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Cultura

JERÓNIMO TRISTANTE ESCRITOR NOVELA ÉPOCA SU GENERACIÓN

Publica '1969', una historia de detectives ambientada en Murcia, con un asesinato y el viaje a la Luna como ejes del argumento
29.04.09 -

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«Me obsesiona que la gente se lo pase bien, que disfrute leyendo una novela»
El novelista murciano Jerónimo Tristante. / VICENTE VICENS/AGM
Ha aparcado, de momento, Jerónimo Tristante las aventuras y pesquisas del detective Víctor Ros para adentrase en el mundo, enigmático y moderno, del año en que nació: 1969. Pero aquí también hay detective, Julio Alsina, igual de sagaz y temerario, aunque demasiado apegado al Licor 43. El 69 fue una curiosa cosecha: el hombre llegó a la Luna y la televisión se adueño de los hogares. Pero 1969 de Jerónimo Tristante ocurre en un pequeño pueblo de Murcia: curas, ufólogos, misteriosas desapariciones y un asesinato. La intriga está servida.
- ¿Necesitaba explicarse su tiempo, el tiempo en que nació, o celebrar su 40 cumpleaños?
- Una novela es una pequeña máquina para viajar en el tiempo y conocer otras épocas. El año en que nací y mi ciudad me interesaban muchísimo. Además, tenía interés en describir esa época mítica de los años 60, que la gente recuerda con mucho cariño. La dictadura sigue, pero los españoles pasan del hambre al 600 y a poder comprarse una televisión.
- Un pueblo de Murcia como escenario.
- La Tercia está cerca de ese paisaje que me interesaba para dar la resolución que necesitaba la novela. Era un lugar aislado y despoblado porque el milagro económico de los tecnócratas del Opus provocó una gran migración rural.
- ¿Cómo era esa Murcia del 69?, ¿en color o en blanco y negro?
- Más en blanco y negro, pero con su encanto. Una ciudad muy pequeñita, muy provinciana, cómoda y con un ritmo lento para casi todo. Pero había mucha ilusión, aunque los ciudadanos rehuían cualquier tema político porque sabían que aquello les podía acarrear funestas consecuencias. Es la época de los primeros domingueros, el tiempo en que la gente comienza a recuperarse del horror de la guerra y la posguerra.
- Entre curas y ufólogos. ¡Vaya dos extremos!
- Un policía que investiga la muerte de una prostituta que se tira de la torre de la Catedral y eso le lleva a La Tercia..., donde descubre que allí desaparece gente. Y allí se dan cita un cura asustado que hace rogativas a San Antonio Abad y un ufólogo convencido de que es un lugar idóneo para el avistamiento de Ovnis. Algo raro ocurre allí y ése es el enigma que propongo descubrir al lector para que permanezca fiel a la lectura y, así, poder contarle cómo era la sociedad de finales de los años 60.
- El detective de 1969, Julio Alsina, está muy bien construido.
- Un perdedor, un policía manso que por no ser no es alcohólico de verdad sino de Licor 43 y no se atreve con el whisky o el coñac. Intenté irme a las antípodas de mi otro detective del XIX, Víctor Ros, y Alsina es casi un fracasado congénito, hijo de un oficial de la República. Pero crece y resucita de ese limbo en el que le tiene sumido el Licor 43. Las circunstancias son las que le obligan a tener un comportamiento heroico.
- ¿Regresará?
- Muchos lectores me lo han pedido, pero a mí ni se me había pasado por la cabeza. No lo sé.
- Lo suyo, literariamente, es la costumbre de la intriga.
- La novela negra tiene lectores porque, en el fondo, a todos nos gusta jugar a detectives. Posee además una gran carga social que permite adentrase en los rincones y en los laberintos oscuros de la sociedad. En mi caso se trata de un cóctel entre novela negra, novela de misterio y novela histórica que, creo, es algo que les gusta muchísimo a los lectores.
- ¿Qué nos enseñan las novelas de detectives?
- En muchas ocasiones el lado más humilde de la sociedad y los ambientes más sórdidos, aunque también los más elevados. Pero, en general, nos acerca a los más desfavorecidos, con los que el lector suele conectar fácilmente. Y no hay que olvidar que una novela de detectives es también una forma de entretenimiento.
- Las novelas de detectives también sirven para hablar de, entre otros temas, la corrupción.
- En 1969, el protagonista se ve metido en un choque de trenes que es la colisión que se produce entre las diferentes facciones del franquismo: los tecnócratas, que han protagonizado la apertura económica y la llegada del turismo, y los camisas viejas, los del búnker que se resisten a cualquier cambio pero que saben que sus días han terminado. La novela también refleja el papel, mínimo fuera de la familia, de la mujer en aquella sociedad o la persecución a los homosexuales.
