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Sociedad

Un musulmán francés, fanático de la comida biológica, negaba a sus ocho críos el alimento porque sus cuerpos «estaban habitados por la mentira»
16.04.09 -
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Un matrimonio de musulmanes integristras, fanáticos de la alimentación biológica, ha sido encarcelado en la prisión de Perpiñán (sudeste de Francia) por no dar de comer a sus ocho hijos para purificar sus cuerpos. Las autoridades centran la responsabilidad en el padre, un marroquí de 49 años casado con una eslava de 48 convertida al islam, al que presentan como un iluminado que había transformado su familia en una secta.
El viernes por la mañana, un habitante de Banyuls-sur-Mer, localidad a una docena de kilómetros de la frontera con España por Cataluña, telefoneó a los gendarmes. Había visto a un chaval de 16 años, al que conocía, rebuscando bajo la lluvia en las basuras, aterido de frío, demacrado, muy flaco, descalzo, la ropa ensangrentada y una brecha en la cabeza. El muchacho le contó que se había escapado de casa porque su madre le había pegado una paliza por robar un puñado de azúcar y que buscaba comida en los contenedores.
«Hay que purificarlos»
Los agentes lo llevaron al hospital. Mide 1,65 metros, pero sólo pesaba 32 kilos. Cuando acudieron a pedir explicaciones a los padres, se encontraron una casa sin muebles ni juguetes, con mantas tiradas en el suelo para dormir, la nevera casi vacía y la despensa cerrada con candado, igual que la sala. Los otros siete hermanos presentaban evidentes síntomas de desnutrición. Sobre todo, dos chicas de trece y quince años, de 1,48 y 1,51 de estatura, que pesaban apenas 22 kilos cada una.
En el cuartelillo, el padre explicó que sus hijos estaban «habitados por la mentira» y había que «purificarlos». La delgadez de su prole demostraba que los embustes habían sido extirpados. Vendedor ambulante de queso bio por los mercadillos, había puesto a toda la familia a régimen biológico por ser complementario con las virtudes espirituales del Corán. Cuando sus reglas no eran respetadas, imponía castigos corporales a los desobedientes, incluida su mujer. Los bio-islamistas cobraban 1.400 euros mensuales de subsidios sociales. Compraban 25 kilos de arroz, otros 25 de sémola, harina para hacer el pan ellos mismos, dos kilos de pollo y dos kilos de cordero, más seis sardinas por persona, para todo el mes. Desayunaban un par de rebanadas de pan con aceite de oliva, almorzaban pizzas y ensaladas, mientras que la cena se limitaba a una frugal sopa.
Robaban la merienda
En la escuela los maestros habían recibido quejas de que los niños robaban la merienda a los compañeros. Pero las autoridades sólo habían oído hablar de la famélica familia cuando las chicas dejaron de ir a la escuela en la pubertad. Se negaron a quitarse el velo islámico en las aulas, donde está vedado como todo signo religioso, y llegaron al acuerdo de seguir los estudios por correspondencia a domicilio, teóricamente supervisados por la madre.
Tres adolescentes están hospitalizados a régimen hiperproteínico. Los otros cinco hermanos han sido confiados a un centro de acogida de menores. Los padres están presos por privación de alimentos y cuidados, maltrato e incumplimiento de las obligaciones legales hasta el punto de comprometer la salud, la seguridad y la educación de un hijo. Pueden ser condenados a hasta siete años de prisión.
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