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LA TRIBUNA DE LAVERDAD

03.03.09 -

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Pero, ¿esto tiene arreglo?, me preguntaba un amigo empresario, después de leer lo positivo de la crisis. Está bien lo que dices pero, tu crees que 'esto' tiene arreglo, insistía en preguntarme. La respuesta es compleja, pero con humildad intento constestarte.
Decir esto es referirse a la crisis económica. Esta la conocemos por sus síntomas, que nos afectan directamente a nuestra vida. Su consecuencia más directa y dolorosa es el paro. Es como la fiebre alta en el enfermo, es urgente e importante eliminarla o reducirla, en caso contrario el desenlace puede ser fatal. Asusta, alarma mucho, pero es la consecuencia, no la enfermedad. A su vez el paro, como síntoma es consecuencia de otras causas, que también se manifiestan y nos llegan a la sociedad como efectos y consecuencias de la crisis. Para bajar la fiebre ataquemos estas causas.
En un esfuerzo de concretar y simplificar estas causas inmediatas del paro y a la vez consecuencias de la crisis, podemos resumirlas en dos: liquidez y confianza. La falta de liquidez en las empresas, sobre todo en las pymes, y otra de mayor calado que es la gran desconfianza y desconcierto en los ciudadanos. Estos dos hechos motivan un descenso fuerte en el consumo, bajada en la facturación de las empresas, menor actividad y como consecuencia última un menor empleo y más paro.
Si nos referimos a la liquidez de las empresas, para muchas de ellas la crisis es la falta de oxígeno para respirar, que se les manifiesta en las dificultades de encontrar la financiación de su actividad, que hasta la fecha obtenían con cierta normalidad, de las mismas entidades que ahora le ponen pegas. No tener dinero para pagar es como no tener aire para respirar, es lo inmediato y primero a solucionar, Es urgente asegurar la respiración, normalizar la temperatura o se nos puede ir la empresa. El arreglo de esta causa, pasa ineludiblemente por facilitar financiación del circulante a las pymes, por supuesto con las garantías necesarias, pero también con actitud decidida de compromiso por parte de las entidades financieras. Estas son actores directos, de vanguardia y de primera línea para arreglar esto. En este punto las Administraciones Públicas, también deben dar el ejemplo necesario, cumpliendo sus compromisos de pago en los plazos pactados con sus proveedores, que suelen ser pequeñas empresas y autónomos.
El otro hecho al que nos referimos, es la desconfianza que se ha inoculado en las actitudes del comportamiento de los ciudadanos como consumidores y de las empresas como inversores. La ley del péndulo se ha vuelto a aplicar, hemos pasado de un derroche y gasto desaforado a una reducción alta en nuestro consumo y a una paralización de nuestras inversiones. La desconfianza produce miedo, éste paraliza, las empresas aplazan sus inversiones, los ciudadanos reducen sus gastos, el desconcierto desanima el consumo normal.
También, esto la falta de confianza tiene arreglo, pasa porque los dirigentes políticos y económicos, como lideres de una sociedad, den la confianza necesaria.
No se puede engañar, sería pernicioso, ni con optimismos infundados ni con pesimismos apocalípticos. Pero, es imprescindible dar confianza y seguridad de que juntos podemos. Esta exigencia va directa a nuestros responsables políticos. Se necesita un acuerdo de Estado en el que se impliquen todas las fuerzas políticas o al menos las mayoritarias. La situación económica tiene tan graves consecuencias que sus soluciones deben ser consensuadas y sacarlas del debate diario político. Como ciudadanos necesitamos una sola voz cargada de autoridad y de liderazgo, que nos de la seguridad de nuestras fortalezas aun dentro de la gravedad de la crisis.
Como hemos visto, la crisis se manifiesta en múltiples efectos y consecuencias, pero es un craso error confundirlos con sus causas originarias. El arreglo de esto, a medio plazo, y de forma más definitiva pasa por un cambio de valores personales y colectivos, que impulsen un nuevo desarrollo económico basado en el trabajo, el esfuerzo, la formación, la innovación, la sostenibilidad, el respeto y uso adecuado de los recursos naturales, la responsabilidad social y la solidaridad, un desarrollo basado en un modelo económico sostenible y que mira el futuro, no el beneficio fácil e inmediato. Como nos dice R. Tagore, no seamos tan necios de fijarnos en el dedo y no mirar la luna que nos señala éste. Lo importante no es el dedo en el que se emboba el necio, es la luna que descubre el hombre sabio, no confundamos la raíz, las causas profundas de esta crisis, con sus consecuencias. Sin perder la visión profunda de la crisis en el medio plazo, que nos exige cambiar de actitudes y valores, en lo inmediato podemos y debemos actuar porque la situación es grave y difícil, pero esto sí tiene arreglo.
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