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Cultura de talonario

REGIÓN MURCIA

Cultura de talonario

La Consejería aumentó su gasto un 46% entre 2007 y 2008, una parte del cual lo realiza a través de sociedades y entes públicos a veces con escaso control y rigor, como revela el 'caso Emasce'

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El consejero de Cultura y Turismo, Pedro Alberto Cruz, se precia de haber convertido a la Región de Murcia en una referencia cultural nacional en los poco más de dos años que lleva en el cargo. Aunque viendo los casi 129 millones de euros de fondos públicos que gastó en esta materia el pasado año muchos exclamarán: ¡Así cualquiera!
Cruz llegó a la Consejería en julio de 2007, año en que la cultura regional dispuso de 88,2 millones de euros. Al año siguiente, con el primer presupuesto enteramente suyo, el gasto final ascendió a 128,8 millones de euros (el presupuesto inicial era de 96,9 millones), con un aumento en un solo año del 46%. Para este año, el proyecto presupuestario recoge un gasto en cultura de 99,3 millones, de los que a finales de agosto ya había comprometidos 65,9 millones de euros.
Sus defensores elogian su faceta de agitador, provocador e impulsor del arte, sobre todo si es contemporáneo y alternativo; mientras que sus detractores le achacan haber apostado por una cultura de nuevo rico, con eventos tan espectaculares como efímeros, tan caros como frívolos.
En los primeros compases de su mandato, Cruz ya generó malestar en varios ayuntamientos al apostar económicamente por sus proyectos culturales rupturistas en perjuicio de los tradicionales festivales de teatro y musica que se celebraban desde años en la Región.
Los más de 2 millones de euros del SOS 4.8; el 1,1 millones de euros del concierto de la MTV en Cartagena; el casi millón de euros que costará la nueva edición del PAC; los 240.000 euros del alquiler del espacio para la bienal de Venecia o los 400.000 euros con que, según se ha publicado, se subvencionó el concierto de REM en Murcia, son algunas muestras de la política cultural de Cruz.
Karabatic en avión
Un caso singular fue el de la obra Islamic mirror, del artista anglo-indio Anish Kapoor, cuya exposición en el Museo de Las Claras, de Murcia, durante un par de meses, le costó a la Consejería más de 100.000 euros. Acaba la exposición, y puesto que Cruz no logró patrocinadores para terminar de adquirir la obra, ésta voló a la feria de arte de Dubai, donde fue vendida por el artista.
A ello se suman otras iniciativas que también han generado controversia, como la mendaz campaña de Vladimir Karabatic y los casi 3 millones de euros destinados a una campaña de publicidad en aviones.
El importante peso presupuestario conseguido por Cultura el pasado año, y sostenido en el actual, a pesar de la profunda crisis económica y de que la Región de Murcia cuenta con prioridades más apremiantes que la difusión del arte contemporáneo, le han granjeado recelos al consejero incluso dentro del propio Consejo de Gobierno. En las reuniones de los viernes en el palacio de San Esteban ocupa asiento en uno de los extremos y, según uno de sus compañeros, abre el portátil sobre la mesa y apenas interviene en las deliberaciones. «Da la impresión de que va por libre», comenta.
Amigos y socios
Sin embargo, el presidente regional, Ramón Luis Valcárcel, ha mantenido hasta ahora una confianza plena en Cruz, algo que no se puede imputar exclusivamente a los lazos familiares que les unen.
De hecho en la última remodelación del Gobierno regional, en septiembre de 2008, Valcárcel suprimió la Consejería de Turismo y le asignó esta importante competencia a Cruz, cuando quizá lo más coherente con el programa de gobierno del PP, que subraya la relevancia del sector turístico como dinamizador de la economía regional, hubiera sido lo contrario.
Al margen del debate conceptual que genera su gestión, existe otro de carácter administrativo e incluso legal derivado del escaso control y rigor con que, en ocasiones, su Consejería hace uso del dinero público, como se ha puesto de manifiesto con el caso de la sociedad Emasce, formada por personal vinculado a la Consejería y que, incluso antes de inscribirse en el Registro Mercantil, se benefició de varios contratos adjudicados a dedo por este departamento, según ha publicado La Verdad en los últimos días.
Algunos de estos contratos fueron suscritos y abonados por Murcia Cultural, S.A. y la fundación Agencia de Promoción de la Cultura, dos de las sociedades y entes públicos dependientes de la Consejería que ésta utiliza para desarrollar sus funciones. Gracias a su configuración y autonomía, estos entes permiten una gestión más ágil, pero también sin los estrictos controles existentes en la administración general de la Comunidad Autónoma.
En el caso de Emasce se entremezclan la falta de rigor administrativo con las relaciones de amistad que unen a sus principales protagonistas, lo que ha permitido a una sociedad sin experiencia y sin ningún empleado dado de alta en la Seguridad Social facturar más de 40.000 euros a la Consejería de Cultura en apenas un año.
El relato de los hechos expuestos por La Verdad es revelador de cómo la Consejería, bien directamente o a través de los entes dependientes de ella, contrató con una sociedad que no estaba ni registrada y le adjudicó encargos incluso por encima de 20.000 euros sin publicidad ni concurrencia.
En teoría, Miguel Tébar, uno de los directores del sello discográfico Tres Fronteras, propiedad de la Consejería, y Vanessa-Sara Salvo son los dos únicos socios e integrantes de Emasce, pero en su puesta en marcha son ayudados activamente por Isabel Durante, asesora del consejero Cruz.
La Consejería llegó a pagar 9.350 euros a esta sociedad por un evento que fácilmente habrían podido organizar los propios funcionarios de Cultura: la presentación, con aperitivo incluido, de la revista Cool-Tura.
Esta supuesta generosidad presupuestaria con los conocidos y amigos es otro de los reproches que con más frecuencia se escuchan en el mundo cultural murciano contra el consejero, y no sólo de aquellos que no gozan de su favor. El hecho de que su tío sea el presidente del Gobierno regional no le beneficia, pero más daño le hacen su aparente pedantería, su falta de humildad y su impermeabilidad a la crítica.
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El consejero Cruz en la presentación del PAC el 24 de enero de 2008. / M. BUESO


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