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Cultura

CRÍTICA DE MÚSICA

17.07.09 -

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Cualquiera de las cuatro representaciones ofrecidas de La flauta mágica, en una bellísima y acrisolada producción de la Deutsche oper Berlín (asistí a la del sábado, día 11) hubiera sido suficiente para otorgar al I Festival Internacional de Música de Almansa, y ante el asombro y admiración de propios y extraños, la categoría superior a la que responde su propio nombre. Pero el Festival, que se ha desarrollado del 5 al 15 de julio, tenía guardadas para la sesión de clausura del miércoles último, en el Teatro Regio, magnífica y sobriamente restaurado, algunas sorpresas más que iban a corroborar su alto nivel de calidad y si se quiere, también, el no menor sorprendente grado de aceptación por parte de un público que casi ha llegado ha redondear la cifra de ocho mil asistentes.
No eran desconocidos los dos jóvenes artistas participantes en esta sesión de clausura. Pero ninguna prueba tan contundente de sus reales capacidades artísticas las había tenido de la pequeña Carla Marrero, al verla afrontar, unos días después de cumplir sus catorce años, con envidiable seguridad y medios técnicos, en los que la calidad de sonido no es el menos relevante, una gustosa recreación con acompañamiento orquestal del célebre Zapateado de Sarasate, debida al compositor José Peris, presente en la Sala. Como ningún testimonio mejor para apreciar la imparable madurez del joven pianista cartagenero Gabriel Escudero Braquehais, que el de volver a escucharle una versión del Concierto en sol menor de Beethoven desbordante de una exquisita e incontestable musicalidad. Si a estos dos gozos sumamos el de un trabajo orquestal de admirables resultados por parte de la Almansa Festival Orchestra, tanto en su papel de acompañante como en el de protagonista absoluta en una formidable interpretación de la Séptima de Beethoven, dirigida por Martín Baeza de Rubio, alma de este Festival, sobran más explicaciones sobre el éxito de esta última jornada
Otros eventos de particular interés han llenado estos días, entre los que no han faltado recitales de canto, de piano y de cámara, conciertos pedagógicos, homenajes, conferencias, mesas redondas y sesiones de la más diversa índole, alrededor del eje central de esta convocatoria, debida al visionario empeño de su director, el almanseño Martín Baeza, y realizada gracias, también, al esfuerzo de un nutrido equipo, aglutinado en una Fundación de recientísima constitución y a la colaboración de empresas e instituciones.
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