Cinco cuentos como cinco alimañas (enjauladas o en libertad, depende del lector, de sus gustos y sus terrores). El astuto alimañero-narrador se llama Rafael Balanzá y se adentra en las trampas y en las madrigueras del mal, de la angustia, del dolor... Escribe sobre el filo de una navaja y, claro, hay sangre y algún que otro cadáver. La realidad, pese a su paquidérmica apariencia, es frágil y se quiebra por donde menos se espera y en esa fisura, quizá microscópica, mete el bisturí Balanzá para contarnos historias en las que se mezclan el absurdo y lo terrible. Es como un zumbido en los oídos y, de repente, aparece el otro lado de lo cotidiano, la zona oscura en la que «el destino se convierte en una aberración burocrática».
No hay explicaciones para esa realidad fracturada, tampoco soluciones. Cuando se cruza esa frontera todas las conjeturas son posibles; los hábitos se quebrantan, la vida se convierte en un inmenso malentendido, lo más nimio se hace grave, todo se empaña de una presentimiento morboso, todo segrega una sensación de culpa y tristeza, de podredumbre y soledad; las armaduras morales se reblandecen, asoman los cuchillos..., es algo que le puede pasar a cualquiera, en cualquier momento, sin previo aviso. Y eso es lo que convierte a los cuentos de Balanzá en certeras armas arrojadizas, en alarmas, en vértigo. Parecen los personajes que habitan esas narraciones como perdidos, zarandeados por una realidad que les ha dado la espalda o les ha expulsado a un lugar tenebroso, peligrosamente simétrico a la realidad conocida y cotidiana; todo es extremadamente nítido y borroso a la vez. Nada cambia y todo se transforma.
Aturden estos cuentos de violencia seca. En uno de ellos, Sin razón –que mantiene acres aromas a Camus–, asistimos al nacimiento de un odio insensato y de un hombre que acepta transformase en verdugo de la misma forma que más tarde aceptará convertirse en víctima. Es un chasquido: una realidad rota..., las sombras comienzan a moverse. Tengan cuidado, en ocasiones ocurren esos sucesos triviales a nuestro alrededor, por ejemplo, un asesinato; podemos ser los testigos, pero también los protagonistas. Balanzá tiene la última palabra.
FICHA DE LA OBRA
‘Crímenes triviales’.
Rafael Balanzá.
Editorial: Ediciones J.J. Nicolás. Colección Espuela de Oro (Murcia. 2007). 137 paginas. 15 euros