Un hombre tranquilo y exagerado. Alfredo Bryce Echenique. Un falso despistado que en realidad es «un narrador nervioso, intuitivo y emotivo». Un perplejo de manual -que él mismo escribe a base de perplejidades y otras certezas-. Habla suave que no es lo mismo que despacio, pero tampoco habla rápido. «Mi humor no es un dardo envenenado sino una forma de observar el mundo», explica el autor de La vida exagerada de Martín Romaña, un escritor «bastante sentimental y nostálgico», a la par que «un escéptico sin ambiciones». Bryce Echenique: un aristócrata de la sonrisa.
Pasó ayer el escritor peruano por la XIV Semana de la Literatura y el Cine Francés, que patrocina la Fundación Cajamurcia, para hablar de su Guía triste de París.
- ¿Cómo se definiría Alfredo Bryce Echenique?
- He pasado cuarenta y tantos años en Europa intentando ser escritor y lo fui. Así que me defino como tal. Pero en vista que durante todo ese tiempo he mantenido a todos mis amigos del colegio unidos y también a los de Barcelona, Madrid, París y Montpellier, me defino también como amigo.
- ¿Se escribe para lograr amigos o para mantenerlos?
- Yo dije en una ocasión que uno escribe para que lo quieran más..., quizá se escribe para que a uno lo estimen y lo respeten más. Yo fui hasta abogado para dar gusto a mi familia hasta que, con la conciencia limpia, me escapé en un barco de carga. En Perú se reían de mí cuando explicaba que quería ser escritor; se va a París para ser un bohemio y un borracho; decían; incluso mi padre me dio una hostia que aún me duele. Pero me fui a París y regresé convertido en escritor. Es raro, pero pase momentos difíciles que hoy recuerdo como los más felices de mi vida.
- ¿Quizá se escribe para poder devolver algunas bofetadas?
- No. Mi padre era banquero, al igual que mi abuelo. Mi primer hermano era retrasado mental y el segundo un tarambana, así que esperaba que yo siguiese sus pasos porque era muy buen alumno en el colegio y en la universidad. Aquello fue muy duro y violento para él; se sintió defraudado; se murió en octubre del 67 y en octubre del 68 salió mi primer libro..., yo creo que se hubiese sentido orgulloso.
- ¿Qué le incomoda, qué le irrita, qué no soporta?
- La impuntualidad. Sigo siendo británicamente puntual. Si hubiera leído durante las horas que he esperado gente a lo largo de mi vida, ahora sería un hombre cultísimo.
- Entre tanto viaje, tanto ir y venir y tanto libro, ¿qué ha aprendido Bryce Echenique?
- Que el país de uno es relativo. Odio el patrioterismo, que me parece algo cursi y estúpido. El país de uno son unos cuantos paisajes y unas cuantas personas y ese país está en todas partes.
- El humor, eso tan complejo del humor, ¿cómo lo definiría?
- No tiene definición. Nadie lo ha logrado, ni tan siquiera Cervantes. Es algo que surge y que no se puede pensar. En el caso de Quevedo era un dardo envenenado, pero yo soy más cervantinamente irónico, un humor que comienza por uno mismo y que es una forma de observación y reflexión, una plumilla de badminton que revolotea y que no hace daño a nadie.
- ¿Qué nos salva del aburrimiento y la mediocridad?
- Yo mismo. Si me quedo sólo en un sofá..., me muero de risa.
- Eso sí que es una virtud, escasa, por cierto.
- Una suerte, sino me hubiese pegado un tiro.
- La literatura, ¿es un don o una condena?
- Es un oficio que demanda mucho trabajo, una larga sentada diaria. Yo como, tomo un café y subo a mi estudio y estoy horas y horas delante del ordenador; y hay días fabulosos y días de mierda. Mientras viajo no puedo escribir..., pierdo la concentración y estoy atento a los amigos.
- En el fondo, ¿es usted un romántico?
- No. Soy un pesimista al que le encanta que todo salga bien.
- ¿Es optimista?
- Claro, Yo todos los lunes convoco a mis compañeros de colegio y comemos juntos en una pescadería maravillosa, a trescientos metros de mi casa limeña, cuyo nombre es ya todo un poema: El pez amigo. Eso es buen humor, alegría de vivir, cariño…
- ¿A qué tiene miedo Bryce Echenique?
- He viajado a España para ver a una amiga que está muy grave: está paralítica y ha perdido el habla. No tiene ni cincuenta años y fue mi secretaria. No logro comunicarme con ella..., a eso le tengo miedo.
- Hay siempre, o casi siempre, en sus novelas una mirada femenina a través de mujeres fuertes, valientes, emprendedoras, dotadas de una gran imaginación e inteligencia…
- Por un feliz trauma de infancia. Cuando era niño, con unos tres años y medio, mi madre mandó a mi hermana, la mayor de las chicas, al cole que estaba enfrente de casa. Y como las monjas eran amigas suyas me envió a mí de paso, supongo que para quitarme de encima. Un día me cagué, me dio diarrea, y el castigo de esas brutales y geniales monjas fue mandarme donde las chicas mayores, de quince o dieciséis años, que me llenaron de besos y caricias. Yo miraba hacia arriba, porque eran todas altísimas..., y así sigo, mirando con profundo respeto y amor.
- También hay una mirada perpleja al mundo en sus relatos…
- Quizá por la mismas razones, por el asombro que un castigo se convierta en una bendición de Dios.
- ¿Qué le deja ahora perplejo?
- Que la gente, como esta amiga que está paralítica en Barcelona, que más voluntad de vivir tiene no pueda vivir.
- ¿Qué le gustaría ser de mayor?
- Bueno, he cumplido ya los 70. No hay nada que suprimiría de mi vida..., bueno quizá mi segundo matrimonio.
- ¿Cómo va la adaptación de Un mundo para Julius al cine?
- No se hará. La empresa que compraba los derechos de autor no era solvente. Un desastre. No me hacía demasiada ilusión, pagaban bien, eso sí, pero yo sabía que no iba a ser una buena película.
- ¿Qué se trae entre manos y entre papeles?
- Estoy leyendo libros para una novela sobre una gran familia que viene a menos en dos o tres generaciones. Es una novela desde hace mil años pensada que se titula Dándole pena a la tristeza. No tengo ni una línea escrita. He alquilado una casa en una playa perdida y allí comenzaré a redactar en enero.
- Y sus juicios por supuesto plagio, ¿cómo van?
- Queda uno por cerrar y luego se resolverá este invento de la prensa de Fujimori para hacerme daño por ser muy duro y crítico con ese régimen atroz. Bueno, Fujimori está en la cárcel, eso es lo importante
- Por cierto, ¿cuál es el lugar más triste de París?
- Quizá mi casa
es un viajero infatigable
y hasta ahora, no ha parado
Premio Casa de las Américas
Nacional de Narrativa
«eso que te hace más soportable la vida»
Premio Planeta
«el escritor es un ser sorprendido»
última novela