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Cultura

JOTA CASTRO ARTISTA Y COMISARIO DEL AREA ARTÍSTICA DEL SOS 4.8

El creador franco-peruano, que ideó un 'plan artístico' para raptar a Sarkozy, asegura que «el arte de los señoritos ha muerto»
30.04.09 -

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«Soy un enfermo del buen fútbol»
El artista Jota Castro, ayer en Murcia. /VICE NTE VICENS/AGM
Dicen de él que es un nómada patológico. Audaz. Jota Castro (Yurimaguas, 1965), artista franco-peruano. Es el comisario del área artística del SOS 4.8 y del pabellón de la Región de Murcia en la Bienal de Venecia de 2010, que se presentará bajo el epígrafe de Pabellón de Urgencia -La sociedad del miedo.
- La mezcla de culturas, el mestizaje está siempre presente en su obra.
- Soy un puro producto mestizo, racial y culturalmente. Los idiomas me han hecho crecer, me obsesiona la comunicación.
- ¿El arte debe plantearnos dudas, inquietudes, zozobras..., debe ser una aguijón, una acción política?
- El que me interesa sí. En 2009 no podemos interesarnos sólo por la estética. Tenemos infinidad de materiales, de las ciencias sociales a las nuevas tecnologías, que nos sirven para hacer arte y hablar directamente de muchas cosas que forman parte de nuestro tiempo. El mundo, desde la caída de la bolsa el pasado noviembre, ha cambiado profundamente. El sistema financiero, que parecía palabra divina, se ha desmoronado.
- ¿Buenos tiempos para la crítica?
- Las crisis provocan nuevas maneras de mostrar la cultura, las inquietudes, las desigualdades. Los artistas toman conciencia, cada vez más, de que son seres sociales.
- Una lucha constante contra la indiferencia, el desaliento, la abulia...
- Yo nunca me he aburrido en mi vida, quizá porque todo lo que he hecho lo he hecho con pasión. Siempre se ha creído que una obra de arte refleja el tiempo en que ha sido creada, pero ahora puede representar mucho más.
- ¿El arte debe conspirar?
- Puede ser un baluarte contra la mala utilización del poder, yo no tengo nada contra el poder democráticamente elegido. Pero si el arte se interesa en lo social, necesariamente debe interesarse en lo político y eso resulta positivo. Los artistas no representamos a nadie y por eso podemos hablar clara y libremente. Y en este momento en el que el mercado del arte se ha ido al diablo el artista ya no tiene que gustar, así que sólo queda ser honesto intelectualmente con uno mismo y hacer lo que corresponda.
- ¿Se considera un provocador?
- No. Soy un artista de mi tiempo que está contento de vivir en esta época e intenta cambiar aquello que no le gusta y ofrecer su opinión. Durante mucho tiempo el arte se quedaba en los muros que lo atrapaban, ahora puede salir a la calle y se han multiplicado las formas de mostrar la cultura.
- ¿Lo políticamente correcto es un invento del diablo?
- Generalmente las cosas políticamente incorrectas son las que marcan y dejan huella. El Mayo del 68, que para mis abuelos fue un crimen contra el espíritu francés, se ha convertido en la aportación social francesa más interesante de las últimas décadas.
- ¿Qué le produce un inmenso rechazo?
- No soporto el conservadurismo, las, entre comillas, buenas maneras de ser y comportarse. Entre muchos artistas hay miedo al rechazo, a lo que el público puede decir. A título personal, no soporto los malos partidos de fútbol.
-¡Vaya!
- Soy un enfermo del buen fútbol, viajo para ver buenos partidos. En estos momentos me gusta mucho cómo juega el Arsenal.
- ¿A qué tiene miedo Jota Castro?
- A que me falte tiempo. Tiempo para hacer todo lo que tengo que hacer y para ver crecer a mi hija.
- En el Pabellón de la Región de Murcia, en la Bienal de Venecia de 2010, los artistas que usted ha escogido, y usted mismo, reflexionaran sobre la sociedad del miedo.
- Aunque estemos obsesionados con el obamismo y el mundo mejor, aunque sólo sea en palabras, el mundo cada vez está peor y hay que empezar a preguntarse por qué está tan mal y hasta qué punto en occidente somos responsables de lo que está ocurriendo. El denominador mínimo común de la sociedad occidental es el miedo: miedo a perder lo que conocemos, miedo a que se desvanezcan los principios fundamentales de la sociedad europea como la Seguridad Social. La Comunidad Europea, que en general es muy positiva, ha provocado también un gran miedo a perder eso que la gente llama raíces. Hay un regreso a una rara forma de medievalismo, a preservar cualquier cosa con denominación de origen.
- ¿El arte es capaz de cambiar el mundo, o al menos de cambiar nuestra manera de ver el mundo?
- No existe aún esa obra de arte que haya cambiado el mundo, pero hay arte capaz de interrogar a los ciudadanos. El arte puede ofrecer más de lo que da, pero no sólo depende de los artistas sino también de las personas que lo reciben.
- ¿El arte contemporáneo peca de cierto infantilismo?
- Sí, pero no todo. Es cierto que hay mucha gente dispuesta a hacer cosas divertidas y cómodas, cosas que no obliguen a pensar. Eso me parece terrible. La única cosa que te puede obligar a no pensar en otra cosa es el sexo. El arte se tiene que convertir en una experiencia personal para el ciudadano, hay que aprender a codearse con la cultura. El arte de los señoritos ha muerto.
- ¿Es optimista?
- Claro. Mientras hay vida hay optimismo. Mis desacuerdos y mis conflictos nacen de la creencia en la posibilidad de cambio. Mi analista diría que creo en la redención por la palabra, pero me parece un análisis demasiado cristiano.
- Usted espió a Sarkozy.
- Me habían invitado a hacer una muestra sobre lo radical en el Palais de Tokio. Llegué a Francia, puse en la web el nombre de Sarkozy y descubrí 160.000 nuevas noticias al día. No había un día en que no saliese en los periódicos. Amanecía en el norte y acababa el día en el sur de Francia, siempre como un actor de cine. Así que creé un personaje, un mileurista muy preparado y muy crítico porque se siente desperdiciado por la sociedad. Ese personaje descubre que las elecciones francesas giran sobre el tema de la seguridad, así que decide que el verdadero problema de la inseguridad es Sarkozy y no los inmigrantes extracomunitarios. Se documenta en las bandas armadas de los 60 y crea cuatro maneras de raptar a Sarkozy; por eso la muestra se titulaba Por favor, no lo hagan en casa. Así que el personaje, o sea yo mismo, me fabriqué un falso carné de prensa y le seguí por todas partes. Estuve a dos centímetros de él en múltiples ocasiones.
- Fue todo un escándalo.
- Sí, yo quería desmitificar la supuesta seguridad de la que hablan constantemente los políticos en un tiempo en el que la única industria que sigue creciendo es la industria de la seguridad. También quería evidenciar la terrible situación de la generación mejor formada de la historia a la que la sociedad maltrata financieramente.
- Para no considerarse un radical, es una acción un poco fuerte...
- Yo no creo que sea un comportamiento radical, es simplemente mi comportamiento.
- Ha sido diplomático. ¿Qué le queda de ese mundo?
- Lo conozco bien y puedo jugar con él. Me siento bien en ambos lados. La diferencia fundamental es que cuando era diplomático defendía ideas aunque no me gustasen y ahora sólo trabajo sobre aquellas ideas que me interesan.
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