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El 'anciano' seguirá dando guerra

Cultura

El 'anciano' seguirá dando guerra

Las puertas del teatro de Lorca, el más antiguo de la Región, volvieron a abrirse ayer tras su restauración con un espectáculo de danza del bailarín cartagenero José Martínez

25.10.09 -
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Para Lope de Vega, Tirso de Molina, Miguel de Cervantes, Lope de Rueda y Calderón de la Barca ayer fue un día importante. Desde que el mago de la pintura Manuel Muñoz Barberán decidiera convertirlos en notarios de todo cuanto aconteciera en el Teatro Guerra retratándolos en su cúpula, han visto pasar por el coliseo lorquino cientos de espectáculos, miles de artistas y técnicos, millones de ansiados espectadores. Pero ayer era diferente. Una nueva fecha para el inventario histórico de la ciudad del sol.
Después de algo más de 16 meses cerrado por obras, el Teatro Guerra volvía a abrir sus puertas. El más veterano de los teatros de la Región, con cerca de siglo y medio de vida, aparecía más mocico. Con cara rejuvenecida, más acogedor y preparado para permanecer otros 148 años, por lo menos, con el telón subido.
A mediodía todo estaba a punto para la reinauguración. Numerosos lorquinos aguardaban en la Plaza de Calderón la apertura oficial de las puertas de acceso. Entre los asistentes, miembros de la Administración local, regional y estatal, y representantes de colectivos sociales, económicos y empresariales de Lorca. Pasadas las doce y media se descubría la placa conmemorativa de la reapertura del coliseo. La segunda que se lleva a cabo desde el año 1861. La primera fue en el año 1989.
Durante los discursos, tanto el alcalde de la ciudad, Francisco Jódar; como el delegado del Gobierno, Rafael González Tovar, destacaron la importancia del inmueble como uno de los edificios históricos más importantes de la Región que, además, está catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC). Su restauración se ha llevado a cabo conjuntamente entre el Consistorio y el Gobierno central.
Protocolos y oficialidades cumplidas, llegaba el momento más esperado. El telón del Guerra volvería a subirse. Tras el cortinaje un impecable piano y un hombre fundido a él, a cada una de sus teclas, Antonio Narejos. Sólo el sonido que emanaba del instrumento tenía en ese instante licencia para romper el silencio sepulcral del patio de butacas. La Danza del Molinero del Sombrero de tres picos comenzaba a sonar. Manuel de Falla se hacía presente a través de las virtuosas manos de Narejos.
La fuerza de la música iba in crescendo, el sentimiento del pianista también. Desde un lateral del rehabilitado escenario aparecía el esbelto y elegante semblante de José Martínez, el artista cartagenero que ya figura con letras de oro en el listado de estrellas de la Ópera de París.
Al igual que para los clásicos, que no perdían detalle del acontecer del acto desde su cúpula vigía, también para José Martínez era una jornada importante. Consciente de que su nombre y el de su compañera, Agnès Letestu, irá ya siempre vinculado a la reapertura del Guerra, ofreció un primer pase de tinte popular español al son de la composición de Falla interpretada por Narejos.
Baile y música se divorciaron durante unos minutos para que esta última cobrara todo el protagonismo a través de piezas como Andaluza,Los Sortilegios y Danza del fuego de la obra El amor brujo del eterno Manuel de Falla. Ausente de todo pero sin olvidarse de nada, el pianista Antonio Narejos se despidió del público lorquino con una explosión de ritmos de los que obligan a preguntarse por la realidad de las cosas, y a rendir pleitesía a los magos de la música.
Los aplausos dejaron paso de nuevo al silencio. La situación lo requería. La música de Tchaikovsky irrumpía en el escenario con la pieza Diamantes. José Martínez y Agnès Letestu volvían a convertirse en el centro de impacto visual de todos los allí presentes. Un sinfín de movimientos y gestos alumbraron sobre las tablas del Guerra un juego de seducción, una retórica del amor convertida en danza. Una forma más de poesía. De esa de la que Lope de Vega dijo que era pintura de los oídos.
Poco más de media hora duró la primera actuación del retocado Teatro Guerra. Poco más de muchas vidas seguirán disfrutando de humor, música y teatro en el interior de este acogedor anciano.
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Asistentes al acto de reinauguración aguardaban ayer ante la restaurada entrada principal del Teatro Guerra. / SONIA M. LARIO / AGM
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José Martínez y Antonio Narejos, al piano, en el escenario. / S. M. / AGM
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Martínez y Agnès Letestu. / S. M. L. / AGM


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