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LA TRIBUNA DE 'LA VERDAD'

13.05.09 -

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Uno de los grandes éxitos de la transición democrática en España, y uno de sus principales estímulos, fue la integración en Europa. Dicha integración era uno de las aspiraciones colectivas que gozaba de mayor consenso tanto entre los principales partidos como entre la ciudadanía. Ciñéndonos a la Región de Murcia, la entrada en Europa significó la desaparición de las barreras arancelarias que dificultaban la exportación de nuestros productos agrícolas. Gracias al mercado único pudo hacerse realidad el lema «Murcia, huerta de Europa». Y las principales infraestructuras que ahora disfrutamos han sido posibles gracias a la financiación europea. Por no hablar de los miles de jóvenes de la Región que, gracias a los programas europeos, han tenido la oportunidad de ampliar sus horizontes cursando parte de sus estudios en otros países.
Cualquiera persona mínimamente informada sabe que hay dos cuestiones que en nuestra Región despiertan un interés mayor que en el resto de España. Una es la política del agua y la otra es la política de inmigración. Lógico si se tiene en cuenta que la cuenca del Segura es deficitaria y que el sureste peninsular es la zona de España con una tasa de inmigración más alta. Pues bien, ninguno de esos problemas tiene solución al margen de las instituciones europeas. Las infraestructuras que se reclaman y que los distintos partidos prometen para solucionar el déficit hídrico son irrealizables sin fondos europeos. Y una regulación racional de los flujos migratorios sólo es posible si está concertada a nivel europeo. Y lo mismo puede decirse de la mayor parte de los problemas que preocupan a los ciudadanos, desde las cuestiones de alta política como las medidas para hacer frente a la crisis hasta asuntos tan cotidianos como las tarifas de los SMS o los aditivos de los alimentos.
A pesar de esto, las elecciones europeas suelen despertar poco interés. Y esta falta de interés es la causa de que la participación sea baja y que muchos electores que acuden a las urnas no lo hagan con la mente puesta en el Parlamento Europeo que se está eligiendo sino en la política nacional. ¿Por qué sucede esto en un país con una ciudadanía mayoritariamente europeísta y para el que la integración en la UE ha tenido un balance claramente positivo? Pienso que las razones fundamentales son dos.
La primera es que los dos partidos grandes son los primeros en plantear estas elecciones en clave doméstica, presentándolos como un duelo entre sus líderes respectivos, obviando la dimensión europea de los comicios. La segunda es que el Parlamento Europeo no tiene las competencias que debe tener un verdadero Parlamento.
Por esa razón Unión, Progreso y Democracia va a concurrir a estas elecciones con un programa y una campaña netamente europeísta, en coherencia con el discurso político que defendió en las últimas elecciones generales.
Del mismo modo que en las pasadas elecciones defendimos la cohesión territorial frente a la transformación del modelo autonómico en un modelo confederal insolidario, en estas defenderemos un fortalecimiento de las instituciones europeas frente a la miopía de los nacionalismos euroescépticos. Y lo hacemos porque estamos convencidos de que sólo una España que hable con una sola voz puede ser fuerte en Europa y que sólo una Europa unida puede hacer frente a los retos del siglo XXI.
En las pasadas elecciones generales defendimos la necesidad de una serie de medidas de regeneración democrática que mejoraran la calidad de nuestra democracia. En coherencia con ello, en estas elecciones defendemos la superación del déficit democrático de las instituciones europeas convirtiendo la Comisión Europea en un verdadero Gobierno de Europa elegido y controlado por el Parlamento.
Por último, UPyD, como partido progresista, defiende la igualdad real de oportunidades y, por ello, unos servicios públicos de calidad que garanticen las mismas prestaciones a todos los europeos. Porque aspiramos a que Europa no sea sólo un mercado común, sino a crear una verdadera ciudadanía europea, en la que todos los ciudadanos, sea cual sea su país de origen o de residencia, tengan garantizados derechos fundamentales como la atención sanitaria o la educación.
En resumen, ante las dificultades económicas, los déficits democráticos y las desigualdades, nuestro mensaje es: «¡Más Europa!».
http://manuelhernandeziglesias.wordpress.com
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