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La tentación soy yo

Sociedad

La tentación soy yo

15.11.09 -
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Siempre que algo está prohibido se convierte en deseado. Un día tuve la tentación de blindar mi corazón, y de pronto, me di cuenta de que lo tenía encarcelando. Noté la cantidad de cosas que me estaba prohibiendo y decidí derribar todas las barreras. Empecé por quitar aquel muro, necesitaba saber qué había al otro lado. Por eso, cada vez que me encuentro un obstáculo, arremeto contra él con una patada tipo Bruce Lee, que si hay que saltar, salto y si no se cae, cojo un pico y una pala ¡faltaría más! Total, si esa grandiosa muralla china sólo está levantada para que llegue una inconformista y la cruce…
Es curioso, lo primero que hago es asomarme con cautela desde lo más alto, por si las moscas, que ya no está una para muchos líos; pero después, acabo lanzándome gustosa hacia lo desconocido. Me encanta hacerme la berlinesa y unir los dos lados.
Aunque no siempre he sido valiente ¡qué va! Recuerdo que de niña era tremendamente tímida ¡quién lo diría! La de cosas que se me escapaban por cobardica y cortada, hasta que un día…
Me moría de ganas por sentarme a su lado en clase, pero como era tan pava, me pasaba diez minutos todas las mañanas dando vueltas y cuando al fin me decidía, ya se me había adelantado otra. Y yo siempre me repetía que al siguiente no fallaría. Ese momento llegó, y nada ni nadie iba a impedir que compartiera el pupitre con él. Me ajusté bien los vaqueros, retoqué por enésima vez el flequillo, me subí los tirantes del sujetador para tenerlo todo bien puesto y por fin, me atreví a poner la carpeta de apuntes junto a la suya. En esas estaba, cuando siento unos golpecitos impertinentes por la espalda y oigo que alguien me suelta:
-Este sitio es mío, monada. Yo lo vi antes, has llegado tarde.
Creí morirme. Me puse colorada, pero me negué a que la estirada de Milagritos me ahogara la fiesta. Ella cogió mi carpeta, con aires de quien se cree que todo lo puede y yo, en ese momento, decidí meterme la timidez por donde me cupiese, pegué mis posaderas en el pupitre escogido y me agarré a la silla como una lapa.
Sabía que si retrocedía, jamás lo conseguiría. Entonces recurrí a un viejo truco que usamos los vergonzosos, bajé la cabeza y hablé susurrando, se gana tiempo y despistamos al enemigo. Milagritos creyó que me había vencido y se acercó a mí muy confiada y entonces le dije al oído:
-O te largas de aquí ahora mismo o le cuento a todos la chispera que cogiste el sábado, y que te liaste con el pintas de tu vecino.
Ella tirando de un extremo de mi carpeta y yo forcejeando con todas mis fuerzas para salirme con la mía; y él, como si estuviera en un partido de tenis, miraba a una y a otra. Pero cuando Milagritos y yo nos vimos tan ridículas, nos fijamos en que nuestro trofeo estaba ahí, esclafado y tan pancho en su silla, esperando a quedarse con la ganadora. Entonces, juntamos nuestras manos y de un carpetazo en su linda cabeza de mojigato, lo tumbamos. La unión hace la fuerza, no hay nada más sabroso y peligroso que dos mujeres aliadas ante un solo objetivo. Y con aquel porrazo conseguí tirar a la basura todos mis temores y comencé a disfrutar con la fuerza que da la libertad.
Pero debe ser que, como estuve tanto tiempo callada y escondida, en ocasiones tengo cuerda de más y me he vuelto un poco «sin-vergüenza»; vaya, que me ha salido un sentido del humor que hasta yo misma me asusto.
-¿Me da una caja, por favor?- le solicito muy educada al farmacéutico.
-¿De seis o de doce?- Pregunta subiendo la voz para que se entere hasta el apuntador.
-No, no. Yo me llevo siempre la de veinticuatro, es que las otras no me duran nada- le contesto más fuerte aún, ¡para chula, yo!
El farmacéutico me repasa de arriba abajo, se le escapa una sonrisita picarona y cuando va a abrir el cajón, le suelto apoyándome sensualmente en el mostrador y guiñándole un ojo:
-¡No hay nada como tres veces al día para regularme!
Pero una vez que he tirado mi muro de la vergüenza, ¿qué me ocurre? Pues que las cosas empiezan a volverse demasiado previsibles ¡Qué aburrido se vuelve todo cuando ya no queda nada prohibido, ni barreras por derribar! En ocasiones me dejo llevar por impulsos, por amores a primera vista, por locuras de juventud ¿Hay algo más divertido que caer de vez en cuando en la tentación? Aunque mirándolo bien, creo que la tentación soy yo.
http://blogs.laverdad.es/marcleo/ mar.cleo@yahoo.es
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