se cambió el nombre, trabajó como albañil, tuvo dos matrimonios fracasados, cayó en el alcoholismo, se convirtió en vagabundo, se volvió a casar, se asentó en Los Ángeles, compró un terrenito en el suburbio industrial de Watts y construyó algo grande: un complejo de diecisiete estructuras, con varias torres, dos de las cuales se alzan hasta los 30 metros de altura, entrelazadas con muros calados de hormigón y acero. Luego se hartó, cedió el terreno a su vecino, se mudó a otro pueblo y no volvió jamás. Cuando el Ayuntamiento angelino descubrió las torres, edificadas sin permisos ni licencias, intentó tirarlas, pero no pudo: primero se rompió una grúa y luego hubo un movimiento popular para mantenerlas en pie. Tras el correspondiente jaleo burocrático, las torres Watts acabaron en poder del Estado y ahora ofician como Centro de Arte.
Sabato -o Sam- Rodia murió en 1965. Fue un tipo huraño, obsesivo y decididamente peculiar, aunque su epopeya arquitectónica resulta incluso menos misteriosa que la de Edward Leedskalnin. Leedskalnin nació en Lituania en 1887 y también emigró a Estados Unidos, aunque lo hizo a los 26 años y trastornado por un desengaño amoroso: su novia lo plantó en el altar. Edward, despechado, quiso poner agua de por medio, saltó el océano y llegó a Florida City. Entonces se le ocurrió construir un castillo. Lo hizo, pero tiempo después compró una finca en Hampstead, a 15 kilómetros de su hogar, y tomó otra decisión: trasladar su castillo piedra a piedra. Edward, cincuentón, bajito y flaco, movió 1.100 toneladas en secreto y sin ninguna ayuda. Nadie sabe cómo lo hizo, aunque se supone que el lituano ideó un sistema de poleas y trípodes para cargar los sillares (que pesaban hasta 30 toneladas) en un viejo tráiler. Otros, más fantasiosos, intuyen que Leedskanin conocía el secreto de la construcción de las pirámides y que se valió de los campos magnéticos terrestres para cumplir su sueño. Sea como fuere, Edward trasladó su castillo y además levantó una gruesa muralla para proteger su intimidad. Luego sembró el jardín de gigantescos bloques de coral fósil. Para colmo de enigmas, cuando murió, dejó mucho dinero metido en una caja con una nota: «Esto es para el que lo encuentre». El premio fue para una familia de Illinois. El 'Coral Castle' está ahora incluido en el Registro Nacional de Lugares Históricos, recibe 50.000 visitantes al año, ha protagonizado varios documentales e incluso Billy Idol dedicó una canción ('Sweet Sixteen') a su creador.
Las aventuras constructivas de Rodia y de Leedskanin protagonizan, con otros cien ejemplos más, la 'Guía de arquitectura insólita' de Natalia Tubau. Una historiadora que desde joven sintió afición por las «casas raras» y que ahora ha decidido recopilar sus investigaciones: «Salvo excepciones -explica-, he buscado gente sin formación arquitectónica que decide construir con muy pocos recursos. Algunos incluso eran analfabetos». Ciertos ejemplos «rozan la chatarrería» y otros se han convertido en obras de arte o en lugares de culto: «Resulta sorprendente -sentencia- lo que el hombre puede llegar a hacer movido por la fe o por el afán de singularizarse».
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