Q uizá por haber mamado la esencia del jazz desde la cuna -su padre fue contrabajista-, tal vez por haber crecido en el seno del libérrimo colectivo M-Base, acaso porque desde las alturas de su escalafón pueda permitírselo, lo cierto es que la de Cassandra Wilson es una decidida apuesta por la esencia que permite la modulación de las formas. Ahí la inspiración juega un rol determinante y en Cartagena, el viernes, las musas se alinearon en su equipo para ofrecer uno de los mejores conciertos de jazz de los últimos años.
Acompañada por unos músicos extraordinarios en su precisión y sutileza -capaces de aportar la intensidad exacta que Cassandra iba imponiendo a cada instante- y amparada por un repertorio sin fisuras, extraído de Loverly, su última entrega en la que lleva a su terreno piezas del cancionero americano, Wilson ofreció un derroche de delicadeza y calidad, de esa esencia que afirma andar siempre buscando y que a fe que esta noche encontró.
Abrió el show con el clásico de Duke Ellington Caravan, añadiéndole nuevas textura y profundidad como, insisto, haría con cada pieza del american songbook, y lo cerró apenas siete piezas y 75 minutos más tarde, desoyendo las peticiones de unos bises que ya tenía programados. Falta de generosidad, si quieren, pero sólo 15 minutos suyos ya hubieran justificado este festival de jazz. Como las verdaderamente grandes, Cassandra Wilson rehuye el foco principal para buscar la exquisitez global. No precisa del alarde, es una médium que busca, que consigue, la corporeidad de la magia del jazz.
A sleepin' bee suena enfermizamente calurosa, húmeda, puro jazz febril; de St James infirmary (Irving Mills) toma su corazón y lo convierte en una pieza de groove adictivo; casi sorprende lo moderadamente respetuosa que se muestra, sobre todo en la melodía, con Orfeo negro; lleva la sutileza hasta el límite de la desintegración en Something so right; nos obliga a firmar un pacto con el diablo en Pony blues... Qué diferencia con su actuación de hace tres años, entonces sólo hubo un par de destellos, en esta ocasión la brillantez copó la totalidad. Probablemente, el concierto del Cartagena Jazz 2009.
A continuación el astro de la guitarra John Scofield ofreció un buen concierto de blues y soul acompañado por su nueva banda, la Piety Street Band, con un buen Jon Cleary a la voz y el hammond.