En términos taurinos, Juan El Torero vino a hacer ayer ante el tribunal que lo juzgó en la Audiencia Provincial su penúltimo desplante. O, al menos, eso le pareció a la mayoría de los abogados, que al igual que los otros acusados se quedaron de piedra cuando el principal imputado se saltó el guión y puso en jaque el acuerdo de reducción de penas. Fue cuando Juan le espetó a la fiscal, Verónica Celdrán: «A mí no me hacía falta vender papelinas. Yo no renozco los hechos de los que me acusan».
Pasaban unos minutos de las dos de la tarde y el presidente del tribunal, José Manuel Nicolás, inició lo que se suponía iba a ser un mero trámite antes de dar el juicio visto para sentencia: llamar a cada uno de los diecisiete imputados para que la fiscal les formulara al menos dos cuestiones clave: «¿Reconoce usted los hechos que se le imputan?». «En el 2005, ¿se dedicaba usted a la venta de droga?».
Sin que quedara muy clara si era una estrategia de su abogado, el conocido letrado Marcos García Montes (defensor de El Solitario), para presionar a la fiscal y lograr una reducción mayor para su cliente, Juan El Torero tenía preparado su propio arsenal de respuestas.
Celdrán le inquirió: «¿Cuál es su profesión?». Juan dudó: «La profesión mía...: mis negocios de...». Celdrán prosiguió: «¿Explotaba usted garitos? Y Juan ya no dudó: «Yo no he explotado ningún garito. A mí me cogieron [la Policía] en mi casa y me han metido todo esto». Y aludió así a los caballos árabes decomisados: «Yo tengo mis animales allí y a mí me han metido todo esto».
La fiscal le habló de todo lo intervenido por los policías, y Juan se puso sarcástico: «Con todo lo que me cogieron, no me hacía falta vender droga ni vender papelinas». La fiscal, que había esbozado una sonrisa con la primera respuesta, no daba crédito. «¿Reconoce usted los hechos?», volvió a la carga. «Yo no reconozco los hechos», se defendió Juan.
Le queda otra vista
La incertidumbre sobrevoló la sala y, con evidente disgusto, el abogado Juan Francisco Pérez Avilés pidió: «Creo que podríamos dar cinco minutos de receso, porque no ha habido buena conexión», dijo refiriéndose al visto bueno que García Montes afirmaba haber logrado de su cliente. «Creo que no ha habido buena conexión, no», remarcó la fiscal.
Tras un paréntesis aprovechado por los familiares para abrazarle, Juan rectificó: «Reconozco los hechos», dijo. Pero aún dejó su sello personal, sabedor de que aún debe volver desde una cárcel de Zaragoza al ruedo del Palacio de Justicia para la última faena: el juicio por blanqueo de capitales. Quizás por eso, advirtió: «Sí, vendía droga. Pero sin organización. Y no utilizaba a menores».