El sector de la hostelería, como la sociedad en general, no termina de ver claro el endurecimiento de la ley antitabaco que plantea el Ministerio de Sanidad. Cree que redundará en sus bolsillos y que vendrá a agravar, aún más, la delicada situación en la que le coloca la actual crisis económica. «Después del café, a la gente que fuma le apetece un cigarro», explica Maximino García, propietario de la cafetería Zalacaín, en el centro de Murcia. «Si no pueden fumárselo aquí, comerán más en sus casas».
Su opinión es compartida por muchos hosteleros que ven en esta medida una amenaza para sus negocios. «Nos va a repercutir mucho económicamente porque más del 50% de los clientes que vienen a tomarse un café quieren fumarse el cigarrillo después», comenta Ángel Alegría, de la cafetería Orly.
Otra de las pegas que el sector achaca a este endurecimiento es la gran inversión que muchos de ellos hicieron en remodelar sus locales. Según Hostemur, un 15% de los hosteleros de la Región dedicaron entre 3.000 y 6.000 euros a adecuar sus establecimientos. «Te obligan a gastarte el dinero y ahora te quedas igual», reflexiona García. «¿Les van a devolver todo ese dinero?».
Salud e igualdad
No todo son pegas, sin embargo, en relación con esta medida. La mejora de la salud de todos es un argumento pesado que a muchos hosteleros no les pasa de largo. «A mí me parece perfecto», explica José Marquina, de Kistch Pub. «Los clientes estarán incómodos pero a la larga redundará en su salud».
La posibilidad de que esta medida iguale a todos los locales, a efectos de competencia, es otro de los razonamientos a su favor. «Si no se prohíbe en todos los sitios, la ley no es buena porque discrimina», explica José Roses, propietario de la Confitería Roses. «Con esta ley, por ejemplo, en las cafeterías confiterías no se puede fumar, pero sí en cualquier mesón».
Ésta es una de las bazas que Hostemur encuentra a esta ley. ««Si van a aplicar esta nueva ley, que se haga de forma rígida y severa para que iguale a todos los locales», explica su presidenta, Soledad Díaz. Es un clamor del sector que merece ser escuchado.