«Sí, Señoría, le di un puñetazo, pero después de que ella me dijera que había perdido mis derechos como madre». María de los Llanos G. E., la mujer acusada de dejar tuerta a su ex suegra después de que ésta le impidiese llevarse a su hijo, cuya custodia ostentaba el padre, no tuvo reparos en reconocer ayer la agresión ante el juez. «Ellos me impidieron llevarme a mi hijo», relató. «Me pegaron, me amenazaron y yo me defendí».
El relato que María desgranó ayer ante el tribunal dista mucho del que ofrecen las víctimas, los testigos y del que el Ministerio Fiscal sustenta para solicitar para ella una condena de ocho años de prisión. El 24 de febrero de 2006 la acusada acudió a una vivienda de la Senda de Granada en la que sus ex suegros residían, junto al que fue su compañero sentimental y el hijo de ambos. «Quería recoger al niño para llevármelo el fin de semana, verlo y hablar con él, pero ellos me cerraron la puerta para que no me fuera».
La procesada, según su versión, trató de montar al niño en su vehículo cuando sus ex suegros -los únicos que estaban en ese momento en la casa- se abalanzaron sobre ella y trataron de golpearla. «Mi suegro me dijo que iba a sacar la escopeta y me iba a arreglar el cuerpo», clamó. Fue en ese momento cuando María propinó un puñetazo en el ojo a su ex suegra. «Le di un puñetazo pero yo no llevaba ningún móvil en la mano», explicó. «No pretendía lesionarla».
El relato de la ex suegra de María sonó, sin embargo, muy diferente. «Ella entró muy violenta en la casa y el crío salió corriendo al oír los gritos, explicó. «Yo traté de explicarle que no podía llevarse al niño, pero ella me pegó un empujón y se lo echó a los brazos». Ya en la calle, la víctima relata que trató de parar a algunos automovilistas para que prestaran ayuda y que cuando observó que la acusada propinaba varias patadas en los genitales a su marido se acercó. «No se con qué me dio, pero sentí mucho dolor y empecé a sangrar».
La víctima ha perdido totalmente la visión del ojo en el que recibió el puñetazo. Una lesión que, según los forenses, podría deberse únicamente al impacto de los nudillos durante el puñetazo. «Después de lo del ojo sufrí una grave depresión», relató desanimada la que fue suegra de la acusada. «No puedo salir sola a la calle porque tropiezo con la gente. Me siento inútil».
La versión que sostiene la víctima cuadra, además, con la de una testigo que aquel día pasaba por la Senda de Granada y acertó a parar su coche al observar un tumulto de personas. «Vi como le pegaba un puñetazo a la señora y la mujer gritó: ¡Ay, qué daño!», explicó. «Luego me asusté porque le salía sangre entre los dedos».