laverdad.es
Viernes, 1 junio 2012
sol
Hoy17 / 30||Mañana17 / 30|
más información sobre el tiempo
Estás en: > >
El nuevo mito del crucero

EN BARCO | Por el Mediterráneo CAPÍTULO 1: PREPARATIVOS

El nuevo mito del crucero

El viaje en barco no conoce la crisis y la ardua búsqueda de ofertas descubre un fabuloso viaje con Pelé de resonancias legendarias por el Adriático y el Egeo

02.08.09 -
En Tuenti
CerrarEnvía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

* campos obligatorios
Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

* campos obligatorios
Con la llegada del verano y ese aire permisivo que invade las páginas de los diarios, el viajero ha sido rescatado para la causa, pues no le llamaron más desde que lo enviaron a Lourdes, ese lugar donde la Virgen se apareció pero al que seguramente no se le ocurriría volver. Le pidieron una idea y como no sabía a quién copiarle una optó por buscar en el periódico. Fue muy fácil. Estaba infestado, no sabe por qué, de anuncios de cruceros. El viajero, que es del género iluso, se emocionó al imaginarse paseando en cubierta entre señoras aristocráticas sentadas con pamelas y mantas.
Naturalmente el viajero sabe, o más bien sospecha, el mundo en que vive y empezó su nueva epopeya lleno de prejuicios, debe reconocerlo. Pronto recibió su merecido. Fue más o menos así. Llamó al periódico para exponer sus argumentos. Explicó a su jefe cómo imaginaba el crucero: lleno de horteradas, volcado en lo mastodóntico, anclado -verbo muy pertinente- en los setenta, como en 'Vacaciones en el mar', con una fauna kitsch de mucho cuidado y borreguismo en su máxima expresión. Estar encerrado una semana con miles de individuos pasivos rodeados de tragaperras y bufet libre, invadiendo cada día a toda prisa un enclave arrasado por el turismo de masas le parecía un espectáculo digno de verse. Entonces el jefe del viajero dijo sólo cinco palabras:
-Yo me voy de crucero.
Al menos la intuición del viajero de que los cruceros estaban de moda era cierta. Con este consuelo iba a dar por cerrado el proyecto, pero su jefe salió bien del paso. Le dijo que era la primera vez que iba, por probar, y compartía sus temores. Le pareció bien, pero era sólo el primer obstáculo. Luego estaba la crisis. El verano anterior con el descapotable el viajero se había cachondeado mucho de la crisis, pero ahora ya no tiene gracia. Ya le toca a la prensa y hay que ahorrar. El viajero miró precios y una semana salía por unos 2.000 euros. ¿Queeeeé? Se llevaron las manos a la cabeza diciendo que, con diez capítulos, eso eran 200 euros por reportaje. Al viajero un poco de ilusión sí le hizo, porque eso debe de ser lo que se llama que valoren el trabajo de uno, al menos poniéndole un coste. De todos modos se adaptó de inmediato a la situación. Se acerca a los cuarenta y empieza a ser prejubilable. Además se enteró de que a otro colega le iban a mandar a hacer autoestop.
Así que el viajero empieza su viaje a la búsqueda del chollo, como cualquier veraneante. Los anuncios son alentadores. Hay ofertas «desde», preposición decisiva, 400 o 600 euros, pero al llamar señoritas displicentes le tratan como un advenedizo: «No, hombre. Son precios que se ponen de referencia, pero esas ofertas vuelan, en cuanto pasan unos días ya no quedan». El viajero pregunta por qué, entonces, no las quitan de los anuncios, porque su periódico es del día. Tras un segundo de vacilación, le insisten en que se acaban realmente rápido.
El viajero se lo cree y con su ingenuidad habitual madruga al día siguiente para comprar el periódico, como cuando se busca piso. ¡Bingo! Ve un montón de ofertas y a las nueve de la mañana llama todo contento... pero nada. Le ha vuelto a pasar, ya no existen. ¿Cómo es posible? ¿Hay gente que se levanta a buscar cruceros en el periódico a las cinco de la mañana? La crisis está yendo demasiado lejos. Se desengaña del todo cuando un amigo le dice que se deje de diarios y mire en Internet, como le dicen cada vez más sus jefes. Pero con la pantalla delante llena de superofertas, en riguroso directo, le dicen lo mismo, que ya no hay. Realmente, se dice, vivimos en un mundo que se mueve a toda velocidad, algo terrible para las personas lentas. Como, por supuesto, el viajero.
Mozart por teléfono
