Colillas, capullos de seda, imperdibles, peines, cremalleras, botones, ruedas de coches de juguetes y hasta los estropajos nanas se pueden convertir en objetos de deseo después de pasar por las manos de las nuevas generaciones de creativos joyeros que se forman en la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Murcia. Bajo las premisas de aunar el dominio de las técnicas tradicionales de joyería y la investigación sobre nuevos materiales, los alumnos de Joyería Artística proponen Joyas por prescripción, una exposición en la que ofrecen una selección de los más originales y finos trabajos realizados durante el curso, y que se puede visitar desde ayer y hasta el 16 de octubre en el interior de la Escuela Superior de Arte Dramático de Murcia.
El objetivo de Joyas por prescripción es sugerir al público que, por analogía con el médico de familia, ponga en su vida un joyero de familia. «Como son joyas de autor y personalizadas, pensamos que igual que existe el médico de cabecera, los joyeros de mañana pueden tratar de crear una joya específica para cada persona, teniendo en cuenta su personalidad, profesión, gustos, forma de vestir... Un joyero de familia que oriente a cada uno para que su imagen funcione mejor, porque la joya forma parte del atuendo de cada uno», explica Virginia Pilar Pagán, profesora de Taller de Joyería y coordinadora de la muestra.
Convencidos de que el diseño ha superado en joyería al valor de los materiales, los futuros joyeros experimentan «con todo lo que me encuentro por mi casa o por la calle», asegura dicharachera Majo Silva, «la loca de los peines, me llaman». Un apelativo cariñoso que nada tiene que ver con su estado mental, sino con sus creativos conjuntos de pendientes, pulseras y broches que elabora con peines y pintura y que «me están pagando la estancia en Murcia», confiesa esta mazarronera. «Hasta con una bolsa de patatas se puede hacer un brazalete. Todo puede ser convertido en joya», sentencia Majo, para quien joya y diversión van unidas: «Si me aburre algo, cambio radicalmente».
Además de dar valor al diseño, el uso de objetos cotidianos en una joya salva, en buena medida, el problema de la crisis. «En primer lugar, son materiales baratos con los que podemos contar sin problema y, luego, permite a todo el mundo adquirir más cantidad de joyas para poder combinarlas», explica Teresa Cano, que, como sus compañeras y compañeros, no duda en lucir sus creaciones, en este caso un collar, un anillo, una pulsera y unos pendientes realizados con cremalleras.
No obstante, no piensen que Joyas por prescripción es una simple colección de baratijas más o menos artísticas. Piedras preciosas, perlas, oro y plata conviven con aluminio, madera, cobre, latón y alpaca, además de otros objetos rescatados hasta de la basura.
Pues ya saben, 'perlas, tres por semana'; 'anillos, uno al mes'; y 'pendientes, dos al mes'. Hagan caso a los especialistas.
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