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Obama Nobel de la Paz

La Academia sueca concede el galardón al presidente norteamericano por su empeño en cambiar el clima diplomático

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«Wow», fue la escueta respuesta del portavoz de la Casa Blanca Robert Gibs cuando un reportero de la CBS le comunicó la noticia por email. Eran las 5.45 de la mañana. El flamante Premio Nobel de la Paz dormía plácidamente en la Casa Blanca, sin saber siquiera que había sido nominado doce días después de asumir la presidencia.
«Dejadme ser claro», dijo después Barack Obama . «No lo veo como un reconocimiento de mis propios logros, sino como una afirmación del liderazgo estadounidense en nombre de las aspiraciones que tienen los pueblos de todas las naciones», continuó. «Para ser honestos, no creo que merezca estar en compañía de tantas figuras transformadoras que han sido honradas con este premio», reconoció.
La única explicación que encuentra es que el Comité se lo haya otorgado «no para rendir homenaje a determinados méritos, sino para dar un impulso al ramillete de causas» que él propugna, por lo que ha decidido aceptarlo «como una llamada de acción».
En la Casa Blanca nadie quiso despertarlo hasta que tuvieron claro que «Hoy no es el Día de los Inocentes, ¿verdad?», se preguntaron sus asesores en voz alta, según la cadena ABC. Poco después la pregunta que se hizo todo Washington, según Associated Press es «¿Por qué». Los premios Nobel de su partido a los que la prensa asaltó en busca de una explicación tuvieron que llenarlo de contenido. «Es una rotunda declaración del apoyo internacional a su visión y compromiso», dijo el ex presidente Jimmy Carter, que lo recibiese 21 años después de abandonar la Casa Blanca.
Al Gore
El ex vicepresidente Al Gore, apóstol de la ecología, aseguró que es un premio «extremadamente bien merecido» porque lo que ha logrado ya va a ser bastante más apreciado a ojos de la historia.
Presionado al respecto, Gore mencionó la rotunda prohibición de la tortura con que Obama inauguró su presidencia, la renuncia a los escudos antimisiles en Europa del Este que enfrentaban al mundo con Rusia, y el reciente discurso en Naciones Unidas en el que pidió la abolición de todas las armas nucleares y un frente común para luchar contra las ambiciones nucleares de países como Irán.
Tenían que darse prisa para contrarrestar la sorpresa de su propio país y calmar la indignación del partido republicano, que no entendía por qué los últimos tres Nobel de la Paz que ha recibido EEUU recayeron sobre tres altos cargos demócratas (Obama , Gore, Carter) «y nunca a Reagan», repetían escandalizados los reporteros de la cadena Fox. Para el ala conservadora, Reagan fue el artífice de la caída del muro de Berlín. Mérito que obviamente el mundo no ve con los mismo ojos.
Ninguno mencionaba un republicano infame que también está en la galería de Nobel de la Paz: Henry Kissinger, ex secretario de Estado con Richard Nixon, que entre sombras promovió la guerra y sin embargo se atribuyó la paz en Vietnam. El vietnamita Le Duc Tho, copremiado junto a él, fue el único que se ha negado a recogerlo en toda la historia del galardón.
Algunos patriotas como el senador John McCain, ex rival de Obama , hicieron gala de nobleza en medio de tanta sorpresa y crispación al sentirse orgullosos de que un presidente estadounidense reciba tal honor, pero los halcones de su partido pedían incluso que declinase el premio. «La verdadera pregunta que se están haciendo los estadounidense es qué ha hecho en realidad el presidente Obama para merecerlo. Es desafortunado que su aura de estrella haya opacado a incansables defensores que han hecho verdaderos progresos por la paz y los derechos humanos», dijo el presidente del partido Republicano Michael Steele.
Con poco más de ocho meses en la Casa Blanca, Obama no ha logrado comprometer a su país a reducir las emisiones contaminantes que provocan el cambio climático, y probablemente llegue a la cumbre de Copenhage con las manos vacías. El plazo de un año que dio para cerrar Guantánamo parece inalcanzable a ojos de su propio gobierno, la reforma sanitaria resulta ya tan descafeinada que si pasa será una victoria pírrica, y smócratas suspiraban de alivio. Después de dilapidar su capital político a nivel interno con la reforma sanitaria, y de perder su tirón internacional al no lograr que Chicago pasase siquiera la primera ronda de votaciones del Comité Olímpico, el Nobel de la Paz es un inesperado premio que servirá de balón de oxígeno.
«Mira papá, hoy has ganado el Nobel, es el cumpleaños de Bob (el perro de la familia) y además este fin de semana es puente», se congratuló la pequeña Sasha. «Es bueno tener hijos para que te pongan las cosas en perspectiva», se rió el presidente.
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