Álvaro se disfrazó este año de Jesucristo. Incluida la corona de espinas. Es un burgalés que lleva siete años acudiendo puntualmente al Salón de Loterías el 22 de diciembre disfrazado de algo. Pero la suerte le resulta esquiva. Así que este año eligió ataviarse como el hijo de Dios para que se obrara el milagro y la fortuna le llenara los bolsillos de euros y los medios le dieran su segundo de fama. Al menos, el segundo milagro sí ocurrió.
El salón de loterías atrae cada año un buen número de personajes estrafalarios que este año no renunciaron a su cita con la diosa fortuna en busca de unos segundos de fama. Muchos de ellos hacen hasta doce horas de colas en la gélida madrugada para asegurarse una plaza en la sala y la atención de las cámaras y los medios. Casi todos son veteranos en esta lides.
Uno de los primeros en montar su numerito este año fue Enrique Vilches, un agricultor jubilado de Cebreros (Ávila), que lleva casi una década acudiendo disfrazado «de lo que sea» al sorteo . «Vengo buscando El Gordo de Navidad. No me des calabazas, como éstas, que fueron las que me dieron de joven» rezaba el cartel que lucía en el pecho sobre un nono blanco del que colgaba calabazas de muy distinto tamaños. La más vistosa, en la entrepierna.
Vilches, de 77 años, piel curtida y un humor excelente, volvió a irse de vacío. Había pasado diez horas de pie en la calle para ganarse el derecho a su butaca. Su inversión en lotería rozaba los 500 euros.
Las cámaras competían en atención con 'el hombre floreado', Marcelo, un funcionario retirado de 75 años natural de Cuenca con más rosas y claveles adheridas a su ropa que la virgen del Pilar en su día grande. Llega desde Leganés y admite que un «enchufillo» le sirve para librarse de la cola. Junto a él, el 'hombre peseta', un atavío tradicional en este día de la suerte al que recurrió Rufino Hurta, vecino de Leganés, empleado del Metro de 52 años, que lleva ocho años sin faltar a su cita con la «friquilandia lotera». Su traje de cuero engarzado de peseta de Franco y el Rey «y algún euro de matute», pesa cuarenta kilos.
Lis también es veterana de los sorteos navideños. Los dos años anteriores vino disfrazada de bruja, pero visto que toda la suerte brujeril es para la administración de Xavier Gabriel en Sort, optó por disfrazase de ángel. Viajó desde Benidorm y su etéreo disfraz de gasa con alas apenas la protegió del frío en la interminable cola. En su bolso, 15 décimos a la espera de premio.
Una década de fidelidad al sorteo lotero por excelencia guardan Tina y Dori, dos «marujas» muy amigas que cada año viajan desde Guadalajara y León y que también se aguantan varias horas de colas para asegurarse butaca. Se gastan entre 300 y 400 euros y aseguran que es uno de los grandes días de su calendario.
El niño de la suerte
Parte de la atención la acaparó, en la mañana de ayer, un niño de origen dominicano, Brandon Cabrera. Él es uno de los 36 alumnos del colegio de San Ildefonso encargado de repartir la suerte. Este chaval de 13 años cantó El Gordo del año pasado y un quinto premio. Este año, al entrar en el salón manifestó su deseo de hacer 'doblete', pero no pudo ser. Sí rozó el cielo, sin embargo, cantando ni más ni menos que el tercer premio y tres de los ocho quintos. Un total de cuatro 'dianas'. Según sus padres, Melchor Cabrera y Leoncia Martínez, dominicanos con 23 años de residencia en España, «Brandon tiene la mano bendita, es en lo suyo un crack como Messi».