El teatro musical requiere de su intérpretes, junto a la formación como actores, actrices y cantantes, una muy importante base de danza. Si en la opera o la zarzuela, cantantes y bailarines están diferenciados, en los musicales todos tienen que hacer todo, interpretar, cantar y bailar. En cuanto a los argumentos, son tan variados que de cualquier historia se puede hacer un montaje en el que la gente se lo pase pipa, se ría, llore, se emocione y, de cualquier forma, disfrute de la magia del teatro sintiendo como propia cualquiera de sus funciones. El fenómeno del musical Mamma mía!, con su proyección internacional, se basa en la buena música de Abba, grupo sueco cuya existencia no solamente marcó una generación de los años setenta sino que su popularidad ha sobrevivido al paso del tiempo y sus canciones resultan totalmente actuales. El divertido planteamiento de una historia familiar, madre e hija, boda, búsqueda de un padre, amigas de siempre, da pie a dos horas y media de espectáculo en las que estás bailando por dentro y por fuera, el ritmo te atrapa, tarareas las canciones, aplaudes, acompañas con tu propio ritmo y disfrutas con la coreografía de todos los números, defendidos por estos buenos profesionales que bailan sin parar, saltan, giran y vuelan mientras cantan. Además de esto (lógico, en un musical se canta y se baila, ya), el acierto de una historia bailada es que los pasos y los gestos estén en concordancia con la personalidad de cada uno de los protagonistas y esto se logra cuando los interpretes asumen como propios cada uno de los movimientos creados por el coreógrafo. En Mamma mía! todo se puede bailar, desde la propia escenografía, ágil y práctica, a cualquier motivo que implique movimiento y, de entre todos los estupendos interpretes, la hija, el novio, los tres posibles padres, las personalidades de las tres buenas amigas de toda la vida, resultan fantásticamente definidas en cada una de sus intervenciones, llevando buena parte de la justificación de la obra, cuyo final, propio de este estilo de musicales, hace bailar hasta al más tímido. Bien por Nina y Abba.