Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

Cartagena

SEMANA SANTA CARTAGENA

La llovizna obliga a acortar el recorrido del vía crucis del Cristo Moreno y la Soledad del Consuelo, cuyos tronos fueron protegidos con plásticos

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
Agua del cielo para el Socorro
El Cristo del Socorro, cubierto con un plástico, sale de Santa María en dirección a la calle San Miguel. / J. C. CAMPOY / AGM
Se temieron lo peor, pero lo peor no llegó. La lluvia intermitente que cayó sobre Cartagena durante las primeras horas del Viernes de Dolores no impidió la celebración del vía crucis penitencial del Cristo del Socorro, aunque lo condicionó. Hubo que improvisar cambios de itinerario y el uso de plásticos para proteger las imágenes del Cristo Moreno y la Virgen de la Soledad del Consuelo.
El agua dio su primer aviso a medianoche, cuando los hermanos del Socorro daban los últimos retoques al trono, bajo la carpa de la calle Concepción. Fueron cuatro gotas, un aviso.
Todos miraban al cielo cuando a las tres y media de la madrugada el hermano mayor, Manuel Martínez Guillén, empezó a imponer los escapularios a los nuevos hermanos. Media hora después el vía crucis se puso en marcha. La gente seguía buscando las estrellas para su mayor tranquilidad, pero pocas se veían a esas horas de la mañana sobre la ciudad..
Proteger imágenes
Cuando los tronos llegaban a la iglesia parroquial de Santa María de Gracia para hacer estación de penitencia ante la primitiva patrona de la ciudad, la Virgen del Rosel, el chispeo se transformó en chaparrón. Los directivos de la cofradía se vieron obligados a buscar plásticos de protección para las imágenes (con la colaboración de hermanos marrajos) y a modificar el itinerario. Del templo de la calle del Aire salieron camino de la iglesia de la Caridad acortando por la calle San Miguel, en lugar de ir por Jara, como estaba previsto.
También colocaron un plástico al estandarte de la cofradía, en la cabeza del cortejo penitencial, que ya no retiraron hasta llegar a la ladera del cerro de la Concepción.
A las seis de la mañana, los tronos del Cristo del Socorro y de la Soledad del Consuelo ya estaban ante la Patrona, guarecidos de la lluvia intermitente que seguía humedeciendo peligrosamente el adoquinado del casco antiguo. En la puerta, abrían los paraguas muchos espectadores que daban el relevo a quienes se habían retirado a casa tras ver la salida.
La mayoría de penitentes optaron por participar de la primera eucaristía del día en el templo de la Patrona de Cartagena. Los menos aguardaron en la calle a que se pusiera en marcha el vía crucis dirigido por, entre otros sacerdotes, el capellán José Manuel Rosique.
Avisos del cielo
Los rezos de las estaciones de penitencia parecían también tener efectos sobre la meteorología. Porque la lluvia dio otro nuevo aviso cuando los tronos salían de la Caridad para afrontar el último tramo de procesión. Pero no pasó de ahí y los numerosos cartageneros que salieron al encuentro del Cristo Moreno y la Soledad del Consuelo volvieron a cerrar sus paraguas.
«Es que no hay que olvidar que al Cristo del Socorro lo sacaban en rogativa cuando hacía falta agua. Será por eso», justificaba la situación un espectador que seguía con fervor el trono del Crucificado de Ardil.
Por el tiempo amenazante, no hubo ocasión para recrearse ni con los tronos ni con los rezos. Faltaba un minuto para las siete y media de la mañana cuando el capellán proclamaba por la megafonía, a modo de despedida, la resurrección de Jesucristo después de haber narrado toda su pasión y muerte.
Sin demora, la gente entonó la salve de despedida a la Virgen y todos los alumbrantes y el trono del Cristo del Socorro enfilaron la cuesta de la calle Concepción de recogida. La Soledad del Consuelo volvió a hombros de sus portapasos a Santa María de Gracia. a donde llegó entre vivas. «Menos mal que al final todo ha salido bien», celebraban dos penitentes en la Puerta de Murcia ante un cartucho de churros.
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios

Busco trabajo

Primer empleo

Buscar
Vocento
SarenetRSS