Desde hace un año sufrimos la mayor crisis económica conocida; en nuestro país la crisis internacional empezó a tener efectos más tarde que en otros países, pero llegó y, entre todos, vamos a salir de ella. Cuando todos los países trabajan codo con codo por superarla, cuando todos los partidos políticos de cada país colaboran con los gobiernos, en mayor o menor medida, en España, el principal partido de la oposición no sólo no tiene una actitud constructiva, sino que es capaz de atravesar la raya del sentido común. Lo que nos está mostrando el Partido Popular en un momento tan crítico, es simplemente un espectáculo. Un partido que no presenta propuestas ante la crisis, que consume sus energías en una actividad interna de descalificaciones, divisiones, acusaciones y denuncias en los juzgados, entre ellas, supuestos casos de espionaje y presunta corrupción.
Es increíble que vuelvan a sobrepasar la barrera del sentido común en su campaña de derribo del Gobierno de España a toda costa, en lugar de plantear soluciones a la situación que viven millones de familias. Es intolerable el ruido que intentan generar, con SITEL (sistema que contratan ellos), con el Alakrana, pero sobre todo poniendo en juicio constantemente el Estado de Derecho. La oposición debe ser crítica, sí, pero también constructiva y ahí es donde no podemos esperar al Partido Popular. Hay límites que no se pueden sobrepasar; la responsabilidad es la mínima cualidad para estar en política. La política es un servicio ciudadano, un servicio público y no un bloqueo que impida tal fin.
La convención del PP en Barcelona es un ejemplo de la falta de propuestas y soluciones del principal partido de la oposición; una convención en la que sólo escuchamos discursos en clave interna y mensajes entre ellos. Todo enfocado a volver a revalidar a Rajoy como líder, dice el refrán «dime de que presumes y te diré de lo que careces». Sería más que interesante tener una oposición que fuera capaz de aportar en lugar de tratar de revalidar a su líder constantemente. Esta semana escuchaba en la Asamblea Regional que «lo que no suma resta», y eso creo que resume la actitud del PP en estos momentos de crisis, tan difíciles para el país, para la Región.
Esto no es bueno para nadie. Nuestra democracia requiere del respeto a las instituciones, de la lealtad institucional. No es bueno para nuestro Estado de derecho, ni para la política. Esas actitudes son las que hacen que la ciudadanía sienta desapego hacia los políticos.
En el análisis de la actuación de los partidos y los políticos ante esta crisis no se puede obviar el papel que juegan los gobiernos regionales, también los gobernados por ellos. Un papel que es crítico para salir antes de la crisis, para reforzar nuestra economía. Sin embargo, encontramos en nuestro Gobierno regional la práctica constante del victimismo, una oposición al Gobierno central como norma, a la vez que asumen como propios los proyectos estatales, desde la más absoluta deslealtad institucional. Afrontar la recuperación de la crisis no se puede hacer con victimismo, con enfrentamiento; se debe conseguir entre todos y asumiendo las responsabilidades que tiene cada uno, en el Estado de las Autonomías.
Estamos en el camino de la recuperación económica, un camino que no será fácil, pero que sería más rápido con la colaboración del principal partido de la oposición y de todos los gobiernos autonómicos. Afortunadamente, en este país podemos alabar la responsabilidad de trabajadores, sindicatos y empresarios, que junto a la política social del Gobierno socialista, han permitido la paz social en unos tiempos tan difíciles. Los recientes acuerdos entre los sindicatos y la CEOE sobre negociación colectiva nos acercan al que espero que sea un próximo acuerdo social.
La crisis internacional hubiera golpeado a nuestro país gobernara quien gobernara, pero siento una gran tranquilidad porque la gestión de la misma le haya tocado a este Gobierno socialista. Peor panorama tendrían las familias, los trabajadores si esta situación la gestionara un gobierno de derechas, con un partido que sólo es capaz de mostrar espectáculos constantes.
La ciudadanía está esperando respuesta de los políticos, más que nunca, y los políticos debemos ser más exigentes al afrontar los problemas de la gente, al ejercer el servicio público. Es tiempo de acordar y arrimar el hombro para salir antes y mejor de la crisis, es tiempo de dejar a un lado los líos internos y las obsesiones de acoso al gobierno con el único objetivo de derribarlo.
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