- ¿Qué le deja perplejo a Jerónimo Tristante?
- Todos los días me sorprende algo. Ya sé que es un tópico, pero la realidad siempre supera a la ficción. Cuando coloco elementos reales en mis novelas nadie se los cree.
- ¿Qué nos salva del aburrimiento y la mediocridad?
- Ahora existe en Murcia un panorama literario extraordinario. Una generación que no para de darle a la tecla y de inventar historias para enganchar a la gente; grandes creadores que nos sacan de la rutina y nos acercan a la cultura con mayúsculas.
- La literatura, ¿es un don o una condena?
- Es una diversión. Para mí, escribir es algo natural; hay autores que lo venden como un sufrimiento o un dolor, pero para mí es una gozada. Escribo en cualquier circunstancia, con el portátil, junto a la tele, en la buhardilla o con mi hija jugando cerca. No es un don porque creo que cualquiera que se lo plantee puede escribir, no creo que se trate de algo extraordinario esto de escribir libros.
- Me temo que, en el fondo, es usted un romántico.
- En el fondo..., sí. Me gusta pensar que con esto que escribo contribuyo a hacer un mundo mejor.
- ¿Para qué se escribe?
- Porque me gusta, me relaja, me permite viajar en el tiempo y vivir grandes aventuras; porque me permite comportamientos mezquinos y cometer delitos que en la vida real no me atrevería a realizar; porque me permite llevar a cabo comportamientos heroicos que en la vida real tampoco me atrevería a realizar. Para fabricarme una realidad paralela y para aprender porque en la fase de documentación de las novelas me lo paso pipa y aprendo mucho sobre cómo vivíamos en otras épocas.
- ¿Piensa en los lectores?
- Absoluta y rotundamente sí. Creo que hay dos tipos de autores; aquellos que piensan que van a hacer una gran contribución a la cultura occidental..., y así sale lo que sale; y hay otros que partimos de la premisa de que puede haber alguien al otro lado, alguien a quien no queremos perder bajo ningún concepto. La literatura es un acto de comunicación y el código entre emisor y receptor tiene que ser el mismo para conectar y que te entiendan, Me obsesiona que la gente lo pase bien leyendo una de mis novelas porque si se enganchan a la trama entonces sí puedes transmitir otros conceptos. Si aburres y martirizas al lector no hay nada que hacer: se escapa.
- Tiene un estilo muy cinematográfico.
- Eso dicen. Creo que 1969 sí es muy cinematográfica y sería fácil de llevarla al cine. Carmelo Gómez sería un gran Julio Alsina; bueno, es el actor español que más me gusta.
- En esta novela ha depurado aún más el lenguaje.
- Es normal que un actor vaya mejorando a lo largo de su carrera. Sin duda 1969 es la mejor novela que he escrito. Por eso se la he dedicado a mis padres, que fallecieron cuando yo tenía 20 años. Es una novela sobre su tiempo y se cuelan en un pequeño cameo.
- Una novela al año, ¿un buen ritmo?
- No está mal y tampoco es excesivo. Permite a los lectores ir acercándose a la obra con una relativa tranquilidad.
- ¿Qué se trae entre manos, volveremos a tener noticias del detective Víctor Ros?
- Dentro de un año, más o menos, aparecerá la tercera aventura de Víctor Ros, en este caso ambientada en Barcelona. Se titulará El endemoniado de la calle Calabria. Y estoy trabajando en una nueva novela; ideas tengo muchísimas.
- ¿De dónde saca tiempo?
- He tenido que pedir una excedencia en el instituto. Todo esto comenzó como un hobby y se ha convertido en una profesión. Lo peor o lo más complicado es esto de las presentaciones, los viajes y las charlas. Lo otro es fácil: me documento en verano y escribo en invierno. Pero mis alumnos están bien atendidos.
- Por cierto, ¿el hombre llegó a la Luna o no?
- Yo creo que no. Hay una gran controversia con las fotografías, pero yo no me quedo en eso; si hace cuarenta años estuvimos en la Luna, con todo lo que ha evolucionado la tecnología, ¿cómo es posible que no hagamos ahora viajes de fin de semana a la Luna? Y en los últimos tiempos la Nasa tiene serias dificultades para poner un transbordador en órbita y recuperarlo después. Me parece sospechoso que no hayamos regresado a la Luna. En 1969 Estados Unidos tenía que llegar a la Luna sí o sí..., y los soviéticos estaban por delante.
Jerónimo Tristante
las entregas de las aventuras del detective Víctor Ros
www.maeva.es
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