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Bolonia y... ¿el inmovilismo universitario?... más madera

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Bolonia y... ¿el inmovilismo universitario?... más madera

03.12.09 - 00:48 -
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La forzosa y forzada puesta en marcha del plan Bolonia, está dando pábulo a debates serios (siempre saludables) y chismorreos (menos saludables). Así, circulan rumores relativos al inmovilismo contumaz de una parte del profesorado frente a Bolonia. Sin duda, entre el heterodoxo y erudito colectivo universitario habrá multitud de argumentos favorables y contrarios al nuevo sistema, incluyendo los de orden conceptual o de cansancio biológico. Sugiero empezar analizando el consenso básico: «la Universidad debe cambiar». Cierto, el problema es que la Universidad lleva cambiando sin parar durante los últimos veinticinco años y -en mi opinión- casi nunca para bien.
Pensamos que ciertos problemas pueden solucionarse mediante la promulgación de leyes 'ad hoc', aserto discutible. Rebobinemos esquemáticamente: el primer gran cambio universitario fue la LRU de 1983; de formulación impecable (como todas), consagraba la autonomía universitaria. Sin embargo, el decurso de su aplicación ha provocado empobrecimiento intelectual, una dañina endogamia profesoral y la atomización estéril de centros y recursos. Hacia finales de los 90, bajo la divisa de aumentar la calidad y competitividad, adecuando los programas a las necesidades sociales, se introdujeron nuevas directrices académicas, incluyendo el crédito docente. Los cursos se reestructuraron en semestres con aumento de materias y supresión de exámenes parciales. Cada facultad diseñó los planes de estudios a su imagen y semejanza, primando los intereses y fuerza de sus departamentos. El dislate llega al extremo de que comparando un mismo título entre distintas facultades, la coincidencia en contenidos doctrinales esenciales es ínfima. Por su parte, el alumno, piedra angular de la actuación académica, diseñaba su propio itinerario curricular. Del resultado se coligen dos consecuencias perniciosas: a) Los estudiantes alcanzan los últimos cursos con el duro lastre de asignaturas esenciales pendientes; b) En promedio, el tiempo necesario para completar la carrera ha aumentado dos años.
Y ahora Bolonia. La nueva reforma se asentaba, entre otros, sobre dos pilares básicos: un documento de financiación imprescindible, y el fomento del trabajo personalizado del estudiante, reduciendo la relación alumnos/profesor. Ninguna de estas (y otras) premisas se ha cumplido y el proceso ha generado enorme confusión, cuando no desordenes públicos. Por tanto, en realidad no tenemos la implantación de Bolonia 'sensu stricto', sino un sucedáneo. Sorprende que en esta tesitura, nadie haya planteado una moratoria de reflexión y análisis. Muy al contrario, todas las universidades han pugnado por ser las primeras en esta frenética carrera sin sentido. Más allá de cumplir con la fecha establecida. ¿Qué razones justifican tal urgencia?... «Porque no hay más remedio» y «porque nadie quiere perder el tren», son respuestas al uso. Un tren que parece abocado al descarrilamiento, pero todos atizamos. más madera.
Da pavor pensar que la Universidad padecerá idéntica estrategia nociva que ha degradado de modo concienzudo y sistemático la enseñanza secundaria, sin que ninguna de las sucesivas leyes educativas (LOGSe, LOE, etc.) haya remediado el desastre. Aparentemente, en ello estamos en la Universidad (Dios y los psicopedagogos me perdonen). Somos esclavos del papeleo asfixiante: programaciones, guías docentes, competencias, destrezas, habilidades, etc; dirigido a completar memorias mamotréticas y estériles que merezcan las sacrosantas bendiciones de la todopoderosa Aneca. Refulgen como grandes novedades educativas los seminarios y tutorías que ya practicamos en nuestras carreras ucedianas (¿eran tan malas?). Al contrario, ni una mención al deleite y esfuerzo que todo aprendizaje conlleva, ni a la exigencia del alumnado para corresponder al sacrificio familiar y a la responsabilidad de todos ante la sociedad que costea la enseñanza pública.
Ojalá me equivoque. Algunos colegas inteligentes han puesto notable empeño e ilusión en Bolonia, espero que acierten. Pero muchas dudas están justificadas. Por ejemplo, ¿cómo demonios investigaremos los científicos mediocres, sin grupo ni respaldo detrás.? ¿Cómo pediremos proyectos, colaboraremos con empresas y demás liturgia de competitividad/calidad.? Si vivimos enfangados entre clases, prácticas, tutorías electrónicas, asistencias; evaluando trabajos, competencias. En fin, concluyo el alegato: hace poco F. Mayor Zaragoza reclamaba del binomio universidad-ciencia un liderazgo fuerte en la reivindicación del ciudadano frente a gobiernos y estados, posibilitando la toma multilateral de las graves decisiones que demanda el incierto porvenir del planeta. Dudo mucho que la universidad española en conjunto, mediocre y adocenada, convertida en guardería de adultos, esté en condiciones siquiera de plantearse remotamente tal opción. Sinceramente, y muy a mi pesar, lo dudo mucho.
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:: JESÚS FERRERO


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