En la publicidad aparece un número de teléfono con una invitación: consulte a nuestros expertos. Llama, pero no sale un experto sino una chica que tiene toda la pinta de querer escaquearse. El viajero quiere que le orienten un poco, pero ya no se puede ir así por la vida. Imagina a la señorita estirando un chicle con la mano y enrollándoselo en el dedo mientras le aconseja ir a una agencia de viajes, porque ellos sólo dan precios y disponibilidad. Las conversaciones humanas ya no son posibles por teléfono, sólo las programadas. Aun así insiste y entonces le ponen a Mozart durante siete minutos. Reaparece la chica y le informa de algunas ofertas, pero no se aclara porque tienen tal cacao de barquitos con nombres de ensueño que se lían. Le vuelven a poner a Mozart, otra dosis de siete minutos. Tranquilizan mucho. Cuando le despierta la chica le vuelve a recomendar ir a una agencia.
Al viajero le hace gracia ir a una agencia, pensaba que ya no existían, porque se hace todo con Internet. Sin embargo, cuando entra en una nota que le miran con fastidio, aunque está vacía. Siempre piensan que uno no sabe lo que quiere y va a dar la tabarra y arramplar con las revistas. Es exactamente así. Al viajero se lo notan enseguida. En un minuto le colocan una pila de catálogos.
Desolado, sale de la agencia y mira el escaparate, lleno de fotos de palmeritas. Hay una gran imagen de una chica guapa que, como todas las de la publicidad, pone morritos provocativos, con los labios apenas entreabiertos. Le recuerda la canción de Willy Fogg sobre cómo aprender a silbar: «Pon la boca así como si fueras a bebeeeer, tu-ru-ru-tu-tu-tú». Pero al viajero le parece que la boca que ponen estas chicas no es ni para silbar ni para beber. Sin embargo, es gracias a la publicidad que de improviso descubre en un periódico su destino, al menos el de vacaciones: ¡Un formidable crucero con Pelé! 'Pelé's Cruise', se llama. Las actividades son fascinantes: cóctel de bienvenida con Pelé, música brasileña en todos los ambientes, proyección en todos los camarotes de la película 'Pelé eterno', sesión de fotografías con Pelé, carnaval con Escuela de Samba, una noche en la piscina, show de Toquinho cuatro noches, cena de gala del comandante, debates y coloquios sobre fútbol. Fue esto último lo que le acabó de convencer, pues el fútbol es el gran tema de la actual era glacial. ¿Qué clase de banda de pirados se puede encerrar en un crucero una semana a hablar de fútbol? Y además, de repente, apareces en la isla de Rodas. Es un crucero por las islas griegas, cuna de la civilización, con el trayecto Venecia-Bari-Olimpia-Mikonos-Rodas-Dubrovnik-Venecia. La primera semana de julio. Eso había que verlo.
Al viajero se le llena de inmediato la cabeza de pájaros, de resonancias legendarias que le dan el sentido a la aventura: una odisea como Ulises, el inicio de la ruta de Marco Polo, el lugar donde nació el logos, el corazón del Mediterráneo. Tras recorrer el verano anterior la costa española, o lo que queda de ella, lo más natural es ir a los orígenes de la esencia mediterránea, o lo que quede de ella. Y si no, al menos está Pelé. Es uno de los llamados cruceros temáticos con famoso, que en Estados Unidos son un clásico. Te meten un astronauta, un chef o un tenor, o se monta directamente un crucero gay. En Internet hay una página de 'Pele's cruise', donde el maestro explica en un vídeo que siempre ha querido devolver el cariño recibido y reunir «a la gran familia del fútbol», pero no en un viaje cualquiera, sino en un crucero de lujo. Que metiera por medio a la familia al viajero ya le dio mala espina, porque siempre se acaba discutiendo, pero le acabó de convencer la visión del barco.
Problemas con la tarjeta
El 'Costa Serena' -de la compañía genovesa Costa, la primera italiana y una de las más antiguas, de 1853- es el más grande de la flota, con trece bares -este dato le conmovió-, cinco restaurantes y cuatro piscinas. Es una barbaridad de barco: 290 metros de eslora, 35,5 de manga, 17 puentes -pisos, para los ignorantes como el viajero-. Caben 3.780 pasajeros y 1.100 personas de la tripulación. Los cruceros, y por tanto sus pasajeros, esconden un enigma: no conocen la crisis. La compañía Costa tuvo el año pasado 1,2 millones de pasajeros. Todas las empresas están estrenando barcos y tienen encargados otros. El año que viene se esperan 12 millones de viajeros en Estados Unidos y cinco en Europa.
El viajero echa un vistazo a los vídeos del buque y le parece raro que haya sido construido en 2007, porque la decoración parece pasada de moda, de los setenta. Seguramente las fotos engañen, como siempre. Hay de todo: casino, centro de belleza y masajes, gimnasio, teatro con actuaciones, discoteca, zona de tiendas. Una cosa increíble, aunque el viajero ha visto en los catálogos otros buques que tienen hasta pista de hielo, paredes de escalada, minigolf y golf virtual. ¿Cómo flotará eso? Y sobre todo ¿será tan divertido como lo cuentan? Estos dinosaurios de los mares son el último logro o delirio del turismo barroco. Ya llegan a la Antártida y cualquiera se mete con ellos, porque descargan miles de turistas en cada puerto a gastarse la paga extra.
