Por fin tenemos nuevo sistema de financiación autonómica. Como prólogo tuvimos, antes de que Chaves fuera nombrado ministro de Administración Territorial, el abono de la famosa deuda histórica a Andalucía; la cosa urgía porque hubiera quedado feo que el nuevo responsable se estrenara soltando un porrón de millones a su región. El primer capítulo fue la negociación bilateral con Cataluña o, en realidad, con Esquerra Republicana de Catalunya. Y, a partir de ahí, se trataba de que todas tocaran a más que con el sistema anterior, añadiendo al sistema la variable que cada comunidad autónoma solicitara (más viejos, más jóvenes, más riqueza, más pobreza, más población, más extensión, más dinamismo, menos dinamismo, etc.).
¿Todos contentos? Por supuesto que no. Para los nacionalistas catalanes, incluidos los que apoyan el nuevo sistema, esto es sólo un primer paso que allana el camino hacia la independencia. En cuando a los demás, todos consideran que su región se ve perjudicada en relación a otras. La de Murcia no es una excepción: también se nos asigna menos de lo que debería correspondernos, aunque el PP ponga el énfasis en ese agravio y el PSOE lo ponga en el hecho de que el agravio con el sistema anterior, el de Aznar, era mayor todavía. Curiosamente, en este concurso por el campeonato nacional de victimismo, parece haber un pacto de silencio sobre el que todo el mundo sabe que es el mayor agravio, a saber, los privilegios del País Vasco y Navarra. Lógico, puesto que, salvo Gorka Maneiro, el diputado de UPyD, todos los partidos, incluidos PP y PSOE, votaron en el Parlamento Vasco a favor del blindaje del famoso cupo.
Pero el que más contento está es el Gobierno. Su tesis: todo el mundo sale ganando porque todas las CC AA van a recibir mucho más. Lo que no aclara es de dónde sale ese dinero. Porque se trata de un juego de suma cero: lo que uno recibe tiene que dejar de recibirlo otro. Y eso es lo que ni al Gobierno de la nación, ni a los gobiernos autónomos, ni a los partidos que los apoyan, les interesa explicar. Porque si todas las CC AA van a recibir más, alguien va a disponer de menos. Y ese alguien serán o los ayuntamientos, o la Administración central, o los contribuyentes que tendrán que pagar más impuestos, o los ciudadanos que tendrán que pagar en años venideros la deuda generada por un aumento del déficit público (de momento la siempre pendiente reforma de la financiación de los ayuntamientos ya ha quedado pospuesta una vez más).
Hemos dado un paso más en la deriva centrífuga de reivindicación del «¿qué hay de lo mío?», en la que se trata de dar gusto a todo el mundo (aunque no se consiga dar gusto a nadie) a base de sacrificar lo que es de todos, lo común. Y no será el único paso, porque la financiación de las administraciones autonómicas fomenta la irresponsabilidad fiscal. El Gobierno central puede invertir más en infraestructuras o servicios, algo que los ciudadanos agradecen; pero para ello tiene que cobrar impuestos, algo que a los ciudadanos no les gusta. De ahí que tenga que estar buscando un equilibrio que nunca es fácil porque, no nos engañemos, los ciudadanos tendemos a exigir más prestaciones del Estado de las que estamos dispuestos a pagar. Pero los gobiernos autónomos no tienen ese problema. Ellos, si necesitan más recursos, no necesitan recurrir a medidas impopulares como subir los impuestos a los ciudadanos. Sólo tienen que pedir más al Gobierno central, que, necesariamente, es el malo de la película: primero porque cobra los impuestos al contribuyente, y segundo porque no transfiere lo suficiente al Gobierno autónomo de ese mismo contribuyente. Resultado, los impuestos de los españoles son administrados cada vez en mayor proporción por gobiernos que ni recaudan ni quieren recaudar. O sea, por gobiernos fiscalmente irresponsables cuya única manera de obtener más financiación es alimentando sentimientos victimistas entre su electorado. Porque lo de famosa «corresponsabilidad fiscal» de las CC AA también parece haber quedado aparcado para mejor ocasión. Si esto es «economía sostenible» que baje Dios y lo vea.
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