Al circuito de Interlagos se llega desde el aeropuerto de Guarulhos después de tres horas, si el tráfico insoportable no decide que sea más. El paddock del circuito es tan viejo que cuesta creer que la sibarita Fórmula 1 pare en sus dependencias.
Hay atracos frecuentes en el exterior y cualquier cita se programa con una hora de espera segura. Todo esto castigaría sin remedio al Gran Premio de Brasil si no fuera porque reúne algún hechizo mágico -la samba, la alegría de su gente- que lo convierte en el habitual punto resolutivo de la F-1. Aquí se han decidido los últimos cinco campeones y aquí tienen lugar las carreras más divertidas de cada año. Aquí ganó ayer el Mundial Jenson Button en la cita más entretenida del año.
Y aquí se vivió la montaña rusa de las emociones para la torcida brasileña, que ya se solazaba con su compatriota Rubens Barrichello en el disparadero de la pole, Button desplazado al pozo en la parrilla (decimocuarto) y un torrente de sensaciones preparadas en el vestuso trazado de los dos lagos.
Todo lo que podía pasar, sucedió en la primera vuelta desquiciante en la que la energía de los pilotos se transformó en fibra de carbono esparcida por la pista como ronchas de piel sobre el césped. Sutil impactó contra Trulli cuando ya parecía ordenada la carrera en la cuarta curva y de ahí, a la vorágine. Sutil se llevó por delante a Alonso en su intento por volver a pista marcha atrás.
Alonso, a la caseta
Mientras el español se marchaba a la caseta, Trulli y Sutil casi llegan a las manos en su intercambio de pareceres sobre la culpabilidad del trance. Raikkonen se quedó sin alerón delantero, y lo mismo sucedió a Kovalainen, quien al salir del garaje se llevó la manguera puesta y provocó un pequeño incendio frente al coche de su compatriota de Ferrari. Coche de seguridad, cuatro abandonos en el primer giro, pero Barrichelo en la punta para satisfacción de sus paisanos. La gente de Interlagos se negaba la memoria. Había olvidado el minuto de gloria de Massa el año pasado antes echarse a llorar cuando se enteró de que Hamilton había rebasado a Glock.