Lo malo es el precio. Para ir con Pelé lo más barato, siendo el último mono del barco, en camarote individual sin ventanas, sale por unos 1.700 euros. En el periódico le dicen que vale, pero que tiene que sacar al menos quince capítulos. En una semana de viaje. Dilatar el tiempo es coherente con el itinerario mítico: es una especie de 'Ulises' de Joyce, pero en vez de 700 páginas con 24 horas, estirar una semana hasta el terreno de lo rentable. Aunque el viajero le ve un grave problema, que estimula su vena literaria. Adaptado a los nuevos tiempos echa cuentas y calcula que de ese modo el billete sale a 113 euros el reportaje. Si llama a la familia, amigos y algún enemigo para que compren el periódico esos días cubrirá gastos. Es como si se lo autoeditara.
De nuevo en la agencia el viajero vive otro de sus ridículos. No aceptan su tarjeta y tienen que llamar a la compañía. Tras unos minutos le pasan el teléfono con otro de esos empleados robóticos que le explica la causa: el viajero ha tenido un «incidente», así le dice, el mes anterior. El viajero responde que se encuentra perfectamente, gracias, pero intuye que se halla ante uno de esos términos modernos, como 'evento' o 'customizar'. Quieren decir que el mes anterior se pasó con los gastos y que no le aceptan el pago. Los de la agencia le miran como a un delincuente. En tiempos de crisis pasa bastante. Tras pelear con el empleado-robot el viajero resuelve el asunto con otra tarjeta. Pero sale exultante, por fin, con su billete de crucero en una especie de cartera imitación de cocodrilo, muy de 'Vacaciones en el mar'.
Gente que viaja sola
El viajero fantasea con su crucero y se imagina a Hercules Poirot resolviendo un crimen a bordo, aunque es un personaje que ya está anticuado. Por ejemplo, se quedaría de piedra al querer interrogar a los conocidos del difunto y descubrir en Facebook que tenía, nada menos, del orden de 600 amigos. Y más aún al interrogarles y descubrir que, pese a su amistad, ninguno lo veía desde hace años. Demasiado sospechoso, pensaría. El viajero no está en Facebook, pero le hizo mucha ilusión una vez que recibió un mensaje electrónico con la invitación de un conocido para que se hiciera amigo suyo. Inmediatamente le llamó para quedar, pero el hombre se asustó. Parecía que no le apetecía. Lo de llevar el recuento de las amistades le recuerda al viajero un amigo que cuando se aburría se ponía a contar las tías con las que había estado. Pero desde la infancia. Le traía recuerdos. Se ponía muy modorro. Pero sí, en Facebook hay gente que tiene mil amigos, qué brutos. ¿Cómo llevarán el mantenimiento? Porque lo dificil no es hacerlos, sino conservarlos, aunque seguramente haya una función de piloto automático. Roberto Carlos, el cantante setentero, quería tener un millón de amigos y así más fuerte poder cantar. Era un cantante muy de cruceros, y brasileño. A lo mejor se lo encuentra. El viajero tiene amigos, espera que al menos 113, pero tendrá que hacer el viaje solo, por la crisis.
Para llenar espacio y cumplir con los capítulos, el viajero hace mentalmente una lista de la gente que viaja sola: tipos que les ha dejado la novia, pelmas consagrados, informáticos -que sólo se comunican de forma concisa y con sus congéneres en un idioma incomprensible para los demás-, superhéroes, viajantes, iluminados, poetas malos, hippis que fuman porros, ejecutivos avinagrados con vacaciones atrasadas, seguidores del Espan-yol, tipos que tienen un blog. Pero no periodistas. En general los periodistas cuando van por ahí se mueven en grupo para hacer las mismas cosas, compartir gastos y luego timar a sus diarios con las facturas. Entre familias, jubilados y matrimonios en luna de miel, nadie sospechará que es periodista. Y menos que está trabajando.
TAGS RELACIONADOS
En Tuenti
El nuevo mito del crucero
Los turistas contemplan desde tierra la envergadura del 'Costa Serena' en Katakolon (Grecia)./ FOTOS: Í. DOMÍNGUEZ
El nuevo mito del crucero
El 'Costa Serena' abandona Venecia.
El nuevo mito del crucero
Los pasajeros disfrutan de varios espectáculos en la piscina.
El nuevo mito del crucero
Momento del Aquagym.
El nuevo mito del crucero
laverdad.es

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.