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Cartagena se llena de revolucionarios mensajes en árabe ideados por el Colectivo Democracia y colocados en mupis, marquesinas, vallas publicitarias y camisetas
07.07.09 -

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Tocando en árabe las narices un rato. Un rato largo (y caluroso): concretamente hasta el 31 de agosto. Es una idea, lo de tocar las narices en árabe, del Colectivo Democracia, formado por los artistas Pablo España (1970) e Iván López (1970), que bajo el horroroso título de La ciudad como subtexto ha puesto en marcha el proyecto más inquietante del apartado La Mar de Arte del festival La Mar de Músicas, que en esta XV edición rinde homenaje cultural a Marruecos; eso sí, sin contar, final y sorprendentemente, con el apoyo logístico de las autoridades del país vecino.
Tocar las narices un rato largo y caluroso en árabe. Eso se ha propuesto y conseguido el Colectivo Democracia, creador de un arte crítico, molesto, difícil, abierto, batallador. Un arte para el debate. Un arte que dispara sobre las mentes estrechas y contra el peligro real que éstas encierran. Y abundan más que el calor. ¿Qué han hecho los artistas de Democracia? Llenar Cartagena de pupis, marquesinas y vallas publicitarias con mensajes en árabe. Con este calor. Con estos malditos recelos crecientes, con esta falta de confianza mutua. Con esta falta de conocimiento del otro. Vecinos, pero infinitamente distantes. Mensajes en árabe, tipo Todo el poder para el pueblo. Inquietan, incluso molestan, a quienes no los entienden, e inquietan también a los que sí los comprenden, porque no forman parte de la realidad cotidiana de sus país. «Partimos de un contexto específico como es la ciudad de Cartagena, y planteamos una intervención de carácter público con la intención de representar una comunidad que, como la marroquí, forma parte de esta ciudad. La estrategia consiste en insertar mensajes escritos en árabe en los canales de comunicación publicitaria de la ciudad (vallas publicitarias, marquesinas y mupis)», explican los artistas.
Otras presencias
«Nos propusieron hacer una intervención, en el marco del festival La Mar de Músicas, que de alguna manera tuviera relación con el país invitado: Marruecos», indica Pablo España, feliz por haber descubierto el sábado en la inauguración del festival, tras la actuación de Khaled, al grupo U-Cef, «muy cañero y muy bueno». «Nos llamó la atención lo numerosa que es la comunidad marroquí en Cartagena», añade, «y decidimos hacer una intervención que, en principio, va dirigida a esa comunidad». «Son frases -explica- traducidas al árabe y que sólo la comunidad marroquí podrá entender. Pero también esperamos que el español, o el nativo, o como se le quiera llamar, sea consciente de la presencia de otra cultura en su ciudad; los marroquíes forman parte de otra cultura, pero son parte de la sociedad en la que -los nativos- viven».
«Jugamos con esa doble tensión», dice España. «Por un lado, la mayoría de la gente no sabrá qué dicen esos mensajes; por otro, esa misma gente sabrá, ahora con una razón más, que hay otras personas de otros lugares y culturas viviendo con ellos».
Inquietar, desasosegar, incluso molestar o enfadar. «Los que no saben árabe pueden preguntar a sus vecinos qué pone ahí. ¿Por qué no hacer eso?», se preguntan los artistas, que han elegido frases muy conocidas de la cultura europea relacionadas con diversos movimientos de emancipación: Todo el poder para el pueblo, El principal campo de batalla es la mente del enemigo o ¡Arriba los de abajo!
La parte más visible del proyecto es la de los mupis, marquesinas y vallas publicitarias, pero también se han hecho camisetas y se están haciendo tatuajes. «Ya había gente con nuestras camisetas en árabe en el concierto de Khaled, y muchos árabes allí presentes se interesaban por ellas, aunque les parecía muy fuerte lo que estaba escrito», cuentan.
Eso sí, «les gustaba que se hubiese utilizado su lengua, lo veían como un intento de acercamiento, como un reconocimiento».
Asumir o no asumir la(s) diferencia(s). Por ejemplo, los tatuajes permanentes -hay lista de espera para hacerse estos días uno bajo la dirección del Colectivo Democracia- sólo pueden hacérselo los occidentales, porque los musulmanes lo tienen prohibido. Con este proyecto -las traducciones se han realizado en la Escuela de Traductores de Toledo-, «se pretende también plantear las retóricas del racismo. ¿Por qué desconfiamos sin más de lo que no entendemos, de lo que nos resulta extraño? Queramos o no, la comunidad marroquí es parte de la sociedad española actual», precisa Pablo España, para quien sería positivo «aceptar la diferencia, porque la vida social la forman grupos diferentes». Y recuerda algo que nos conviene a todos: «La discordia y la consiguiente necesidad de acuerdo con el fin de obtener objetivos comunes es el principio articulador de la sociedad civil».
Mejor confiemos en el acercamiento mutuo, en que como el gran poeta Mahmud Darwish (Palestina, 1941-2008) propone en Él está tranquilo, podamos ayudarnos a vivir en paz: «Él está tranquilo, yo también. Sorbe un té con limón, bebo un café, es lo único que nos distingue».
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