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27.03.09 -

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La asamblea general de la Hermandad de la Santa Cruz de Abanilla, de la que soy hermana, celebrada el 19 de los corrientes ha sido una síntesis de despropósitos, omitiendo que está sujeta al Derecho Canónico y también al Civil. Uno de ellos es el de interpretar que el moderador de la asamblea, el presidente, pueda conceder o no, según su criterio, el dar la palabra. Otro es el de someter a deliberación asuntos que no figuran previamente reflejados en el orden del día de las convocatorias.
Las casi mil personas presentes pudimos comprobar cómo en el séptimo punto no se le permitió a un hermano que pidió la palabra hacer uso de ella, remitiéndole a que lo hiciera en ruegos y preguntas, donde resultó fuera de lugar. A otra persona que se puso en pie para pedir la palabra la ignoraron, aunque se dirigió andando hasta las primeras filas, donde permaneció de pie casi tres minutos. En ruegos y preguntas dije que la parte alta del retablo de la ermita de Mahoya está sucio, según mis apreciaciones. Otro, sin pedir la palabra, signo de dudosa educación democrática, gritó: ¡Eso es mentira! El presidente me respondió: pues si usted cree que está sucio vaya y lo limpie. Le dije que no me dedico a la limpieza ajena y no debo quitarle el trabajo a las empresas de este ramo.
Un abultado gasto que, según los estatutos, debió ser aprobado en asamblea extraordinaria, se aprobó en ordinaria. El buque insignia de esta directiva es la erección de la cruz monumental, y con ella lo tapan todo. En sus obras periféricas, a cargo del erario municipal, ha participado una empresa afecta al presidente. Ciertas conductas no están muy de acorde con las normas del Obispado al respecto. La transparencia se está volviendo opaca.
Ha habido más de 350 altas de hermanos, pero tengo mis dudas de que el presidente haya consultado con el cura párroco, asesor religioso, para que le dé la conformidad eclesiástica, tras comprobar que pertenecen a la iglesia católica. Mezclar las churras con las merinas trae problemas.
No son de fiar los que embadurnan con almagra a quienes difieren de sus conveniencias. Estoy hecha un mar de dudas ¿serán los mayordomos de la Hermandad merecedores de la gloria divina y yo del fuego eterno, o viceversa?
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