Segunda victoria de la temporada para el CB Murcia y ante otro rival directo como el Suzuki Manresa en su día. Ésta mucho más celebrada por la grada y también por el equipo. La clave, no venirse abajo cuando las cosas se ponían mal en los primeros instantes, sentir la camiseta y apelar al orgullo. Eso sí, arropados por una grada. Que olvidó lo sucedido en Alicante y que tiró del equipo en los momentos más complicados.
La primera gran sorpresa del partido la ofreció Moncho Fernández al jugársela con tres hombres que gozan normalmente de pocos minutos en el cinco inicial. Buscaba gente que se identificara con los colores de Murcia, hombres y no nombres, que lucharan por el escudo. Recadito del entrenador para los divos que han sido firmados este año. El problema era que sacrificaba mucha altura, lo que limitaba las posibilidades de los locales en el rebote. Además, los gallegos ganaban en altura a los murcianos en todas las demarcaciones. Pese a todo, no se le puede negar la lucha del quinteto.
Con lo que no contaba el CB Murcia era con que los visitantes anotarían triples de todos los colores nada más comenzar el partido. Los locales no perdieron la cabeza. Los locales no podían rebotear como de costumbre pero robaban balones que terminaban en certeros contragolpes culminados por Xavi Sánchez o Powell. Vujanic entró por Marco y hasta el base serbio se contagió del espíritu de lucha de sus compañeros, tanto en ataque como en defensa.
Los primeros minutos del segundo cuarto fueron locales y con un Powell enchufadísimo y tirando del equipo logró empatar a 24. El único recurso cuando no entran las canastas es el sacrificio en defensa y así lo hicieron los pupilos de Moncho Fernández.
Al fin la calma
La segunda parte comenzó igual que el partido. Los gallegos anotando triples y los murcianos luchando lo indecible en defensa para tratar de acercarse a base de canastas de dos. Moncho había puesto en liza el mismo cinco que al iniciarse el partido. Volvía a jugársela. Pedro Robles llevaba puesta la camiseta de campeón de triples, Óscar estaba inconmensurable y Vujanic, esta vez sí, hacía su trabajo. Ver para creer, los locales se iban al final del tercer cuarto nueve puntos arriba (62-53). El parcial había sido de 30-15, histórico esta temporada, con cinco triples.
Los murcianos ampliaron la ventaja hasta los veinte puntos en el último cuarto y luego se dedicaron a controlar el partido y mantener la renta en la medida de lo posible. Moncho jugó con dos bases y aunque llegó a mandar por 23, un triple del griego visitante desde más de ocho metros dejó el definitivo 86-66. Los locales machacaron al rival en defensa durante la primera mitad y dieron una clase magistral en ataque durante la segunda con 54 puntos. Aplausos, alegría y el próximo domingo, a Badalona.