Según los datos definitivos, Unión Progreso y Democracia obtuvo en las elecciones al Parlamento Europeo 13.447 votos en la Región de Murcia, el 2,89% de los votos válidos. Este resultado significa casi duplicar los resultados absolutos de las pasadas elecciones generales, a pesar de que la abstención fue mucho más alta, y triplicar el porcentaje. Los votantes de la Región han hecho que UPyD se convierta en la tercera fuerza política en 15 municipios, entre ellos cuatro de los cinco más poblados (Murcia, Cartagena, Molina de Segura y Alcantarilla) y los tres ribereños del Mar Menor. Y, lo que es más importante, estos resultados son representativos de lo que ha sucedido en el conjunto de España.
Pero estos 13.447 votantes de UPyD son, para algunos ciudadanos, votos de segunda categoría. De otro modo no puede entenderse que UPyD no fuera invitada a ningún debate televisivo postelectoral. Debates en los que los representantes de los otros partidos no se privaron de atacar a un partido que no tenía posibilidad de réplica, eso sí, evitando siquiera mencionar su nombre.
Este hecho ilustra por sí solo la miseria político-informativa que padecemos y prueba elocuentemente la necesidad de la regeneración democrática que propugna UPyD. Pero, sobre todo, es un síntoma del temor que UPyD provoca a PP, PSOE e IU. Y no es para menos, porque Unión Progreso y Democracia tiene menos de dos años de vida y éstas eran las segundas elecciones a las que concurría en toda España. Y, de nuevo, ha sido el partido revelación, obteniendo resultados espectaculares entre los sectores sociales más dinámicos y con acceso a fuentes de información más diversas, especialmente Internet. Por primera vez, el bipartidismo imperfecto, a pesar de que se ve artificialmente favorecido por un sistema electoral injusto y por el apagón informativo al que los medios tradicionales, especialmente las televisiones, han sometido a UPyD, se siente amenazado.
Pero, más importante todavía que los resultados es cómo se han obtenido. Los medios de los que ha dispuesto UPyD en la Región se han limitado a 45.000 ejemplares del periódico La Alternativa y a un presupuesto de 1.600 euros (sic), al que se sumaron aportaciones altruistas de afiliados y simpatizantes. Con tan escasísimos medios, menos de un centenar de personas han conseguido, sacando tiempo de sus obligaciones laborales y familiares, hacer una campaña que ha logrado convencer a 13.447 ciudadanos.
Esto demuestra dos cosas. Una, el civismo de las personas que han trabajado en tan desigual campaña. Otra, que por fin ha aparecido una alternativa creíble al bipartidismo, porque de nada hubiera servido este esfuerzo si el proyecto de UPyD no respondiera a las inquietudes de un sector importante de la ciudadanía. La irrupción de UPyD en el panorama político ha significado la aparición de una alternativa al chiringuito bipartidista con la que puedan identificarse los murcianos progresistas del siglo XXI, libres de esquematismos ideológicos jurásicos; murcianos progresistas con la mirada puesta en Europa, no en Cuba o Venezuela.
No es sorprendente por tanto que, desde la izquierda más dogmática, se aproveche cualquier oportunidad para descalificar a UPyD. Y el anatema favorito es el de partido «nacionalista español». Cualquiera que lea el manifiesto fundacional y los programas políticos de UPyD puede comprobar que el nacionalismo, del tipo que sea, es precisamente uno de los dogmas trasnochados que denunciamos como más dañinos para la democracia y la convivencia. Salvo, claro, que se considere «nacionalismo español» defender la misma política en todos los territorios. Ser, por ejemplo, el único partido que en el Parlamento Vasco se opuso al blindaje de los privilegios fiscales derivados de supuestos «derechos históricos». O el único que defiende en toda España que el agua de los ríos es patrimonio de todos los españoles, no de los habitantes de los lugares por donde pasan. Porque para nosotros, progresismo significa básicamente defender la igualdad de derechos, obligaciones y oportunidades entre todos los ciudadanos, vivan en la comunidad autónoma en la que vivan. Algo que, según nuestra muy peculiar izquierda, es reaccionario. Lo cual tiene su guasa, porque en eso de votar exactamente lo contrario en unos lugares y otros es la principal coincidencia entre la derecha y la izquierda que padecemos.
(www://manuelhernandeziglesias.wordpress.com).