La Huerta de Murcia tiene futuro. Un futuro verde y variado. Así lo cree un grupo de investigadores y huertanos que han sumado esfuerzos convencidos de que este cinturón ecológico de la ciudad puede convertirse en una reserva de la biodiversidad capaz de aportar armas contra el cambio climático.
Esta visión futurista de un espacio rural que empezaron a cultivar los árabes hace más de mil años ya ha comenzado a fraguarse. Los primeros pasos se han dado en varias fincas experimentales de Espinardo, Alquerías y Puebla de Soto, que han quedado integradas en lo que se conoce como una red privada de custodia de la biodiversidad agraria. En el proyecto, que aporta una luz de esperanza para este pulmón verde de la capital murciana, acosado por el ladrillo, van de la mano el Departamento de Biología Vegetal (Botánica) de la Universidad de Murcia y la Asociación para la Conservación de la Huerta (Huermur). La experiencia está abierta a la participación de más propietarios. Quienes estén interesados pueden ponerse en contacto con dicha asociación a través de la dirección de correo electrónico huertamurcia@hotmail.es
¿Cómo funciona esta experiencia pionera? El banco de germoplasma (semillas) de la Facultad de Biología ha empezado a suministrar simientes de variedades vegetales tradicionales a un grupo de huertanos. Éstos las plantan en sus fincas que funcionan casi como laboratorios al aire libre. En esos huertos se observa el comportamiento de las distintas especies y se van seleccionado aquellas que más se adaptan al clima y al terreno, y también que mejor soportan las plagas, sin la ayuda de tratamientos químicos, al mismo tiempo que se comprueba su rentabilidad.
Esta colaboración entre botánicos y huertanos permite ir recuperando esos cultivos autóctonos, la mayoría al borde de la desaparición, más resistentes y por tanto mejor dotados genéticamente para hacer frente al calentamiento global, según explica el catedrático de Botánica José María Egea Fernández. «A diferencia de las especies comerciales, las tradicionales presentan una mayor variedad genética y soportan mejor el cambio climático debido a su heterogeneidad», añade Egea Fernández.
La pérdida de diversidad caracteriza la agricultura moderna. Según indica el profesor de la Facultad de Biología, «el 75% de la variedades tradicionales han desaparecido, sustituidas por híbridos comerciales», más productivos pero también más dependientes de los fitosanitarios, que la mayoría de las veces venden las mismas marcas que han comercializado las semillas.
En peligro de extinción
En la Región de Murcia, de las 1.025 variedades vegetales que se cultivaban, la mitad ya han desaparecido de los campos, según Egea Fernández. Además, otras 380 especies están en manos de agricultores mayores que las utilizan para autoconsumo «y que por tanto están en peligro de desaparición».
Así que esta colaboración entre científicos y huertanos resulta fundamental para recuperar esa variedad agraria que se está perdiendo, un tesoro natural que resulta clave a la hora de hallar otras especies más resistentes a los cambios del clima que ya se están registrando.
El trabajo conjunto con la Facultad de Biología no es la única vía que ha abierto la Asociación para la Protección de la Huerta en su objetivo de recuperar cultivos tradicionales. Los botánicos de la Universidad de Murcia han aportado especies hortícolas. Para los frutales, cítricos y variedades silvestres, colaboradores de la asociación recorren la huerta en busca de semillas y plantones. También cuentan con la ayuda del vivero Ajauque. Hasta ahora estos huertanos han recuperado del olvido cinco variedades hortícolas y quince tipos de frutales. Pero no descansan y han recurrido a los conocimientos de agricultores veteranos para localizar otras diez especies en peligro de extinción. Entre ellas, el melocotón jerónimo, la almendra avellanera, el albaricoque carrascases y el pimiento blanco.
Además, en la puesta en marcha de esta reserva se ha tenido en cuenta el paisaje típico de la huerta tradicional: distintos tipos de cultivos separados por setos, formados por diversos tipos de manzanos, membrilleros, granados, olivos y moreras. En esas fincas experimentales se ha llevado a cabo un importante trabajo previo con el fin de aprovechar al máximo el agua de lluvia. El proyecto también prevé la recuperación de especies silvestres que empiezan a escasear en este espacio único. Por ejemplo, palmeras y piños piñoneros, pero también madroños, olmosy fresnos, que sirven de refugio a una fauna en peligro de extinción.
Para el catedrático Egea Fernández, «hay que conservar no sólo la variedad, también el especio donde se han cultivado estas especies, porque detrás hay una cultura que puede desaparecer».