-«Lo siento, no recordaba lo horrible que es este sitio», le digo intentando disculparme, pero no tengo disculpa.
Perejaume (San Pol de Mar, 1957) mira a su alrededor con cara de pánico. Hemos quedado en un café de Murcia, ruidoso, incómodo, feo sin redención, plagado de cuadros que provocan mareos, con una iluminación infame y olores que huyen de la cocina y te persiguen. El artista plástico y poeta, creador de paisajes que parecen música, y de una música visual que se hace carne en obras que alimentan los sentidos y te despiertan la mente dormida, está en Murcia, invitado por el Laboratorio de Arte Joven (LAB), que dirige Sergio Porlán, impartiendo un taller y compartiendo con los jóvenes artistas su visión del mundo: un montón de espinas donde anida una caricia, o algo así. Premio Nacional de Artes Plásticas en 2006, Perejaume consigue emocionar sin apelar al sentimentalismo, y ofrecer al espectador mundos poéticos que hacen más habitable nuestro día a día en llamas. Con Perejaume no te quemas, pero tienes que llevar cuidado a la hora de elegir un lugar para tomar café.
-¡Qué mal que no haya usted expuesto en Murcia en solitario!
-¡No pasa nada!
Perejaume, cuyos poemas han recitado voces ilustres como las de Laurie Anderson, Lou Reed y Patti Smith, crea obras -fotografía, técnica mixta, grabado, vídeo...- que tienden a convertir en visible lo invisible, a transformar en táctil y material lo intangible; y sus paisajes hablan, se rebelan, se enamoran, se declaran en guerra.
«Los humanos estamos educados para campar, para campar como vacas, para campar como conejos, y el mundo está demográficamente muy lleno y muy ocupado por realidades muy conocidas ya», dice Perejaume. «No hay -añade- espacio virgen en ninguna parte, ni mental ni físico, y el arte debe propiciar espacios vírgenes donde la gente pueda inventar y proyectar sus historias».
-Me resulta curioso que usted, cuando se despide, diga: «Voy a esconderme». ¿Le gusta esconderse?
-A veces es necesario hacerlo, por salud y por contrarrestar esa tendencia predominante a invadirlo todo, a mostrarlo todo, a explicarlo todo. Hay que saber desaparecer, retirarse por un tiempo. La tradición rural, por ejemplo, sabe muy bien que para que una cosa fructifique hay que enterrarla en la tierra y esperar un tiempo.
-Y de huir, ¿siente deseos?
-Sí, de largarme de repente. No sé si es por algo genético o psicológico, pero de repente me harto y me voy donde sea.
-¿De qué huye?
-De todo, de mí mismo en primer lugar; me conozco tanto que ya estoy harto de mí. Y, por supuesto, deseo huir de los lugares comunes, porque vivimos en una sociedad que tiende a los lugares comunes, que son muy repetitivos, muy aburridos, muy empobrecedores. Con los lugares comunes la capacidad cerebral se empobrece mucho. Y eso exige una huida, aunque sea al silencio, a la nada, da igual.
Perejaume detesta la pereza mental. ¿Qué hay dentro de nuestras cabezas? «No lo sé. No sé si dentro de nuestra cabeza sólo hay un ordenador, un programa y nada más que un programa de ordenador, o hay algo más. Yo creo que hay algo más, pero creerlo resulta a veces muy difícil.
-¿Cuándo piensa que hay algo más?
-Leyendo a San Juan de la Cruz, por ejemplo.
Alerta al ruido de los necios, Perejaume busca entre las raíces de los árboles la ternura en desuso, y se sienta al borde de los acantilados a sentir la compañía que ofrece la naturaleza. Qué misterio, la naturaleza. «Me acuerdo de un verano, hace ya años», cuenta el artista, «en el que me encontraba en un lugar perdido donde había un encinar con una invasión de orugas peludas impresionante. Por la noche escuché llover, pero descubrí que no era la lluvia lo que oía, sino que eran las mierdas de las orugas cayendo de los árboles». La naturaleza te obsesiona, te engaña, te sorprende, te arropa, es desbordante, te engaña, te da vida.
Cambio climático
-¿Qué puede decirme del cambio climático?
-¿Qué voy a decir yo del cambio climático?
-Pues, por ejemplo, que todavía se asombra ante nuestra capacidad para destruirlo todo, ¿no?
-Para destruirlo todo y también para construir tan mal como construimos. Qué feo es el mundo, es feo a matar. ¿Cómo no se escandaliza la gente ante la corrupción visual? Existe también una corrupción estética que es muy lamentable. Convivimos con todo tipo de abusos. En cuanto al planeta, resulta que no sólo lo destruimos, sino que tenemos un punto de arrogancia lamentable: nos creemos todos de pronto vírgenes purísimas que vamos a salvar la naturaleza; parecemos vírgenes que tenemos al paisaje en nuestra falda, como la Dolorosa a Cristo, pidiéndonos que lo protejamos. ¡Vamos a salvar las selvas de Ecuador, los hielos de la Antártida! ¿Qué vamos a salvar nosotros? ¿Quiénes nos creemos que somos?
-Un consejo, Perejaume.
-Caminar es de las cosas más sabias que pueden hacerse. Funciona muy bien todo cuando caminas: la respiración, el corazón, el cerebro.