En el fútbol uno más uno es igual a nada. Al menos para un equipo que quiere ascender a Primera División. Los empates no sirven. Un punto, jornada tras jornada, puede significar la permanencia. Poco más. Tras siete partidos y seis empates el tiempo de las excusas en el Real Murcia se ha agotado. Ya no vale mirar fuera. El problema está dentro. Y el problema enfoca, primero, al banquillo.
José Miguel Campos comienza a ahogarse. Lucas Alcaraz contribuyó ayer a quitarle un poco de oxígeno. Los problemas del equipo grana no pasan sólo por el banquillo, pero se inician en un entrenador al que a veces se le discuten determinadas decisiones, como la salida ayer de Pere Martí al campo, o la falta de ambición en algunos planteamientos.
Pero los motivos por los que el Real Murcia está hundido en el fondo de la tabla son mucho más que un cambio. Ayer Bruno falló un penalti que estaba llamado a ser lanzazo por Luque; los palos aparecieron varias veces a lo largo del encuentro; y Navas, el portero del Córdoba, salvó numerosos balones que parecían goles.
Pero por encima de las muchas ocasiones para llevarse la victoria que el equipo grana tuvo en la segunda parte, el resultado dicta que Lucas Alcaraz le ganó el mano a mano a José Miguel Campos. El técnico andaluz, tras el empate, enredó al Real Murcia en una maraña de defensas que el técnico grana nunca supo cómo superar. Alcaraz, fiel a su estilo, lo hizo con un método que suele ser denostado y menospreciado, pero que a él siempre le ha dado resultado en esta categoría: entregar el campo, esperar atrás y renunciar al ataque.
Así se llevó el Córdoba un punto de Nueva Condomina y así perdió el Real Murcia otros dos. De nada le sirvieron unos buenos minutos en el inicio del partido. Jugaron los grana a pecho descubierto, dispuestos a marcar goles desde el primer minuto, pero después de los noventa terminaron amoratados de tanto intentarlo.
Y todo a pesar de que el Real Murcia tiene a Luque, un futbolista capaz de tirar a puerta en cuanto toca la pelota. Ayer se mereció el gol. En la segunda parte dio un recital de lanzamientos a puerta. Cada vez que participaba en una jugada la pelota salía rozando el larguero, o el palo, o ponía en apuros a Navas.
Todo el equipo hizo un gran esfuerzo por sobreponerse a las muchas calamidades que tiene que soportar jornada tras jornada. Si hace quince días el Salamanca le empató pasado el minuto noventa, ayer tuvo que superar el gol de Pepe Díaz y el error de Bruno al lanzar el penalti.
El Real Murcia no se desesperó y justo antes de marcharse al descanso, Sergio Fernández se aprovechó de una pelota muerta entre una nube de piernas para empatar otra vez el partido.
Pero al equipo grana le falta la suerte y la capacidad de resolver las jugadas más sencillas. Los disparos de Luque, la velocidad de Pedro o las ganas de Kike fueron los protagonistas durante más de la mitad del partido. Pero nada. El Córdoba no estaba dispuesto a ceder. Ni se desgastaba, ni flaqueaba. Pasaron los minutos, pasaron las ocasiones. El equipo grana sigue sin ganar. El futuro comienza a nublarse. El club necesita soluciones.