Parece que fue ayer cuando esperaba por la tarde a mi abuelo Pedro,El tío Perete el abogao, entrar con su bicicleta, por la puerta del patio, en la Mota (al final del Malecón) y coger con la caña las brevas más maduras, las picoteadas por los gorriones. Ahora deseo que llegue el fin de semana por estar un ratico enjuagascao con mi nieto Pedro, «Ríos González» como dice él en su lengua.
Estas dos imágenes se suceden en mi mente como si yo fuese el mismo, pero el tiempo ha pasado, visto y no visto, y esa es una de las razones que les di a los amigos de todos los grupos parlamentarios y del Gobierno, que el martes 30 de junio me acompañaron en el Congreso a un acto de despedida. Lo organizó Gaspar Llamazares, a mis espaldas, de viernes a lunes, con la complicidad de José Bono y la torpeza cariñosa de Andrés Ayala, que me felicitó el lunes, anunciándome que no me podría acompañar el martes a un acto, que yo desconocía que se estaba organizando.
Cuando hace tiempo me planteó Mariano Caballero colaborar dando mi punto de vista en los temas que yo considerara de interés, desde la Tribuna de La Verdad, nunca pensé que escribiría de mí y de mis sentimientos. Eso es lo que estoy haciendo, al comentar en voz alta una decisión que va a cambiar mi vida.
Mi primera etapa de presencia en Madrid fue en respuesta a Gerardo Iglesias, en diciembre del 84. Recuerdo como si fuera ayer el viaje que realicé a Madrid conduciendo mi coche. Fina, mi mujer, delante y Pedro Marset en el asiento de atrás. Ella insistiendo, una y otra vez, en que no aceptara: Tania apenas tenía seis meses; Raúl, siete años y Pedro nueve. En lo personal y familiar llevaba razón. Él, por el contrario, no paraba de animarme y apoyarme a que aceptara, porque era un reto para la Región y era bueno que el partido aportara un dirigente de Murcia al nuevo proyecto federal, construyendo desde el PCE un proyecto más amplio, y llevaba razón, porque era poner en valor el esfuerzo de una organización pequeña como la nuestra, en ser protagonista desde Murcia.
Hoy, la decisión es al revés, el viaje lo realicé este martes pasado en el coche con mi hijo Raúl, que me ayudó a recoger las pocas pertenencias de mi despacho en el Congreso y del piso de alquiler. Es la primera decisión política que tomo sin objetivo político o mejor dicho la primera decisión política que tomo en los últimos treinta años. ¡Opto por ver crecer a mi nieto, ya que no pude ver crecer a mis hijos!.
Tomo la decisión porque mi nieto la otra noche, cuando lo puse de pié en mi muslo, me miró la cabeza y exclamó afirmando: «¡Abolo, no tienes pelo!» y cuando llegué a Madrid sí tenía y mas oscuro. Tomo la decisión porque puedo decidir yo y no otros por mí y tomo la decisión porque me fui a Madrid a un cargo político siendo maestro de escuela y quiero dejar la política volviendo a ser maestro de escuela.
La dedicación a la política me ha facilitado ir de lo concreto y cercano a la gente, a lo general e ideológico, para mi no hay ideología sin praxis, por eso recuerdo con añoranza mis conversaciones con Agustín Sánchez Trigueros, Emilio en la clandestinidad y secretario regional del PCE, hasta que un accidente le segó la vida en Quintanar, junto a 26 camaradas más. También viene a mi memoria la etapa de concejal de Policía Municipal, Tráfico y Transportes en el Ayuntamiento de Murcia con José María Aroca y aún hoy guardo recuerdos y amigos del PCE, del PSOE, de UCD; de las asociaciones de vecinos; de los sindicatos y los pedáneos de entonces.
Mi segunda etapa en Madrid ha sido desde un compromiso mas amplio y enriquecedor, porque el voto de los murcianos me llevó desde la Asamblea, en Cartagena, a las Cortes Generales, en Madrid. Nuevo destino, nuevo escenario, pero el mismo compromiso. He vivido la política con intensidad y conflicto y, sin embargo, guardo momentos preciosos, que me han hecho ser lo que soy en este permanente acto de formación que es la vida. Y quiero agradecer a los murcianos, en general, y a la izquierda, en particular, la oportunidad que me han dado de ser útil, haciendo lo que me gusta.
He cubierto una etapa de mi vida, primero en la gran familia del PCE que me acogió y mimó desde que tomé ese compromiso organizativo. Después, en la gran familia de Izquierda Unida, la izquierda en sentido amplio, y la ciudadanía de la Región, que me ha regalado la oportunidad de ser feliz y hacer amigos, a la vez que ser útil para la gente. He pretendido volver sin ruido, pero orgulloso del esfuerzo realizado, como dijo Gaspar en sus palabras en el acto: «murciano, maestro y político vuelve a casa... ligero de equipaje». Para mí la política la he vivido desde la convicción de ser: «Un ejercicio continuo de defensa de los débiles, de los más necesitados, de los que sólo tienen la política, con mayúsculas, para defender sus intereses», como me dijo en sus letras de apoyo Alfredo Pérez Rubalcaba.
A partir del 1 de septiembre en vez de coger el tren todos los lunes para ir a Madrid, como he estado haciendo los últimos 16 años, tomaré el camino del Badén hacia el IES Alcántara, como maestro de lengua y literatura. Mentiría si no dijera que tengo azogue por el cuerpo al tener que usar el: «¡Como decíamos ayer!», aunque, a decir verdad, muy distinto a Fray Luis de León y Unamuno en Salamanca, a ellos les privaron de sus clases y yo me regalo volver a ellas.