Emulando al joven que hace veinte años impidió la entrada de los tanques del ejército chino a la plaza de Tiananmen, una niña simbolizó ayer, marcando las distancias, la oposición ciudadana al desmantelamiento del yacimiento de San Esteban. De la mano de su madre, bloqueó el acceso al solar a un camión cargado de palés y cajas para trasladar los restos.
Su gesto sólo retrasó unos minutos la entrada del vehículo pero sirvió de estímulo para los miembros de la Plataforma Ciudadana por la Defensa del Patrimonio Arqueológico de San Esteban, que durante gran parte del día se movilizaron contra el desmontaje del arrabal árabe que los responsables del yacimiento tenían previsto iniciar ayer. Y lo consiguieron: la Justicia paralizó la extracción de materiales y el presidente de la Comunidad desautorizó la construcción del 'parking' que, entienden, motivaba el traslado de los restos.
La cámara que día y noche vigila las obras en el antiguo jardín, otrora barrio de La Arrixaca en la Murcia musulmán, alertó a primera hora del inicio de lo que la Plataforma califica de expolio y destrucción de los restos. Al instante decenas de ciudadanos ya se encontraban asomados a las vallas que rodean el recinto observando cómo operarios ataviados con chalecos de la empresa DCH, «de demoliciones» según la Plataforma, retiraban las juntas y los ladrillos de uno de los muros de la zona central del yacimiento. «La fachada principal del palacio más importante, el que da a la calle más grande del barrio», identificó posteriormente el profesor Javier García del Toro.
Con las fotografías del desmontaje, varios miembros de la Plataforma acudieron a la Guardia Civil para paralizar «la destrucción del patrimonio histórico nacional, que es delito de lesa humanidad y está penado con hasta seis años de cárcel», insistía García del Toro. «La Comunidad no es competente», aseguraba otro miembro de la Plataforma, rechazando el informe de Cultura que autoriza el desmantelamiento y traslado de los restos.
Los agentes del Seprona acudieron a mediodía a inspeccionar la obra, cuando ya eran cerca de un centenar las personas que agitaban las vallas con ánimo de cacerola, pintaban sobre ellas mensajes como 'Ladrones de la Historia de Murcia' o 'Si no te lo crees, asómate' y encadenaban las puertas de entrada al recinto. Estaban decididos a «no dejar entrar ni salir a un sólo vehículo» y a convertirse en «policías del Patrimonio» durante «el tiempo que haga falta».
La concentración, en el que estaban presentes concejales de PSOE e IU en el Ayuntamiento de Murcia, impedía incluso que los obreros y técnicos salieran a comer. «Que se manifiesten donde los peces gordos toman las decisiones. Nosotros somos unos 'mandaos'», se quejaba uno de los obreros a través de un agujero en la valla.
La tensión se deshizo en júbilo y hasta llantos de alegría cuando el secretario judicial notificó la paralización del desmontaje y, después, conocieron que no se construirá el 'parking'. «No vamos a bajar la guardia hasta que se declare Bien de Interés Cultural y se proteja el yacimiento ante futuras lluvias», avisó aún así la Plataforma anoche .
Postura de la Universidad
Por otra parte, y en respuesta a la carta pública con la que una treintena de profesores de la Universidad de Murcia pidieron al Rector un pronunciamiento sobre el polémico yacimiento, José Antonio Cobacho se reunió anoche con los responsables del Departamento de Prehistoria, Arqueología e Historia Antigua y Medieval de la UMU.