En el jardín de su vida, las plantas que más abundan son las del trabajo y las de la disciplina. De hecho aún florecen ambas porque, a punto de cumplir 81 años de edad (los hará el miércoles próximo) Mariano Carles Egea sigue ocupado. Ahora planea y elabora revistas, historias, memorias y boletines informativos para los hospitales que le contratan sus trabajos. «Y es que la vida te lleva por caminos insospechados» dice, tras recordar que ha pasado por la Cámara de Comercio de Cartagena, la Junta del Puerto y Caja Murcia. «Al final me he incorporado al campo de la comunicación».
-Más bien parece que usted lo que quiere es morir gastado.
-Es que no tengo ningún 'hobby'. No sé jugar al dominó, no sé hacer otra cosa que trabajar.
[Cuando se jubiló de la Caja puso un despacho de asistencia a la banca para tramitación de préstamos hipotecarios. Ahora lo llevan sus hijos, aunque en la oficina, situada en pleno corazón de la Murcia de siempre, le han reservado un despacho muy sencillo en el que tiene lugar la entrevista. Viste pantalón gris marengo y chaqueta verde en cuyo bolsillo superior asoma un pañuelo a tono con el que se abriga el cuello.]
-Siempre ha lucido una vestimenta impecable ¿tiene algo que ver en ello que durante años tuviese una tienda de modas en Cartagena?
-No. Es una cosa innata. Cuando era niño también me lo decían las madres de mis compañeros. Todos volvían del colegio desarbolados, «menos Marianito que siempre vuelve como se fue», comentaban.
[Al contrario que su hermano, el conocido psiquiatra Francisco Carles, a quien admira, Mariano dejó pronto los estudios «porque entonces me atraía más el mundo de los negocios».]
-Y del mundo de los negocios al mundo de la política.
-Tuve cargos públicos, emanados de la política, pero nunca me he dedicado exclusivamente a la política. Estuve a punto. Cuando pertenecía a UCD, Antonio Pérez Crespo me propuso que fuese tercero de la lista electoral en las generales de 1977, pero rehusé la propuesta.
-¿Con la inquietud política que tenía y no aceptó?
-Fui un cobarde.
-¿Así de cruel se juzga?
-Fui un cobarde porque tenía cinco hijos. Aún no tengo claro si debí aceptar o no. Tenía un negocio que atender, un comercio, y ya estaba en Caja Murcia. Así se lo dije a Joaquín Garrigues quien me insistió en que aceptara. Y yo le dije «¿cuando se acabe esto qué?». Me respondió que me nombraba embajador en Sudamérica. Terminamos entre risas. Ya ves lo que duró UCD y el pobre Joaquín, una persona maravillosa y preparada que perdió España. En fin, aún no sé si hice bien. Ese gusanillo aún no lo he perdido. Mi mujer cuando ve los espectáculos que hay hoy día, me dice ¿ves si tú estuvieras en esa pomada?
-Yo le hago la misma pregunta.
-Y contesto lo que le digo a ella: «Bueno, sí, pero hay de todo». Es verdad que ahora casi todo el mundo habla mal de la política.
-Para consolarle por su duda de si hizo bien o mal le recuerdo que la última encuesta del CIS señala que, después de la situación económica, la gran preocupación de los españoles es la clase política. Por encima del terrorismo.
-Es que hay una mediocridad terrible. Y dentro de esa mediocridad de la clase política, el descaro, la corruptela y la falta de ética están sembrando algo que, bueno, no sé lo que va a pasar, la gente está muy descontenta por la indecencia y la falta de moral que se está descubriendo. No hay que generalizar, pero es que los casos que se conocen no se resuelven adecuadamente. ¡Señores corruptos sin moverse del sillón! Aquí no se va nadie. Yo ahora estoy sufriendo esa mediocridad.
-¿A su edad?
-Pertenezco a la plataforma por el trasvase Tajo-Segura y estoy comprobando la falta de visión política y lo mezquinos que son al declararle la guerra a esta plataforma cí-vi-ca [remarca la palabra] por razones de no se sabe qué. Acoger esta plataforma habría sido una buena visión política porque irían al Parlamento arropados por 500.000 firmas que apoyarían la propuesta que ahora dicen que quieren hacer.
-¿Por parte de quién esa declaración de guerra?
-Por parte del poder político en Murcia.
-¿Porque recela de que pueda convertirse en un partido político?
