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Como ríos desbordados

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Como ríos desbordados

Siete horas tardó la Virgen de la Fuensanta en llegar a su santuario, rodeada de fieles fervorosos La lluvia comenzó cuando la comitiva entró en Algezares y la imagen fue cubierta con un plástico

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Antes del amanecer, ya las campanas de la Catedral convocaban a los fieles para la misa de despedida de la Virgen de la Fuensanta. Por las calles de la ciudad, como ríos desbordados, iban los fieles agilizando el paso, para poder encontrar un sitio antes de que la Catedral quedara colapsada de gente. Cuando el obispo, José Manuel Lorca Planes, inició la eucaristía, concelebrada junto al obispo del Alto de Bolivia, monseñor Jesús Juárez, y otros sacerdotes, las naves de la iglesia estaban llenas y muchos fieles tuvieron que seguir la misa desde la calle. Un alegre volteo de campanas junto a los aplausos y vivas de los fieles, acompañaron ayer la salida de la imagen de Nuestra Señora de la Fuensanta de la Catedral, cuando el reloj de la Torre marcaba las ocho y diez minutos de la mañana.
La plaza del Cardenal Belluga era un hervidero de gente y apenas se podía organizar la comitiva oficial de autoridades, que debía dar escolta a la Virgen hasta el barrio del Carmen. Encabezaron la comitiva las autoridades eclesiásticas, seguidas por el alcalde, concejales y representantes de los distintos festejos de Murcia, así como por miembros del Cabildo Superior de Cofradías. Nadie quiso faltar a la despedida de la Patrona.
La imagen de la Virgen fue vuelta en la puerta de la iglesia del Palacio Episcopal antes de proseguir su camino hasta la iglesia del Carmen. Desde el balcón del Museo de la Sangre recibió su primera lluvia de flores antes de llegar al inicio de Torre de Romo.
Una gran traca de despedida se lanzó desde el jardín de Floridablanca y la Virgen fue girada para que echara una última mirada a su ciudad, antes de emprender el camino.
El alcalde y las autoridades se retiraron junto al obispo en Torre de Romo, aunque luego, en el cruce de la autovía con Santiago el Mayor, se volvió a incorporar al cortejo Miguel Ángel Cámara, alcalde de la ciudad, junto a un grupo de sus concejales, para subir hasta el Santuario andando, junto a la Patrona, como unos murcianos más.
La familia Frutos, en Torre de Romo, lanzó en forma de lluvia sobre la corona de la Virgen, los pétalos de seiscientas docenas de rosas y mil doscientas docenas de claveles, mientras un altavoz emitía el bolero a Murcia y el himno de la Coronación de la Fuensanta. La gente jaleó entusiasmada la ofrenda, al igual que hicieron en otros puntos del camino, donde se repitieron las lluvias de flores.
Juan Antonio Martínez Romero, el andero más alto de la Virgen, aseguró que había perdido la cuenta de los niños que había alzado hasta el trono, para pasarlos bajo el manto de la Patrona durante el camino. Entre ellos estaba la pequeña Alba López, de tan solo quince días de vida. Joven devoción.
En la sede antigua de la peña La Breva, Alicia Avilés, reina de dicha peña, ofrendó a la Virgen un gran ramo de flores, repartiendo entre sus anderos, paparajotes y flores de breva, para aliviar el camino.
En la parroquia de Nuestra Señora de la Esperanza, en el barrio del Progreso, esperaron a la Virgen las reinas de las fiestas con sus trajes de gala y coronas junto al párroco Celestino Ferrer. También en dicho barrio, Ángel Serrano de floristería Virginia, lanzó sobre la imagen una gran lluvia de pétalos de claveles y rosas. No faltó la Universidad Católica con su habitual reparto de gorras y botellas de agua entre los romeros.
Casi siete horas tardó la imagen en cubrir el trayecto, debido a la gran cantidad de paradas que hubo que realizar durante el camino, por las ofrendas de flores, mesas que sacan para el descanso de los anderos, y los niños que alzan al trono. La Virgen descansará en su santuario hasta primavera, momento en el que la Fuensanta volverá a la ciudad.
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