El traumatólogo sevillano Andrés Carranza es pionero en la aplicación de la cirugía mini invasiva en el tratamiento de las complicaciones que conlleva el pie diabético. El objetivo es impedir o al menos retrasar la amputación del miembro.
- ¿Por qué es tan grave el pie diabético?
- La diabetes es una enfermedad endocrina terriblemente extendida entre la población. Una de sus complicaciones es que termina produciendo una falta de sensibilidad en el pie, y eso hace que puedan aparecer problemas. Es frecuente la aparición de úlceras, que pueden tener un origen vascular, pero también en un porcentaje importante tienen que ver con la destrucción del hueso. Por la propia neuroartropatía, el hueso tiene fracturas patológicas, pero el paciente no siente dolor, no es consciente de esa fractura, y se provoca una gran destrucción del pie. Úlceras que terminan en muchas ocasiones en la amputación del pie.
- Ustedes desarrollan una nueva técnica para tratar a estos pacientes. ¿En qué consiste?
- Lo que hemos desarrollado en los últimos años es una técnica nueva muy curiosa, que presentamos en el congreso, en la que a a través de pequeñas incisiones podemos corregir esas grandes deformidades en el pie sin el alto riesgo que supone para estos pacientes una cirugía clásica con grandes incisiones. El riesgo de infección es muy bajo, y el riesgo de trastornos vasculares también es muy bajo, por la forma en que hacemos la cirugía. Esto nos permite corregir esas úlceras, heridas que muchas veces llevan años curándose y no terminan de cicatrizar. Corregimos el pie y casi de inmediato, de forma espontánea, se resuelven las úlceras. Ésa es la gran novedad de este tratamiento.
- ¿Se reduce con esta técnica el porcentaje de pacientes que terminan sufriendo amputaciones?
- No podemos ser excesivamente optimistas. De lo que somos capaces es de retrasar esa amputación. Si tratamos a un paciente joven de 35 años, podemos retrasar esa amputación 10 años, y ya estamos hablando de 45 años. Un paciente que nos llega ya orientado a la amputación, nosotros reconvertimos esa situación y mantenemos ese miembro sano durante muchos años. Pero no podemos ser absolutamente optimistas ni dar al público unas expectativas falsas.
- Lo que está claro es que mejora las expectativas que ofrecen las técnicas tradicionales.
- Nosotros no usamos la técnica tradicional, porque tiene muchas complicaciones. Una cirugía clásica tiene un alto índice de infección, con lo cual intentamos resolver un problema y realmente lo que hacemos es crear un problema mayor.
- ¿Cómo puede un paciente diabético prevenir estas úlceras?
- Es muy importante la higiene. El paciente debe cuidar mucho el pie. Debe autoexplorarse diariamente, y debe explorar también el zapato, porque puede tener pequeñas irregularidades que una persona sin este problema notaría en seguida y que él no percibe, lo que puede causar una úlcera. Además, tiene que tener mucho cuidado al lavarse el pie. Previamente tiene que controlar la temperatura, porque como no tiene sensibilidad puede quemarse sin darse cuenta. Debe, por último, vigilar el comienzo de las deformidades, porque es mucho más fácil hacer una corrección de una deformidad menor que no cuando ya está más avanzada.
- ¿Se encuentran con muchos casos de este tipo, pacientes que tienen el problema ya muy desarrollado?
- Lo que más vemos son grandes deformaciones. Cuando el diabético lleva muchos años, es un paciente muy caótico. Es lógico, se cansa de la dieta, de las inyecciones de insulina... Casi todos los pacientes que terminan en estas situaciones son diabéticos de larga duración que tienen un mal seguimiento. No van periódicamente a su médico de familia o a su endocrino.