LA LUPA DE IBARRA
E n fútbol, como en otros muchos aspectos de la vida, hay cuestiones que sólo se pueden asumir desde la ignorancia, adobada con una buena porción de osadía. Si a eso se añade un indiscutible poderío, tenemos el Samper dixit ampliamente difundido por quienes acuden a él como al oráculo de Delfos.
Sólo así se entiende que el amo del Murcia (por cierto, ¿dónde esta el presidente?) pueda decir:
-Quiero un equipo ofensivo. Debemos salir a ganar todos los partidos.
Maravillosa fórmula, sin duda. El dueño del club al que ha sumido en la deuda más estratosférica de su historia, el amo de la entidad que ha recibido más beneficios en esta Región, el poseedor de la empresa de los éxitos más efímeros, el superaccionista de una institución sometida a la Ley Concursal, el hombre que dio atribuciones para que se tirara el dinero en fichajes increíbles, el que por dos veces subió a Primera para caer abiertamente en tres o cuatro meses, quiere jugar al ataque. Esa es la fórmula; ese, el sistema; esa la solución; ese el camino: esa, la gloria.
Y yo, que llevo tantos años metido en este asunto, y que también desearía (observen que utilizo el potencial, en vez del indicativo) que mi equipo jugara siempre al ataque, recuerdo aquella consigna de Ladislao Kubala:
«Para venir a mi equipo hay que querer, saber y poder». Y en su consecuencia, me pregunto:
-¿Quieren los jugadores del Murcia hacerlo mejor y jugar al ataque?
-Supongo que sí.
-¿Saben los jugadores del Murcia jugar mejor y al ataque?
- Alguno de ellos, tal vez, sí.
-¿Pueden los jugadores del Real Murcia jugar bien y al ataque?
-No lo sé. Tal vez un par de ellos. Y si alguien suscribiera estas respuestas, ¿está el Murcia en condiciones de jugar como quiere su dueño?
-Rotundamente, no.
El señor Samper, en su última excursión a Murcia (he visto en La Verdad una foto en la que se demuestra la alegría del llamado presidente, que sí estuvo en el campo, acompañando al dueño) ha dejado bien claro que no le gusta cómo juega el Murcia ni el sistema que emplea su entrenador. Y tiene perfecto derecho sentir lo que siente y a manifestar lo que manifiesta. A mí tampoco me gusta cómo juega el Murcia y no sé si tiene un sistema.
Lo que curre es que yo sólo soy un periodista que quiere al Murcia mil veces más que su dueño y lo que digo se puede tomar a título de inventario y no hacer ni puñetero caso. Pero lo que dice el dueño del 97% de la entidad que en otros tiempos fue de los murcianos, sí que es definitivo y me sugiere no pocos preguntas de las que, en mi actual estado de prudencia franciscana, sólo evacuaré alguna:
-¿Por qué se ha renovado el contrato a Campos? ¿Sabía mucho de esto en enero y se le ha olvidado en octubre? ¿Ha hecho el Murcia, de verdad, una plantilla capacitada para el ascenso? ¿Sin acudir a la cantata del último día, ¿cuántos lustros hace que el Murcia no tiene un portero de auténtica garantía? Sin ánimo de ofender, ¿es sólida una defensa a la que le meten los goles desde la cocina? ¿Se puede admitir que un balón en poder del guardameta contrario termine en el portal grana sin que lo toque nadie del Murcia? Sin querer molestar, ¿quién crea el juego en el centro del campo? Con todas mis disculpas, ¿se sabe ya quién tiene encomendada la tarea de meter los goles? Y, ruego que disculpen mi ignorancia, ¿quién se ha inventado eso de que tenemos una plantilla dotada para ascender?
Si yo fuera Marco Antonio diría que «no estoy aquí para desaprobar lo que Bruto habló». A mí tampoco me gusta cómo juega el Murcia porque tampoco sé a que juega. Un equipo que posee una afición que para sí quisieran otros, definitivamente instalados en Primera División
Ni quito ni pongo Rey, ni quito, ni pongo entrenador. Eso, y ni siquiera es cosa del intitulado presidente. Es cosa del amo, Y El amo, ha hablado.