-No sé. Sí, puede ser que sea por eso, o por rencillas personales. No me lo puedo explicar. Se nos dice que sí, pero la realidad es que nos han dejado en la estacada, porque, claro, nos falta financiación para crear una pequeña infraestructura. Nos han ayudado Caja Murcia y CAM.
-¿Es usted sospechoso de contubernio político?
-Sí, claro, soy una joven promesa. Hombre, seamos serios, personalmente no he hecho nada para que me tachen de no sé qué. Yo estoy en la Plataforma pro Trasvase, y estamos, por inquietud ciudadana y no por otra cosa.
-¿Cuántas firmas llevan?
-Alrededor de las 200.000, parece ser, porque aún no se ha hecho un recuento exacto ya que están repartidos pliegos por muchos sitios.
-El presidente Valcárcel ha dicho que se elaborará una proposición de ley.
-Sí, pero esto que quieren hacer ahora, y que el señor presidente se ha comprometido, lo tenían que haber hecho en septiembre. Además de que esta postura de los poderes públicos ha creado confusión en la ciudadanía que se dice, bueno si esto ya lo van a arreglar. No sabemos si lo van a arreglar, palabras hemos recibido muchas, pero nada de hechos concretos.
-¿Le duele como ciudadano o por el gusanillo político?
-Me duele como simple ciudadano y también porque estuve en el principio del Trasvase puesto en marcha por Garrigues Walker. Pero nosotros vamos seguir hasta ver dónde llegamos. ¿Que no llegamos y nos estrellamos contra la pared? pues bueno, nos estrellamos, pero a alguien, algún día se le tendría que echar en cara lo que pueda pasar, porque yo creo que el pueblo en general no se ha percatado lo suficientemente de las consecuencias graves que nos acarrearía que desaparezca el Trasvase. Corta el desarrollo. No me entra en la cabeza que no se aúnen fuerzas para un asunto tan importante.
-Ya veo que sigue la política actual.
-La sigo con desencanto.
-¿Qué le desencanta?
-Muchas cosas. Una anécdota: estuve en una boda y un amigo me presentó a dos personas como 'hombre fuerte de la UCD', dijo en broma. «A ver si vuelven ustedes, la gente decente de UCD, y arreglan esto», me dijeron.
-Ha habido gente de UCD que se pasó al PP.
-Paseando un día con Garrigues, le pregunté si estaba seguro de que debíamos incorporarnos a la UCD, porque yo, en un principio era reticente con Suárez, luego he admirado su obra, me equivoqué con él. Y me dijo: «Nosotros cabemos en un taxi. Si no nos incorporamos no estaremos en los órganos de decisión». Mi duda posterior era cuánto duraría UCD, a lo que Joaquín respondió: «Hasta que se lo carguen los demócrata-cristianos». Y es lo que pasó. Los cristiano-demócratas se cargaron la UCD.
-¿Qué recuerdos guarda de sus distintas actividades vitales?
-Buenos de mis etapas en la Cámara de Comercio de Cartagena y en Caja Murcia. Malos de la Presidencia de la Junta de Obras del Puerto de Cartagena.
-Habrá que explicarlo.
-La Cámara que yo presidí era muy abierta a la calle, con conferencias, actos y estudios. Uno de éstos, tratando de planificar el futuro económico de cara al Trasvase, se lo encargamos a Ramón Tamames, que era del Partido Comunista. Eran tiempos en los que había mucha inquietud política y social. Y con Caja Murcia también hicimos labor. Para resumir diré que cuando comencé, en Cartagena había dos oficinas y cuando me vine había veintidós.
-¿Y de la Junta del Puerto?
-Salí peleado. A mí me nombró el ministro Garrigues quien se comprometió con los vecinos de Santa Lucía en hacer un nuevo puerto. Muerto Joaquín Garrigues, aquello se iba demorando mucho y me encontré con que el director general de Puertos, Fernando Palao, quería suprimir esa partida en el presupuesto. «Deja eso encima de la mesa que yo me ocuparé», me dijo un día. Le respondí que él no iba a arreglar nada y que el puerto se iba a hacer aunque sólo fuera en memoria de la palabra que dio el ministro Garrigues. Se adjudicaron las obras en un acto que yo quise suspender (posteriormente el Consejo de Estado me dio la razón) y él dijo que me iba a cargar. Y así lo hizo. Me cesó de mala manera. «Yo voy a dimitir», le dije, y respondió: «No, te voy a cesar yo».